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Las siete últimas palabras de Jesucristo en la Cruz

Para Cuarteto de cuerda


Ante la propuesta de la Fundacion Caja Madrid de componer un cuarteto de cuerda con el título obligado de Las siete últimas palabras de Jesucristo en la Cruz para ser estrenado en la Iglesia de la Santa Cueva de Cádiz, lo mejor era, a mi modo de ver, no perder en ningún momento de vista la referencia a la obra de Haydn que da origen a este encargo tan curiosamente planteado.
Claro que la referencia es indirecta -no se encontrará en mi cuarteto ni la más pequeña cita, ni el más mínimo guiño estilístico al cuarteto original- pero no por eso la obra de Haydn deja de estar presente, si bien desde un punto de vista más conceptual, de pretexto si se quiere, que formal o constructivo. De ese modo, el vínculo con el que me interesó trabajar no estaba en los temas, ni en las armonías, ni en el carácter de las diferentes piezas de Haydn que integran la obra, sin en su sucesión tonal, que para la mejor comprensión de este nuevo cuarteto bueno será recordar aquí.
El cuarteto de Haydn consta, como se recordará, de una sucesión de siete movimientos -uno por palabra- precedidos de una Introduzione y rematados por un Terremoto. Excluidos éstos, las palabras se suceden en el orden tradicional, de acuerdo con el siguiente plan tonal:

I. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Si b Mayor)
II. En verdad te digo: esta noche estarás conmigo en el Paraíso (Do menor)
III. Mujer, he ahí a tu hijo. Hijo, he ahí a tu madre (Mi Mayor)
IV. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Fa menor)
V. Tengo sed (La Mayor)
VI. Todo está consumado (Sol menor)
VII. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Mi b Mayor)

Haciendo abstracción de los aspector modales, las siete tonalidades pueden ser puestas en línea de escala a partir de cualquiera de sus notas, al ser todas ellas diferentes y permitir, por tanto, una sucesión de siete grados correlativos. A mí me interesó especialmente partir de la nota Mi, lo que da por resultado la siguiente escala: Mi-Fa-Sol-La-Sib-Do-Re#(=Mib). De esta manera se obtiene una sucesión muy parecida al antiguo modo locrio o modo de Si (Si-Do-Re-Mi-Fa-Sol-La), con la variante de que el séptimo grado de la escala resultaría aquí elevado. Por otra parte, y a diferencia de los restantes, el modo locrio cayó pronto en desuso debido a la ausencia de un V grado situado a distancia de 5ª justa de la tónica -lo que resulta fundamental en la evolución de la modalidad y la tonalidad posterior-. En el caso del locrio, la 5ª disminuida entre ambos grados confiere a este modo su carácter ultrasombrío, muy apto en este caso para el carácter de una música que trata de evocar la agonía y la muerte de Jesús.
Transportada esa escala a la nota Do (lo que aconsejaban razones de conveniencia de escritura para el cuarteto de cuerda), el resultado es: Do-Reb-Mib-Fa-Solb-Lab-Si. A partir de esta escala se rige melódica y armónicamente mi cuarteto, cuya estructura sigue a partir de aquí otros dos pasos fundamentales:

1) En primer lugar, la reordenación de las siete palabras, buscando una gradación desde la más sombría a la más luminosa, asumiendo lo que ello pueda tener de subjetivo. De este modo, la sucesión de los siete movimientos -uno por palabra- sigue en mi cuarteto el orden siguiente -especificándose en cada caso la nota que, como en en el cuarteto de Haydn, sirve de centro tonal, transportada a su vez al grado correspondiente de la nueva escala de Do-:

I. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Si)
II. Todo está consumado (Mib)
III. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Reb)
IV. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Solb)
V. Tengo sed (Fa)
VI. Mujer, ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu madre (Do)
VII. En verdad te digo: esta noche estarás conmigo en el Paraíso (Lab)

Las tonalidades así ordenadas dan por resultado la siguiente sucesión: Si-Mib-Reb-Solb-Fa-Do-Lab, que, por su tratamiento posterior, constituye una verdadera serie, sin que ello comporte tratamiento dodecafóico alguno.

2) El establecimiento para cada palabra de dos planos de realización, uno al que podríamos llamar principal, que en la primera palabra está integrado por una única nota (Si), en la segunda por dos (Mib-Reb), en la tercera por tres (Reb-Sol-Fa), y así sucesivamente, siguiendo siempre un orden correlativo y comenzando por el centro tonal que en cada caso corresponde. El segundo, secundario si se quiere, pero lejos de constituir un mero "acompañamiento", lo integran en cada caso los restantes sonidos que no forman parte del plano principal (once en la primera palabra; diez en la segunda; nueve en la tercera, etc.).

El carácter de los diferentes movimientos así ordenados intenta suministrar contraste y variedad al conjunto de la obra, cuyo tercer movimiento (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?) es una reelaboración más o menos rigurosa del material de mi primer cuarteto de cuerda, que con título equivalente (Lama sabacthani?) fue compuesto en Roma en 1980, a petición de Radio Nacional de España para sus entonces tradicionales encargos de Semana Santa.
Compuesto en el invierno de 2004 entre Madrid, León, Mollina (Málaga) y La Coruña, el cuarteto de cuerda Las siete últimas palabras de Jesucristo en la Cruz está dedicado a Antonio Moral, siendo estrenado por el Brodsky Quartet en el Oratorio de La Santa Cueva de Cádiz el 30 de octubre de 2004, dentro del Festival "Haydn en Cádiz".

José Luis Turina
Madrid, 2004