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Ofelia muerta

Para Grupo de cuerdas


Ofelia muerta fue escrita en Roma, en el mes de noviembre de 1979. Su existencia se debe a un encargo de una peculiar orquesta de cámara, desaparecida al poco de formarse, formada por estudiantes del Conservatorio de Madrid. La entonces caótica organización del centro, en el que en esa época coexistían alumnos de los grados elemental, medio y superior, provocó que en dicha orquesta se dieran cita integrantes que, aun siendo de una edad similar (en torno a los 22 años), se hallaban cursando niveles de enseñanza muy diferentes. Así, mientras los seis violines y las dos violas acababan de iniciar el grado medio, los cuatro violoncellistas estaban ya terminando su carrera.
Tal premisa era importantísima a la hora de componer la obra, y eso explica las grandes diferencias existentes en la partitura entre los diversos grupos: de una escritura muy elemental, clara y sencilla, de violines y violas, a otra más elaborada, a veces difícil, de los violoncellos. Establecidos ambos campos de acción, la partitura se construye en forma de diálogo entre ambos grupos, manteniendo forzosamente cada uno de ellos su identidad bien definida.
El clima dramático predominante, no exento de cierta serenidad, de Ofelia muerta viene sugerido por el célebre cuadro del prerrafaelista John Everett Millais, basado a su vez en el personaje del Hamlet de William Shakespeare. De modo que una cadena va enlazando tres artes muy diferentes (teatro, pintura y música) a partir de una figura central, en una sugestiva sinestesia que personalmente ha despertado siempre mi interés.
Como era lógico suponer, el grupo destinatario original no tardó en disolverse sin llegar a estrenar la partitura (no me es fácil deducir que, en cierto modo, esta obra fue el factor desencadenante de su desintegración), que finalmente fue estrenada en marzo de 1983 por una orquesta de cuerdas dirigida por Luis Aguirre. Desde entonces Ofelia muerta yace, serena como en el lienzo de Millais, incluso en el fondo del pensamiento de su autor, que varias veces se ha planteado acometer una profunda revisión de la partitura, habiendo acabado siempre por desecharla.

José Luis Turina, 2010