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Portada de una edición de obras de Francisco Quevedo
(Amberes, 1699)


Túmulo de la mariposa

a) Para Clarinete/Clarinete bajo, Violoncello y Piano
b) Para Clarinete/Clarinete bajo, Viola y Piano




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Esta obra es consecuencia de la fiebre que aquejó a nuestro país durante el otoño-invierno de 1991, en el delirio colectivo que supuso la preparación de los fastos de la Exposición Universal celebrada en Sevilla durante 1992. La Comunidad de Madrid acometió, para su pabellón, una doble empresa relacionada con la música contemporánea, cuya coordinación encomendó a José Ramón Encinar: por un lado, la publicación de un estudio titulado Música en Madrid, felizmente llevado a cabo, que se cerraba con un amplio capítulo, elaborado por José Luis García del Busto, y dedicado a los compositores que desarrollan su labor en Madrid, y un disco conmemorativo, incluyendo obras compuestas para la ocasión por media docena de compositores igualmente relacionados con Madrid, entre los cuales tenía el honor de contarme. Las obras se compusieron, pero lamentablemente la sustitución del político responsable de turno cuando la empresa estaba aún in progress dio al traste con el segundo proyecto: al parecer, el disco en cuestión iba a dar pocos votos, y se prefirió invertir el presupuesto -lo que restaba, tras pagar (eso sí) religiosamente los encargos- en empresas que reportasen más beneficios políticos. Las obras se quedaron compuestas y sin novio, viéndose obligada cada una de ellas a seguir su curso independiente, distinto de aquél para el que habían sido concebidas. Dado lo inhabitual de la plantilla empleada (clarinete, violoncello y piano), y en la descorazonada seguridad de que nacía muerta por ello –lo que afortunadamente no se ha cumplido–, decidí emplear gran parte del material utilizado como base para una obra posterior: en concreto, el último de mis Tres Sonetos, compuestos por encargo de la Colgate University de Hamilton, New York, igualmente basado en la poesía de Quevedo (el soneto Represéntase la brevedad de lo que se vive, y cuán nada parece lo que se vivió), y estrenados en la Colgate Memorial Chapel en septiembre de 1992, unos meses antes del estreno de esta obra.
La idea de este Túmulo de la mariposa surge de la lectura del poema del mismo título de Francisco de Quevedo, primero de sus Poemas líricos:

Yace pintado amante,
de amores de la luz, muerta de amores,
mariposa elegante,
que vistió rosas y voló con flores,
y codicioso el fuego de sus galas
ardió dos primaveras en sus alas.

El aliño del prado
y la curiosidad de primavera
aquí se han acabado,
y el galán breve de la cuarta esfera,
que, con dudoso y divertido vuelo,
las lumbres quiso amartelar del cielo.

Clementes hospedaron
a duras salamandras llamas vivas;
su vida perdonaron,
y fueron rigurosas, como esquivas,
con el galán idólatra que quiso
morir como Faetón, siendo Narciso.

No renacer hermosa,
parto de la ceniza y de la muerte,
como fénix gloriosa,
que su linaje entre las llamas vierte,
quien no sabe de amor y de terneza
lo llamará desdicha, y es fineza.

Su tumba fue su amada;
hermosa, sí, pero temprana y breve;
ciega y enamorada,
mucho al amor y poco al tiempo debe;
y pues en sus amores se deshace,
escríbase: Aquí goza, donde yace.

La sugestiva imagen, tan llena de contrastes, ya sintetizados en el propio título del poema, del insecto -todo colorido- que halla su muerte al ser atrapado por la llama de una vela, sirve, en este caso, de base para una obra estrictamente musical en que, pese a ello, están descritos simbólicamente los principales elementos del poema: la alternanacia entre lo lóbrego y sombrío, por un lado, y lo ligero y casi intrascendente, configuran una pieza compuesta de un único movimiento, en la que corre a cargo de las diferentes secciones el asumir los rasgos más significativos del carácter de dichos elementos.
Por consiguiente, en el Túmulo de la mariposa abundan los cambios vertiginosos de secciones de corte dramático a otras de marcado carácter scherzante, todo ello unido a una escritura instrumental enormemente virtuosística, en la que se alterna asimismo el tratamiento convencional con numerosos pasajes en los que se explotan recursos tímbricos actuales (como la percusión directa de las cuerdas del piano con manos y con baqueta, o el tamborileo con los dedos y nudillos sobre la caja del violoncello), lo que configura una pieza de una enorme dificultad, tanto en lo que se refiere a cada parte individual, como a la labor de conjuntación, dificultada -o facilitada, según se mire- por la ausencia de indicadores de compás y de líneas divisorias en todos aquellos pasajes de carácter vivaz, cuya velocidad última ha de estar basada en las posibilidades de cada uno de los ejecutantes.
El Túmulo de la mariposa fue compuesto en Madrid, en diciembre de 1991. La partitura está dedicada a José Ramón Encinar, y fue estrenada por José Luis Estellés (clarinete), Amparo Lacruz (violoncello) y Andreu Riera (piano, miembros del Grupo Manon, en el Instituto Cervantes de París, el 29 de marzo de 1993.

El Grupo Manon, hacia 1993

En 2018 realicé una versión para clarinete, viola y piano. Y en 2013 el Túmulo de la mariposa fue incluido en el CD José Luis Turina. Música de Cámara (CD VRS 2131), publicado en la colección Compositores españoles y latinoamericanos de música actual de la Fundación BBVA, en interpretación de Carmen Domínguez (clarinete), David Apellániz (violoncello) y Alberto Rosado (piano), miembros del Plural Ensemble.

Portada del CD del Plural Ensemble (2013)




Grabación


Grabación: Plural Ensemble (Dir.: Fabián Panisello)


Enlace YouTube

Primera página del Túmulo de la mariposa


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(Partituras y particellas sin marcas de agua disponibles en www.asesores-musicales.com )

Partitura del Túmulo de la mariposa (versión original para clarinete, violoncello y piano)

Partitura del Túmulo de la mariposa (versión para clarinete, viola y piano)