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Siete piezas

Para Piano


Estas Siete Piezas, concebidas con un objetivo puramente pedagógico, pretenden reunir, en su conjunto, grados diferentes de dificultad técnica y, al mismo tiempo, formar una obra compacta que permita tanto la interpretación aislada de cada uno de los números como su ejecución global. Su planteamiento estético, en beneficio de su original destino didáctico, es de una gran sencillez, estando compuestas la mayoría de las piezas dentro de supuestos eminentemente tonales.
La primera pieza, Glosa a dos voces sobre un cantus firmus, se trata de un trabajo eminentemente contrapuntístico, en que la mano derecha desarrolla un contrapunto a dos voces, dentro de un estilo claramente imitativo, mientras la mano izquierda desarrolla únicamente el cantus firmus al que alude el título de la pieza, que no es otro que el Tema del gato de Pedro y el lobo, de Sergei Prokofiev. Dicho tema, expuesto en la obra original por el clarinete, es aquí transformado hasta la irreconocibilidad al dar a cada una de sus notas un valor desmesuradamente largo, como era costumbre en el tratamiento del cantus firmus en la antigua polifonía.
La segunda pieza es un breve Scherzo, de carácter marcadamente rítmico. Le sigue una Canción de cuna, eminentemente cantable; en ella, la melodía se sitúa en el centro de la tesitura del piano, debiendo ser desarrollada alternativamente por ambas manos, destacada de un acompañamiento que pasa del registro grave al agudo, y con el que nunca debe mezclarse.
La cuarta pieza se titula A través del espejo, aludiendo a que la escritura de ambas manos es absolutamente simétrica a lo largo de todo el movimiento, estando situado el espejo imaginario en el que una mano refleja a la otra sobre el re central del teclado. La quinta pieza, titulada Los pasos perdidos y subtitulada Habanera para Alejo Carpentier, en justo recuerdo a su espléndida novela, recrea una habanera estilizada de tal modo que está más sugerida que otra cosa: la melodía da comienzo varias veces, pero parece no querer completarse nunca.
La sexta pieza es un nuevo Scherzo, de carácter no tan rítmico como el anterior, basándose en un giro temático continuamente interrumpido por notas y acordes tocados en las tesituras extremas del instrumento. Por último, la séptima pieza, titulada Modos, lleva asimismo un subtítulo: Homenaje a Maurice Ravel. Se divide en varias secciones relacionadas entre sí, cada una de las cuales está compuesta en un modo distinto, siguiendo una progresión por quintas ascendentes: así, la primera sección está escrita en modo locrio, la segunda en frigio, la tercera en eolio, la cuarta en dorio, la quinta en mixolidio, la sexta en jónico y la séptima y última (con la misma idea temática que la primera) en lidio. Aparte del ambiente neomodal, deliberadamente impresionista, en las secciones escritas en los modos eolio y mixolidio tiene lugar una brevísima "cita" raveliana: un diseño de cuatro notas que evoca el clima sereno y reposado de la Pavana para una infanta difunta.
Estas Siete Piezas para piano fueron escritas en el mes de marzo de 1987, y están dedicadas a mi hijo Luis. Editadas en 1989 por la editorial madrileña Música Mundana, fueron estrenadas por la pianista rusa Eugenia Gabrieluk en el auditorio del Real Conservatorio Superior de Música, en diciembre de 1991.

José Luis Turina