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Pentimento

Para Orquesta


Pentimento es un término italiano empleado en el mundo de la pintura –soy hijo y hermano de pintores, por lo que este es mi ámbito artístico más próximo-, y viene a significar en el argot pictórico español arrepentimiento o trepados; esto es, partes pintadas sobre un lienzo de las que "se arrepintió" el artista y fueron posteriormente corregidas, tapadas por el pintor, pero que con el paso del tiempo "trepan" o afloran y se hacen visibles. Así, esta obra musical viene a ser una transposición del fenómeno pictórico al pentagrama. Lo que aquí "estaba debajo" es un fragmento de un cuarteto de cuerda que en la segunda sección de la obra "trepa" más o menos tímidamente, llegando a adquirir en algunos momentos énfasis y claridad.
Pentimento es una pieza para gran orquesta que obedece a una forma tripartita. La introducción parte de la nada, por medio de un sonido imperceptible en la cuerda, a la que se van incorporando el resto de las familias instrumentales en figuraciones que forman como una gran guirnalda ornamental y que acompañan el desarrollo de todo el cuerpo de instrumentos de arco, constituido básicamente por ocho células rítmicas que van haciendo su aparición junto con un desarrollo armónico progresivo (de uno a doce sonidos). Intensidades y dinámica expresiva juegan en este proceso un papel decisivo. Sin solución de continuidad, y tras el climax de la primera sección, se van difuminando instrumentos, figuras e intensidades para, de forma natural, conducirnos a la aparición del cuarteto, cuya presencia, más o menos velada y dialogante con el resto de la orquesta, es la base de la sección central de la obra. El cuarteto se va imponiendo poco a poco a la orquesta en un tipo de escritura que, si comienza conjugando lo atonal con lo tonal, desemboca abiertamente en lo último, en una gran variación coral del célebre pasaje armónico con que culmina la escena de la Consagración del Grial en el Parsifal wagneriano. Bien puede decirse que esta obra es un tributo de admiración a Richard Wagner, coincidiendo además su realización con el centenario de la muerte de este gran músico, ya que fue compuesta en Cuenca entre los meses de enero y marzo de 1983 (recordemos que Wagner moría el 13 de febrero de 1883). El punto culminante de esta variación coral llega cuando la en un principio tímida aparición de dicho pasaje armónico en el cuarteto adquiere plena presencia en la madera y el metal. La tercera y última parte, en la que el "arrepentimiento" ya no se percibe ni está presente, es una recapitulación abreviada de la primera sección, trabajada por retrogradación; es decir: partiendo del climax con el que finalizaba la primera parte, se van diluyendo las intensidades lentamente, y las ocho células rítmicas de la cuerda van fundiéndose y desapareciendo para terminar en un sonido tenue –quasi niente-, como el que daba origen a la obra.
La partitura, compuesta por encargo de la Orquesta Nacional de España, está dedicada a Tomás Marco, artífice del encargo, y fue estrenada en el Teatro Real de Madrid en febrero de 1983, bajo la dirección de Jesús López Cobos.

José Luis Turina

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