Prólogo a “Entonación para el siglo XXI (Cuadernos de entonación interválica)”, de Marisa Manchado y Enrique Muñoz

Publicado por Mundimúsica Ediciones (Madrid, junio de 2001)



La brecha abierta por la reforma de las enseñanzas musicales, en la que nuestro país lleva inmerso desde hace casi una década, en las conciencias aun más reaccionarias va sacudiendo poco a poco los cimientos de unas enseñanzas que, a un paso del siglo XXI, siguen largamente aferradas al XIX en muchos aspectos. Uno de ellos es el acercamiento a los rudimentos del lenguaje musical, debido a la inmensa fuerza inherente a la tonalidad y las consecuencias que de la misma se derivan en la percepción y valoración de mundos sonoros no vinculados a ella.
Pero si las enseñanzas, en éste y en otros muchos campos, son conservadoras no lo son per se, obviamente, sino porque así quieren que sean los encargados de llevarlas a cabo. Obviamente no es éste el lugar adecuado para tratar un aspecto tan importante como el del conservadurismo del sector docente, con todas sus connotaciones socioeconómicas y culturales. Espero que baste con dejarlo aquí reseñado para entender el entusiasmo con el que los que nos oponemos abiertamente a esa actitud debemos recibir una propuesta como la que el lector de estas líneas tiene entre las manos, por cuanto revela en sus autores talante progresista y talento para ejercerlo.
Admiro en Marisa Manchado y Enrique Muñoz no sólo esa seguridad en que el camino hacia el futuro está en la permanente revisión y actualización del pasado para convertirlo en presente, sino también su capacidad para transformar la fe en hechos. O, lo que es lo mismo, la teoría en práctica. Porque una cosa es admitir que la enseñanza de la música en general, y la del Lenguaje musical en particular, debe basarse grandemente en la tradición, y otra muy distinta creer que el conocimiento de los elementos más contemporáneos (armonía no tonal, rítmica compleja, interválica no convencional, entre otros) debe adquirirse en el ejercicio profesional de la música o, todo lo más, en cursos de postgrado de alta especialización.
En mi opinión, estos Cuadernos de entonación interválica constituyen un excelente completamiento didáctico del aspecto quizás más duro (la entonación) de la enseñanza del Lenguaje musical. Con ellos se pretende cerrar el arco que abarca la práctica de la entonación desde su fase más elemental (la del conocimiento y utilización de los intervalos adquiridos por la vía de la relación con el entorno sonoro en los primeros años de vida) hasta la más compleja: la del dominio de los diferentes intervalos en contextos desprovistos de toda referencia tonal.
Y aunque una cosa es la claridad del objetivo a alcanzar, y otra bien distinta cómo se llega a él, Marisa Manchado y Enrique Muñoz han encontrado para la realización de estos Cuadernos un sabio punto de equilibrio entre las componentes creativa y docente de cada uno de ellos, como se demuestra tanto en la inteligente y tímbricamente variada secuenciación de los contenidos, en relación con el grado de complejidad de los diferentes intervalos, como en la sensible renuncia -tan ajena, lamentablemente, al mundo de la creación contemporánea- a que una unidad didáctica tenga consideración de obra “de catálogo”, con lo que ello comporta de alejamiento de la trascendencia en beneficio de la sencillez, como requisito indispensable para la eficaz consecución del objetivo pedagógico perseguido.
Por todas esas razones, todos estamos de enhorabuena en el mundo de la enseñanza musical con la aparición de estos Cuadernos de entonación interválica. Y como firme creyente en que la reforma de las enseñanzas musicales sólo será una realidad cuando la frialdad del “Boletín Oficial del Estado” haya quedado olvidada bajo el peso de todo el material didáctico que haya sido capaz de generar, me siento especialmente feliz de colaborar con estas palabras al importante y significativo aporte que supone esta publicación para el afortunadamente cada vez más inquieto mundo de la pedagogía musical.