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Musica ex lingua

Para Coro y Orquesta de cámara / sinfónica


Comentario
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Comentario


Musica ex Lingua fue compuesta por encargo de la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid, con destino a ser estrenada por su Orquesta y Coro de Cámara con ocasión de la celebración del 2 de mayo, día de dicha Comunidad, del año 1990. Su título no pretende otra cosa que situar en un mismo plano, desde el mismo comienzo, los dos elementos principales de la obra: la música y el lenguaje, o, mejor dicho, el lenguaje y la música, ya que la propia expresión latina subordina ésta a aquél, al crear entre ambas una relación antecedente/consecuente. Y fue mi propósito, desde el comienzo de la composición, escribir una obra en la que música y lenguaje, en forma de textos o poemas, se trabaran entre sí de tal forma que, en la audición, no resultara uno dañado o, simplemente, anulado o ensombrecido por el otro.
Desde hace ya algunos años estoy muy interesado por una serie de cuestiones relacionadas con el lenguaje, de las que llaman poderosamente mi atención todos aquellos aspectos del habla que pueden ser medidos y analizados desde un punto de vista musical. Y durante el pasado año tuve la inmensa fortuna de que cayeran en mis manos un par de libros de Agustín García Calvo (concretamente, Del Lenguaje y Hablando de lo que habla), que leí –devoré-, no ya con interés, sino con auténtica emoción. Luego supe del proyecto de García Calvo referente a la creación de una futura Escuela de Artes del Lenguaje –a la que la Comunidad de Madrid, precisamente, está apoyando, y a la que deseo el mejor de los futuros-, en la que se dieran cita disciplinas como la Lingüística, la Lógica, las Matemáticas... y la Música. El Prefacio de Musica ex Lingua no quiere ser otra cosa que una modesta aportación a todo ello, así como mi tributo de admiración al profesor García Calvo. Se trata de un nada convencional comienzo, en el que cada uno de los miembros del coro recita una serie de párrafos procedentes de Hablando de lo que habla, seleccionados por el alto contenido musical que encierran. Su empleo es aquí más simbólico que práctico, ya que el resultado de superponer treinta y dos lecturas simultáneas de textos distintos no puede producir otra cosa que un "caos", del que habrá de emerger el "orden" que imperará en el resto de la obra.
El Recitativo I tiene como base literario unos "ovillejos" de Lope de Vega, cuyo carácter está acentuado por el empleo de fórmulas rítmicas obstinadas, y que sirven de soporte a un tratamiento de la voz en el que alternan diversos matices, que van desde el recitado al canto, pasando por estadios intermedios. Le sigue un Aria I, sobre cuatro fragmentos de la Fábula de Polifemo y Galatea, de Luis de Góngora, en los que se producen constantes torsiones del lenguaje, que musicalmente han sido reflejadas de la siguiente forma: a) reestructuré el texto de Góngora, deshaciendo los hipérbatos y dándole el orden natural del castellano; b) adjudiqué a cada cuerda del coro una de las cuatro octavas reales seleccionadas; c) puse en música los cuatro textos superpuestos, y luego suprimí éstos, adjudicando la música pura resultante a la cuerda, pasando a ser las secciones instrumentales que separan cada intervención del coro; y d) volví a reordenar la música coral resultante, conforme a la estructuración original de Góngora. El resultado final es, como puede apreciarse, puramente fortuito, produciéndose a veces superposiciones sonoras francamente "chocantes".
Un Alleluia sirve de "Interludio". Se trata de una reinstrumentación de uno de los movimientos de mi obra Exequias, de 1985, que no era otra cosa que un "requiem" dedicado a la memoria del pintor Fernando Zóbel, que me honró con su amistad durante los años que pasé en Cuenca, donde él pasaba largas temporadas, A continuación, un Recitativo II nos sumerge en un mundo en que el "habla" predomina sobre el "canto". Los textos son todos ellos alusivos a la muerte, que es un auténtico "leitmotiv" en la poesía de José Bergamín. Le sigue un Aria II, a modo de "villancico", sobre un poema en gallego de Ramón del Valle-Inclán. Por último, el Final está basado en dos sonetos de Francisco de Quevedo, que pertenecen al conjunto de poesías satíricas que el autor dedicó a Luis de Góngora.
En cuanto a la música, me remito a su audición, como es costumbre en estos casos. No se sorprenda el oyente si se encuentra situado de repente frente a músicas pertenecientes a muy diversos presupuestos estéticos, con saltos a veces bruscos entre unos y otros. Son, sencillamente, cosas que pueden pasar a fines del siglo XX, producto de la coexistencia y de la acumulación (John cage dixit) propias de nuestra época, así como de los diversos quehaceres artísticos actuales, y por las que –entre otras- creo que merece la pena escribir música en nuestros días.
Musica ex Lingua se estrenó el 2 de mayo de 1990 en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música de Madrid, interpretada por el Coro y la Orquesta de Cámara de la Comunidad de Madrid dirigidos por Miguel Groba. En 2013 fue reinstrumentada para orquesta sinfónica.
La partitura está dedicada a mis padres, que me enseñaron a hablar.

José Luis Turina
Noviembre de 2013


Textos


I. Prefacio

Los textos –excesivamente largos para ser reproducidos aquí- corresponden a una serie de párrafos sobre las relaciones entre música y lenguaje, procedentes del libro Hablando de lo que habla, de Agustín García Calvo (Ed. Lucina, Madrid, 1989), obra a la que remito al oyente, recomendándole vivamente su lectura.


II. Recitativo I (Lope de Vega)

¿Quién mata con más rigor?
Amor.
¿Quién causa tantos desvelos?
Celos.
¿Quién es el mal de mi bien?
Desdén.
¿Qué más que todos también
una esperanza perdida,
pues que me quitan la vida
amor, celos y desdén?

¿Qué fin tendrá mi osadía?
Porfía.
¿Y qué remedio mi daño?
Engaño.
¿Quién es contrario a mi amor?
Temor.
Luego es forzoso el rigor
y locura el porfiar,
pues mal se pueden juntar
porfía, engaño y temor.

¿Qué es lo que el amor me ha dado?
Cuidado.
¿Y qué es lo que yo le pido?
Olvido.
¿Qué tengo del bien que veo?
Deseo.
Si en tal locura me empleo
que soy mi propio enemigo,
presto acabarán conmigo
cuidado, olvido y deseo.


III. Aria I (de la Fábula de Polifemo y Galatea, de Luis de Góngora)

SOPRANOS:
No a las palomas concedió Cupido
juntar de sus dos picos los rubíes,
cuando al clave el joven atrevido
las dos hojas le chupa carmesíes.
Cuantas produce Pafo, engendra Gnido,
negras violas, blancos alhelíes,
llueven sobre el que Amor quiere que sea
tálamo de Acis y de Galatea.

CONTRALTOS:
Más agradable y menos zahareña,
al mancebo levanta venturoso,
dulce ya concediéndole, y risueña,
paces no al sueño, treguas sí al reposo.
Lo cóncavo hacía de una peña
a un fresco sitïal dosel umbroso,
y verdes celosías unas yedras,
trepando troncos y abrazando piedras.

TENORES.
El sueño de sus miembros sacudido,
gallardo el joven la persona ostenta,
y al marfil luego de sus pies rendido,
el coturno besar dorado intenta.
Menos ofende el rayo prevenido
al marinero, menos la tormenta
prevista le turbó, o prognosticada:
Galatea lo diga salteada.

BAJOS:
El ronco arrullo al joven solicita;
mas, con desvíos Galatea süaves,
a su audacia los términos limita,
y el aplauso al concento de las aves.
Entre las ondas y la fruta, imita
Acis al siempre ayuno en penas graves:
que, en tanta gloria, infierno son no breve
fugitivo cristal, pomos de nieve.


III. Interludio: Alleluia

Alleluia.
Laetatus sum in his quae dicta sunt mihi:
In domus Domini ibimus.

(Aleluya.
Me alegré cuando me dijeron:
Iremos a la casa del Señor.)



IV. Recitativo II (de La claridad desierta, de José Bergamín)

Todo está muerto en mí, muerto al sentido,
muerto al deseo, muerto a la esperanza.
No me queda de mí más que esa muerte
tan perezosa y larga.

Sé que al abrir los ojos en la muerte
mis ojos no verán, estarán ciegos.
Abiertos, muy abiertos, será inútil
querer cerrarlos para volver al sueño.

Devorará la tierra con mi sangre
la última luz que palpitaba en ellos.
Sus órbitas vacías para siempre
abrirán a la nada su hondo hueco.

Una sombra en la sombra, una cadencia,
que en el aire dilata
el eco de mi voz, y va apagándose,
poco a poco, en palabras.


V. Aria II (de Aromas de leyendas, de Ramón Mª del Valle-Inclán. Traducción de Andrés Ruiz Tarazona)

Sobre o sol e a lúa
voa un paxariño
que leva unha rosa
pra Xesús meniño.
Paxariño louro,
gaiteiriño lindo,
cántame no peito
que o tengo ferido.
Cántame no peito,
gaiteiriño lindo,
que con Xesús falas
no teu asobío.
Pola mañán cedo,
lindo ruiseñol,
hai na tua cantiga
orballo de frol.
Orballino fresco
nas pallas do día,
orballiño, gracia
da Virxe María.

(Sobre el sol y la luna
vuela un pajarito
que lleva una rosa
para Jesús chiquito.
Pajarito rubio,
gaiterillo lindo,
cántame en el pecho
que lo tengo herido.
Cántame en el pecho,
gaiterillo lindo,
que con Jesús hablas
en tu pío-pío.
Por la mañana temprano,
lindo ruiseñor,
hay en tu canto
rocío de flor.
Rocío fresco
en las hierbas del día,
rocío, es la gracia
de la Virgen María.)



VII. Final (Francisco de Quevedo)

a) Receta para hacer soledades en un día

Quien quisiera ser culto en sólo un día,
la jeri(aprenderá)gonza siguiente:
fulgores, arrogar, joven, presiente,
candor, construye, métrica armonía;
poco mucho, si no, purpuracía,
neutralidad, conculca, erige, mente,
pulsa, ostenta, librar, adolescente,
señas traslada, pira, frustra, arpía;
cede, impide, cisuras, petulante,
palestra, liba, meta, argento, alterna,
si bien disuelve émulo canoro.

Use mucho de líquido y de errante,
su poco de nocturno y de caverna,
anden listos livor, adunco y poro.
Que ya toda Castilla,
con sola esta cartilla,
se abrasa de poetas babilones,
escribiendo sonetos confusiones;
y en la Mancha, pastores y gañanes,
atestadas de ajos las barrigas,
hacen ya cultedades como migas.

b) Soneto "al mesmo D. Luis".

¿Socio otra vez? ¡Oh, tú, que desbudelas
del toraz vaternoso inanidades,
y en parangón de tus sideridades,
equilibras tus pullas paralelas!
Por Artropos te abjuro que te duelas
de tus vertiginosas navidades,
que se gratulan neotericidades
(y) craticulan santas bisabuelas.
Merlincocaizando nos fatiscas
vorágines, triclinios, promptuarios,
trámites, vacilantes icareas.
De lo ambágico y póntico troquiscas
fuliginosos vórtices y varios,
y, atento a que unificas, labrusqueas.