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Sin orden ni concierto

Cuento musical fantástico para adultos


Sin orden ni concierto, para tres actores, grupo instrumental compuesto por flauta, clarinete, trompa, violín, violoncello, percusión y arpa, coro de niños, instrumental Orff y efectos especiales, fue escrita entre los meses de noviembre y diciembre de 1982, por encargo de la Sociedad Española de Radiodifusión (SER) con destino a la participación de dicha emisora en el "Premio Italia 1983", teniendo lugar el 10 de julio de 1983 su "estreno" radiofónico a través de la SER.
El hecho de plantear la creación de un trabajo musical, pero eminentemente radiofónico, creaba desde el principio una serie de dificultades que poco a poco fueron tomando cuerpo en una obra dramático-musical, con abundante participación de efectos radiofónicos especiales a la antigua usanza: como si, a veces, de un serial se tratara.
En principio, me sentí atraido hacia un cuento infantil, con fuerte carácter didáctico; poco a poco la idea primigenia fue evolucionando, aunque conservando en todo momento el carácter fantástico de todo cuento. De este modo pasó a convertirse en un cuento para adultos, con elementos y raíces tomados del mundo de los niños. Al igual que en la literatura infantil los objetos inanimados suelen cobrar vida, hacerse humanos, al desaparecer los verdaderos humanos de la acción, en SIN ORDEN NI CONCIERTO un metrónomo, una batuta y un complejo personaje (el término Sonido no basta para designarlo por completo) presentan y debaten sus posiciones estéticas, mientras la personalidad de cada uno de ellos se ve "adornada" de vicios y cirtudes (éstas, en menor grado) propias del género humano.
Toda la acción que estos tres personajes desarrollan tiene lugar mientras descansan unos músicos que están efectuando una grabación, al quedar el estudio vacío. La vuelta de los músicos a la sala pone punto final al cuento. Como apertura y cierre del mismo, un grupo de niños de en torno a 6 años de edad nos introduce y despide de un mundo fantástico, a veces surrealista, e interviene en algunos momentos de la acción, dentro de la parte musical. Esta última sirve unas veces para reforzar la acción y otras para retardarla, ponerla en cámara lenta. Los personajes, por su parte, poseen una extraña facultad mediante la cual cualquier alusión a un sonido hace que éste se produzca.
Como un cuento que pretende ser, en Sin orden ni concierto va implícita una moraleja, que el oyente debe acabar por concluir, según por qué personaje tome partido. Delicado punto éste, por otra parte, ya que cada uno de ellos va cargado de tal cantidad de defectos que no será fácil decidir la carta adecuada, ya que por otro lado también llevan su buena parte de razón...

José Luis Turina
Madrid, 1983