JONDE, 35 años. Entrevista con José Luis Turina

por Mario Muñoz Carrasco

Entrevista previa al reportaje publicado en el nº 349 la revista de Scherzo (Madrid, marzo de 2019)


Pregunta.- ¿Qué cree que ha supuesto la JONDE para los músicos, por un lado, y para el mundo de las orquestas profesionales por el otro? ¿Cuál es la filosofía de la JONDE? ¿Cómo encontró la situación y el nivel de los músicos jóvenes a su llegada?
Respuesta.- A diferencia de lo que habría sido lógico dado su carácter esencialmente formativo, la JONDE se creó en 1983 por iniciativa del Ministerio de Cultura, y no del de Educación. Hay que retrotraerse a esos años para entender en su justa medida el sentido que tuvo su creación y lo que supuso en la situación de la educación musical en ese momento. En esos años la enseñanza profesional de la música era totalmente caótica (masificación de los centros, todos los grados mezclados en un mismo conservatorio, inexistencia de un modelo alternativo de enseñanza musical no reglada...), y la consecuencia directa era la imposibilidad de que hubiera profesionales cualificados en número suficiente para nutrir una vida musical que cada vez era más intensa (recordemos que la década de los 80 es la de la creación generalizada de orquestas sinfónicas y auditorios en todo el Estado). Como el Ministerio de Educación no acababa de dar el paso, tuvo que ser el de Cultura el que le diera un buen tirón de orejas y se adelantara con algunas iniciativas, entre las que brilla con luz propia la creación de la JONDE. Para los jóvenes músicos constituyó un punto de referencia hacia el que canalizar su formación a medio y largo plazo; en cuanto a las orquestas profesionales, y dado que su plazo era más corto, la falta de instrumentistas de nivel les llevó a buscarlos fuera de nuestras fronteras. 35 años después, y en una situación afortunadamente muy distinta, podemos encontrar músicos que fueron miembros de la JONDE en todas las orquestas, y la abundancia de orquestas jóvenes autonómicas y locales proporciona ya desde una etapa más temprana de la formación una gran experiencia en la práctica del repertorio orquestal.
Para llegar a este punto ha habido que recorrer un largo camino, que se consolidó en la década de los 90 con una profunda reforma de la enseñanza musical que acabó sacando a nuestro país del furgón de cola que ocupó durante decenios para situarlo en la cabeza de la Unión Europea, cuantitativa y cualitativamente hablando, como demuestran los excelentes resultados que desde hace años obtienen nuestros jóvenes músicos en las audiciones anuales a las dos principales jóvenes orquestas europeas, la European Union Youth Orchestra (EUYO) y la Joven Orquesta Gustav Mahler. Hace unos días conocíamos los resultados de los candidatos españoles para 2019 de la primera de ellas: ¡32 admitidos y 50 reservas! Eso significa que más de la cuarta parte de la orquesta que se forme estará integrada por españoles, algo impensable hace no muchos años.
De esa reforma cabría destacar muchas cosas (la separación de grados, la creación de las Escuelas de música y con ello la clarificación de la enseñanza profesional, la estructuración de los planes de estudios, etc.), pero si tuviera que destacar algo sería la obligatoriedad, ya desde el grado medio, de la enseñanza de orquesta para todas las especialidades sinfónicas. Eso no sólo ha supuesto un gran enriquecimiento formativo en lo que se refiere a la práctica orquestal, sino que ha contribuido a la racionalización de las plantillas y a la oferta de especialidades, con el fin de que los centros pudieran garantizar el desarrollo de esa enseñanza. En una palabra: se acabaron los conservatorios de piano y trompeta –y similares–, tan frecuentes en las décadas anteriores. La creación de la JONDE, en cierto modo, fue el pistoletazo de salida para todo ello.

P.- ¿Por qué cree que llegó tan tarde a España el modelo de la joven orquesta?
R.- Seguramente podría haber llegado mucho antes, pero no fue así porque no se dieron las circunstancias favorables que lo hicieron factible. En concreto, y en el caso de la JONDE: el impulso de un director –Edmon Colomer– que defendió con convicción un proyecto en el que creía firmemente, y el apoyo incondicional de un político –José Manuel Garrido Guzmán, director general de Música y Teatro (lo que al poco pasó a ser el INAEM)– que convenció al resto de las fuerzas administrativas –el Ministerio de Cultura y, no menos importante, el de Hacienda– para darle naturaleza jurídica y dotarlo presupuestariamente para que pudiera ser una realidad. Luego, a la sombra de la JONDE, fueron surgiendo todas las demás.

P.- ¿Qué beneficios tiene la idea de encargar la dirección musical a diversos maestros de renombre frente al más clásico modelo del director titular fijo?
R.- La JONDE no es una orquesta profesional, de temporada estable, sino un proyecto formativo. En el primer caso la figura del director titular es indispensable para dar coherencia a una programación y personalidad propia a una orquesta; pero en el de una orquesta joven es más importante proporcionar una experiencia lo más amplia posible a sus integrantes, que por los continuos cambios derivados de los pocos años que pasan en ella (dos/tres, como promedio) hace que no tenga sentido pensar en un trabajo de sección consolidado con perspectiva de futuro. Si en el tiempo que pasan en la JONDE los músicos han tenido la oportunidad de trabajar con seis, siete u ocho directores importantes, habrán conocido seis, siete u ocho maneras muy distintas –y todas ellas válidas– de entender la relación director/orquesta, que en general suele ser bastante compleja. Contar con un director único durante ese periodo no aportaría mucho más que la experiencia que ya traen de la práctica orquestal adquirida en sus conservatorios de procedencia.

P.- Explíquenos la estructura de los encuentros de la JONDE. ¿Es un paso intermedio entre el mundo formativo y el ritmo real de las orquestas profesionales?
R.- Una orquesta joven puede llegar a sonar tan bien o mejor que una profesional, pero en ésta los músicos han desarrollado con los años unos reflejos y una rapidez para montar un repertorio en muy pocos días que los jóvenes lógicamente no tienen. Para conseguir los mismos resultados hace falta más tiempo de trabajo, y ése se desarrolla en encuentros periódicos en los que toda la actividad se concentra al máximo. Los encuentros de la JONDE siguen la estructura de los de cualquier joven orquesta: 1) los tres o cuatro primeros días, un equipo de profesores de las diferentes especialidades, procedentes tanto de orquestas españolas como de las más importantes de Europa, preparan el repertorio por separado, cada uno con su sección, con una primera lectura de conjunto de las obras programadas que corre a cargo del director asistente; 2) finalizada esa fase, el director invitado se encarga de ensamblar y pulir durante otros tres o cuatro días el trabajo realizado por los profesores en los ensayos parciales y seccionales previos; y 3) una gira final de conciertos (entre tres y cinco, por término medio) pone fin al encuentro. Las giras son sobre todo nacionales, pero al menos una vez al año tiene lugar una gira internacional, en la que la JONDE participa de forma habitual en los más importantes festivales españoles y europeos.

P.- ¿Tienen datos sobre la colocación de los músicos que han pasado por la JONDE en otras orquestas?
R.- Es prácticamente imposible hacer un seguimiento de la trayectoria profesional que siguen los músicos que han terminado su estancia en la orquesta. Aunque se mantiene la comunicación con ellos –con los que aún no han cumplido los 30 años se sigue colaborando, en forma de intercambios en proyectos con otras orquestas jóvenes nacionales europeas, así como con los Sistemas de orquestas infantiles y juveniles iberoamericanos, a los que los jóvenes músicos prestan fundamentalmente un apoyo docente–, lo normal es que una vez finalizada esta etapa entren en una vida profesional (que, dada la precariedad laboral, es necesariamente muy mutante) que les absorbe la mayor parte de su tiempo y de la que no se sienten obligados a darnos cuenta, como no lo estamos nosotros a pedírsela. Siempre nos llegan noticias de exJondes que han obtenido unos brillantes resultados en las audiciones para las orquestas más importantes de la Unión Europea, pero normalmente se trata de casos muy concretos: de la mayoría de ellos no volvemos a saber nada, y por tanto no podemos entrar en ese tipo de seguimiento.
Por el contrario, explotamos al máximo el conocimiento que tenemos de ellos mientras forman parte de la JONDE. Todos los años publicamos varias estadísticas (edad, sexo, Comunidad Autónoma de procedencia) entre las que cabe destacar la relativa a los resultados de las pruebas anuales de admisión, en que se dan datos exactos de la participación y de los resultados obtenidos por los candidatos en función del Conservatorio Superior en el que realizan sus estudios. Esas estadísticas son muy elocuentes del estado de salud actual de la enseñanza superior en nuestro país, y deben servir asimismo de reflexión a las Administraciones educativas en las que dicha enseñanza no da los resultados que cabría esperar de la altísima inversión que se hace en ella.

P.- ¿Qué opina del porcentaje de músicos jóvenes en las orquestas españolas? ¿Cree que se va equilibrando?
R.- Como decía en la respuesta a la primera pregunta, la importación masiva de profesionales extranjeros fue algo generalizado en las numerosas orquestas sinfónicas que se crearon en las décadas de los 80 y los 90. Eso quiere decir que todos esos profesionales –a los que se debe no sólo que hayan podido hacer factible una vida sinfónica de primera línea, que la mayor parte de nuestras Comunidades Autónomas no habrían podido imaginar unos años antes, sino además el haber formado a muchas generaciones de jóvenes en el ámbito territorial en el que desarrollaban su labor, al margen de la enseñanza oficial– están ya en su edad de jubilación, por lo que en los próximos años se liberarán muchas plazas que sin duda serán cubiertas por los nuevos instrumentistas, ya excelentemente preparados para ocuparlas. España cuenta en estos momentos con la generación de intérpretes mejor formada de toda su historia: hora es ya de que les llegue su momento de demostrarlo.

P.- La energía que desprende la JONDE es muy palpable, ¿cree que la JONDE juega un papel importante en las políticas de apertura a nuevos públicos y su rejuvenecimiento? ¿Ha notado un cambio en el público en estas casi dos décadas al frente de la orquesta?
R.- Como ya he apuntado, la JONDE debe proporcionar una formación de alta calidad a sus integrantes, que pasa por el trabajo en profundidad del repertorio sinfónico tradicional, pero también de las obras maestras del siglo XX y de la creación más contemporánea. Pocas cosas hacen más feliz a un compositor que ser programado por una orquesta como ésta, en que las obras no se despachan en una mera lectura y el ensayo general, como sucede habitualmente, sino que son trabajadas en detalle –por secciones y en conjunto¬– durante muchos días, en presencia del autor siempre que eso es posible. Esa experiencia es también crucial para los músicos, ya que la actitud hacia la creación contemporánea, contra la que suelen estar bastante en guardia cuando llegan, cambia radicalmente cuando la trabajan de esa forma.

P.- Háblenos de la Academia de Música Contemporánea.
R.- Fue una iniciativa que surgió en los primeros años de mi gestión, que coincidió con la de Jorge Fernández Guerra al frente del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea (CDMC). De hecho, la Academia dio sus primeros pasos como una actividad del CDMC para la que la JONDE aportaba instrumentistas; pero con el tiempo se vio que resultaba más lógico que fuera la orquesta la que asumiera toda la gestión, colaborando con el CDMC con mucha frecuencia, sobre todo en el Festival de Música Contemporánea de Alicante, en el que se llegaron a hacer cosas sumamente interesantes.
Más adelante vimos que la presencia de la música contemporánea en la programación habitual –sinfónica y de cámara–, de la JONDE era lo suficientemente frecuente como para que su práctica, ya normalizada, no necesitara de una atención específica, y quedó integrada en la actividad normal de la orquesta. Un reciente estudio estadístico que hemos hecho sobre la programación de los últimos 10 años arroja datos muy elocuentes en este sentido: en 2018, por ejemplo, de las 55 obras programadas –sinfónicas y de cámara, a la que se presta una atención muy especial– sólo 13 eran de compositores anteriores al siglo XX. De las 42 restantes, 15 eran de autores fallecidos en la primera mitad del siglo y 4 en la segunda mitad. Y las 23 restantes eran de compositores vivos o recientemente fallecidos. Y no menos importante: de las 55 obras interpretadas, 22 eran de autores españoles.

P.- ¿Cuál cree que es el futuro la JONDE? ¿Dónde la ve dentro de 35 años?
R.- Me resulta imposible contestar a una pregunta que apunta tan lejos en el tiempo, cuando ya para los próximos años la previsión es muy difícil de hacer. No podemos olvidar que la JONDE existe y es lo que es porque nació y se ha desarrollado en el seno de una Administración pública que le ha aportado todo lo necesario para su existencia. Todos los directores generales que he conocido en este tiempo –y han sido bastantes, en estos dieciocho años– la han apoyado sin reservas, y pese a lo difícil de la situación económica de la última década la JONDE ha podido realizar su labor, si bien reduciendo la actividad de forma proporcional al presupuesto disponible cada año.
En lugar de hacer futuribles es mejor ser realistas: en ese sentido confiemos en que, por mal dadas que vengan las circunstancias políticas y económicas, se mantenga esa atención a un proyecto que ha satisfecho con creces las expectativas que se pusieron en él cuando se creó.


Enlace a JONDE, 35 años de una utopía necesaria
Por Mario Muñoz Carrasco
Reportaje publicado en el nº 349 la revista de Scherzo (Madrid, marzo de 2019)