Ligazón

Ópera de cámara en un acto, con texto de Ramón Mª del Valle-Inclán (del Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte)


Comentario
Argumento
Críticas


Comentario

Ligazón fue compuesta en Madrid entre 1981 y 1982, gracias a una ayuda a la creación musical del Ministerio de Cultura, sobre el breve, pero intenso, "Auto para siluetas" con que se abre el Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte de Ramón Mª del Valle-Inclán.
Concebida plenamente al servicio del dramático texto de Valle-Inclán, Ligazón se desarrolla en forma de ópera de cámara, tomando como base para su puesta escena un escaso número de elementos en cada uno de sus diferentes aspectos: desde el decorado único al número de sus intérpretes (una soprano —la Mozuela—, una mezzo —a cuyo cargo corren los papeles de la Ventera y la Raposa— y un tenor -el Afilador—, levemente asistidos por una actriz y un actor, este último —el Bulto de manta y retaco— sin siquiera intervención hablada), pasando por una plantilla instrumental integrada por tan sólo once ejecutantes (flauta, oboe, clarinete, fagot, trompa, trompeta, trombón, un percusionista, violín, viola y violoncello). Se compone de un único acto ininterrumpido, dividido en cinco escenas, con una duración aproximada de 45 minutos.
Ligazón carece de libreto propiamente dicho, si entendemos por tal un texto elaborado con el propósito de ser "puesto en ópera". El lenguaje de Valle-Inclán es tan encendidamente musical que cualquier intento de adaptación habría resultado sacrílego. Por lo tanto, la ópera se basa casi en su integridad en el texto de la pieza escénica, del que se han respetado —salvo algunas, muy pocas, supresiones— incluso las acotaciones, cuya belleza literaria ha sido salvaguardada mediante su presencia en la partitura.
Desde el punto de vista exclusivamente musical, Ligazón se mueve dentro de un atonalismo libre —salvo algún "guiño" a la música popular—, que persigue en todo momento el máximo acercamiento al texto, con abundantes momentos de carácter expresionista, especialmente en los puntos de gran tensión dramática que caracterizan el final de la pieza de Valle-Inclán.
En Ligazón pueden distinguirse dos tipos de tratamiento musical, claramente diferenciados y siempre superpuestos: el de las voces, de carácter unas veces recitativo y otras cantabile, pero continuamente al servicio de los condicionantes prosódicos derivados del texto, y el de los instrumentos, más libre y flexible. La tercera escena, sin embargo, huye de uno y de otro: puramente declamada entre la Ventera y la Raposa, hace las veces de intermedio de la ópera.
Dedicada a mi hermano Joaquín, Ligazón se estrenó el 2 de julio de 1982 en Cuenca, en la Antigua Iglesia de San Pablo, convertida provisionalmente en teatro de ópera para el desarrollo del I Encuentro Internacional de Ópera de Cámara para Jóvenes Intérpretes. Fueron sus intérpretes la soprano Charo de la Guardia, la mezzo Carmen Sinovas y el tenor Alfredo Heilbron, acompañados por el Grupo de Cámara de la Orquesta Sinfónica de la RadioTelevisión Española, bajo la dirección de Pascual Ortega. La escenografía y la dirección escénica corrieron a cargo, respectivamente, de Tomás Adrián y de Luis Iturri.

José Luis Turina
Madrid, febrero de 1996

Argumento

Escena primera. La acción se desarrolla en Galicia, a las afueras de una venta. La Mozuela es requerida por la Raposa para que ofrezca sus favores al pretendiente que entre la madre y ella han escogido. Intenta seducirla por medio de una gargantilla, pero la Mozuela se opone a que nadie se inmiscuya en su vida.

Escena segunda. Tras quedar la Mozuela sola, una flauta anuncia la aparición del Afilador, que, al trabar conocimiento con ella, le propone afilarle las tijeras a cambio de un abrazo. Después de un mantenido coqueteo, el abrazo se queda reducido a una copa de anisete. El Afilador cumple con su trabajo y, tras beber la copa, parte.

Escena tercera. La Raposa y la Ventera —madre de la Mozuela— mantienen un diálogo en el que cada una de ellas intenta que sus dotes de brujería prevalezcan por encima de las de la otra.

Escena cuarta. La Ventera, en la misma forma en que lo hizo la Raposa en la escena primera, intenta convencer a su hija de que ceda a sus deseos, utilizando para ello la misma gargantilla. La Mozuela, enfurecida, le manifiesta su desprecio.

Escena quinta. Tras desaparecer la Ventera, regresa el Afilador. Trae la camisa rasgada y manchada de sangre. La Mozuela le adivina que ello es debido a que un perro le clavó los colmillos en el hombro. La Ventera, desde dentro de la casa, insta a su hija para que entre dejando sin echar el cerrojo por si acudiera el pretendiente. La Mozuela intenta seducir al Afilador, y le propone una ligazón. Se clava las tijeras en la mano, y mientras bebe la sangre del hombro del mozo, oprime la boca de éste con la palma ensangrentada. A continuación desaparecen en el interior de la venta. La sombra del pretendiente cruza la escena. Pulsa en la puerta. Se entorna la hoja, y la sombra se cuela furtiva por el hueco. La Mozuela levanta el brazo y quiebra el rayo de luna con el brillo de las tijeras. Por el hueco del ventano, cuatro brazos descuelgan el pelele de un hombre con las tijeras clavadas en el pecho.



Críticas

"... Ligazón, de José Luis Turina, es una gran contribución al moderno teatro español con música. Esa escena prolongada que su genial autor, Valle-Inclán, subtituló "Auto para siluetas", encuentra en la música actual del compositor todo el contenido dramático que necesita. José Luis Turina no deja de aprovechar todos los hallazgos de la música contemporánea, pero no por eso se siente sujeto por ellos. Establece desde el principio un lirismo severo, sombrío, que a veces deriva hacia la declamación, lo que produce una indudable tensión. Apuntes de música tradicional aparecen en los cantos de la Mozuela, pero todo lo demás está puesto al servicio de una mente musical de nuestro tiempo, que entiende perfectamente su relación con un texto admirado...".

Carlos Gómez-Amat (De Música (S.E.R.), 5 de julio de 1982)



"... Ya es un suceso que un joven compositor, recién llegado a la treintena, componga y estrene una ópera. Sin embargo, el valor positivo de la experiencia no debe extrañar a quienes seguimos los firmes pasos musicales del nieto de den Joaquín, que es, sin duda, uno de los compositores más dotados de la generación en ascenso. La mistérica y tremenda Galicia que pinta Valle-Inclán ha servido a José Luis Turina para practicar un teatro musical que, siendo español y de hoy, muestra concatenaciones cordiales con el expresionismo de la Escuela de Viena...".

José Luis García del Busto (El País, 6 de julio de 1982)