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William Shakespeare (1564-1616)
Retrato atribuido a John Taylor, pintado entre
1600 y 1609 (Londres, National Portrait Gallery)


Cuatro sonetos de Shakespeare

Para Sopranista (o Soprano) y Orquesta


Comentario
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Comentario


En el otoño de 1996 se estrenó mi obra La Raya en el Agua, compuesta por encargo del Círculo de Bellas Artes de Madrid para el solemne acto de reapertura de su Sala Fernando de Rojas, cerrada durante muchos años para ser sometida a una profunda reestructuración. En dicho estreno -realizado con pocos medios materiales, pero con grandes recursos artísticos, suiministrados por la calidad intrínseca de todos los intérpretes- tuve la fortunaa de colaborar por primera vez con el sopranista Flavio Oliver, cuyas dotes musicales y teatrales me sorprendieron una y otra vez. Pensando en su voz y en sus posibilidades compuse a los pocos meses el papel de Pasamonte de mi ópera D.Q. (Don Quijote en Barcelona), estrenada en octubre del año 2000 en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, en una deslumbrante puesta en escena de La Fura dels Baus.

El sopranista Flavio Oliver

Con todo ello fue cobrando forma una idea que desde hacía algunos años me rondaba por la cabeza, consistente en escribir una pieza para voz y conjunto de cámara en torno a algunos de los sonetos de William Shakespeare. El carácter marcadamente ambiguo –desde el punto de vista sexual, se entiende- de los mismos se me antojaba idóneo para que fueron cantados por una voz igualmente ambigua, claramente de soprano pero emitida por un hombre, con lo que ello comporta necesariamente de irrealidad y de sexualidad equívoca. Y cuando después de las colaboraciones antes citadas con Flavio Oliver se me brindó, por parte de la Orquesta Sinfónica "Arbós", el ofrecimiento de escribir una obra sinfónica con o sin solistas entendí que todas las circunstancias resultaban favorables para llevar a cabo mi proyecto en torno a los sonetos de Shakespeare, pero cambiando el planteamiento camerístico inicial por el sinfónico que hoy sube a los atriles por primera vez. Con esta obra, por otra parte, se completa un capítulo de mi catálogo en el que hace tiempo me encuentro enfrascado (el relativo a la música vocal, y con ello a las siempre difíciles y complejas relaciones entre música y palabra), con este primer ciclo de lieder para voz y orquesta.

Portada de la primera edición de los Sonetos
(Londres, 1609)

La elección de los sonetos constituyó una labor difícil, aunque altamente gratificante, buescando en ellos diferentes contrastes que garantizaran variedad en su musicalización. Así, el número XL (Take all my loves, my love, yea take them all... ) se abre ya con una introducción orquestal en que en muy pocos compases se pasa por una rápida sucesión de climas sonoros y estilísticos, en una a modo de declaración general de los principios estéticos que van a inspirar el conjunto de la obra. El lirismo de este primer soneto da paso al carácter scherzante del segundo, el CXXX (My mistress´eyes are nothing like the sun... ), con frecuentes momentos cómicos y burlescos. El último movimiento aúna y entrelaza los dos sonetos restantes, el CXXIX (Th’ expense of spirit in a vaste of shame... ) y el XXVI (Lord of my love, to whom in vassalage... ), en un intento de síntesis de contrastes líricos y violentos, producto de la fusión imposible de ambos textos en uno solo.



Programa del estreno de los Cuatro Sonetos de Shakespeare (Madrid, 24 de abril de 2003)


Los Cuatro Sonetos de Shakespeare fueron escritos entre noviembre de 2001 y marzo de 2002, y están dedicados a la Orquesta Sinfónica de Madrid, a cuyo cargo corrió el estreno el 24 de abril de 2003, con Flavio Oliver como solista y bajo la dirección de Miguel Ángel Gómez Martínez, en el Auditorio Nacional de Música.


Textos

Soneto XL

Take all my loves, my love, yea take them all:
what hast thou then more than thou hadst before?
No love, my love, that thou mayst true love call;
all mine was thine before thou hadst this more.

Then if for my love thou my love receivest,
I cannot blame thee for my love thou usest;
but yet be blamed if thou thyself deceivest
by willful taste of what thyself refusest.

I do forgive thy robb’ry, gentle thief,
although thou steal thee all my poverty;
and yet, love knows, it is a greater grief
to bear love’s wrong than hate’s known injury.

Lascivious grace, in whom all ill well shows,
kill me with spites: yet we must not be foes.

Ten todos mis amores, amor mío, ten:
y bien, ¿qué tienes más que antes no tuvieras?
Ningún amor, amor, que sea amor de veras;
todo el mío, sin eso, tuyo era también.

Pues si por el amor mío mi amor me arrebatas,
no puedo reprocharte en cuanto mi amor usas;
mas caiga en ti reproche si tú te abaratas
gozando por capricho lo que tú rehúsas.

Te perdono, gentil ladrón, tu bandidaje
(aunque en él tú te robas toda mi penuria),
y eso que —amor lo sabe— duele más ultraje
de amor que no de odio conocida injuria.

Hermosura lasciva
en quien cualquier delito son donaires,
mátame ya a desaires:
no he de ser tu enemigo mientras viva.


Soneto CXXX

My mistress’ eyes are nothing like the sun;
coral is far more red than her lips red;
if snow be white, why then her breasts are dun;
if hairs be wires, black wires grow on her head.

I have seen roses damasked, red and white,
but no such roses see I in her cheeks;
and in some perfumes there is more delight
than in the breath that from my mistress reeks.

I love to hear speak, yet well I know
that music hath a far more pleasing sound.
I grant I never saw a goddess go:
my mistress when she walks treads on the ground.

And yet, by heaven, I think my love as rare
as any she belied with false compare.
Los ojos de mi dama brillan mucho menos
que el sol; más que sus labios roja es la cereza;
¿la nieve es blanca?: pues sus pechos son morenos;
y si hebras son, son negras las de su cabeza.

Rosas he visto rojas, blancas, escarlatas,
mas tales rosas su mejilla no me enseña;
y hay en ciertos perfumes delicias más gratas
que en el aliento que se exhala de mi dueña.

Me gusta oírla hablar, y empero, bien conozco
que la música suena más cerca del cielo;
nunca a una diosa he visto andar — lo reconozco:
mi dama cuando anda pisa sobre el suelo.

Y sin embargo, a fe, mi amor por tanto cuenta
como otra que con falsos símiles se mienta.



Sonetos CXXIX y XXVI

Th’ expense of spirit in a waste of shame
is lust in action; and, till action, lust
is perjured, murd’rous, bloody, full of blame,
savage, extreme, rude, cruel, not to trust;

Lord of my love, to whom in vassalage
thy merit hath my duty strongly knit,
to thee I send this written ambassage,
to witness duty, not to show my wit;


enjoyed no sooner but despised straight;
past reason hunted, and, no sooner had,
past reason hated, as a swallowed bait
on purpose laid to make the taker mad,

duty so great which wit so poor as mine
may make seem bare, in wanting words to show it;
but that I hope some good conceit of thine
in thy soul’s thought, all naked, will bestow it.


mad in pursuit, and in possession so,
had, having, and in quest to have, extreme;
a bliss in proof, and proved, a very woe;
before, a joy proposed; behind, a dream.

Till whatsoever star that guides my moving
points on me graciously with fair aspect
and puts apparel on my tottered loving
to show me worthy of thy sweet respect —


All this the world well knows, yet none knows well
to shun the heaven that leads men to this hell.

then may I dare to boast how I do love thee;
till then, not show my head where thou mayst prove me.



Despilfarro de aliento en derroche de afrenta
es lujuria en acción; y hasta la acción, lujuria
es perjura, ultrajante, criminal, sangrienta,
brutal, sin fe, extremosa, presa de su furia;

Tú, señor de mi amor, a quien en vasallaje
mi deber encadena tu merecimiento,
a ti por embajada escribo este mensaje,
que testimonie del deber, no del talento;


disfrutada no más que despreciada presto;
más que es razón buscada, y no bien poseída,
más que es razón odiada, como cebo puesto
adrede a volver loco al que a beber convida,

deber tan grande que a un talento así de pobre
lo hará quedar en seco, a busca de palabras;
salvo que espero que tu alma tú le abras
y él, desnudo, se vista gala que te sobre.


en la demanda loco, loco en posesión,
habido, habiendo y en haber poniendo empeño;
gloria dada a probar; probada, perdición;
antes, gozo entrevisto, y después, un sueño,

Hasta que, la que sea, estrella que me guíe
con clara luz me mire en gracioso signo
y que a mi amor desharrapado lo atavíe
para mostrarme de tu dulce trato digno...


Todo esto el mundo sabe, y nadie sabe modos
de huir de un cielo que a este infierno arroja a todos.

quizá ose ya decir cómo te quiero; mientras,
ni aun asomar a juicio donde tú te encuentras.



William Shakespeare: The Sonnets
Traducción en verso: Agustín García Calvo
(Editorial Anagrama S.A., Barcelona, 1974)



Grabación


Grabación estreno: Flavio Oliver (sopranista) y Orquesta Sinfónica de Madrid. Dir.: Miguel Ángel Gómez Martínez



Primera página de los Cuatro Sonetos de Shakespeare


Críticas



Sonetos para una voz irreal
Por Carlos Forteza
(Reportaje publicado en el suplemento "El Cultural" del diario El Mundo. Madrid, 23 de abril de 2003)

El Auditorio Nacional de Madrid acoge hoy el estreno de la última creación de José Luis Turina, Cuatro Sonetos de William Shakespeare. Encargada para la celebración del centenario de la Sinfónica de Madrid, será dirigida por Gómez Martínez y contará con el sopranista Flavio Oliver como principal intérprete vocal.

El compositor José Luis Turina, nieto de Joaquín Turina, es una de las figuras de referencia en el panorama creativo actual, una labor que combina con su trabajo al frente de la JONDE y la docencia. Entre sus últimas composiciones destaca un Concierto para piano, estrenado en el festival de Canarias, o la ópera D. Q. El que fuera en 1996 Premio Nacional de Música, estrena hoy sus Cuatro Sonetos de W. Shakespeare en lo que supone su primera incursión en la composición de música vocal con orquesta, en la línea de los Cuatro últimos lieder de Strauss.
Tal como recuerda Turina, la idea de componer una obra para la voz de sopranista surgió tras contar con Oliver para su espectáculo escénico-musical La raya en el agua, a partir de La Celestina, encargo del Círculo de Bellas Artes de Madrid para la reapertura de la Sala Fernando de Rojas. "Fue en el año 1996 cuando Flavio Oliver tuvo que sustituir a la soprano que debía hacer el papel principal. El resultado fue extraordinario. Enseguida me deslumbró su manera de interpretar, de estar en escena y, sobre todo, su voz". A raíz de este encuentro Turina empezó a fraguar la idea de basar alguna de sus composiciones en esa tesitura empleando de nuevo textos clásicos, en este caso los sonetos de Shakespeare. A Oliver le fascinó la idea, pero el proyecto tardaría en ver la luz.
La libertad que traía consigo el encargo que recibió Turina hace tres años para la celebración del centenario de la Sinfónica de Madrid, supuso una oportunidad excelente para recuperar aquel proyecto de los lieder para sopranista con textos de Shakespeare: "Me seducía la idea de hacer uso de la ambigüedad vocal que conlleva este tipo de voz. Al tratarse de una voz de mujer emitida por un hombre, me pareció muy atractivo aprovechar esa virtud para ponerle música a unos textos tan imprecisos sexualmente como son los sonetos del inglés".
En este sentido, y tal como indica Turina, en los Sonetos de Shakespeare se da la circunstancia de que nunca se sabe quién está hablando, "si es un hombre que se dirige a una mujer, una mujer que lo hace un hombre, un hombre a un hombre o una mujer a otra mujer. Esa ambigüedad venía al pelo para ser cantados por un sopranista, por otra parte una voz bastante irreal. Desde el punto de vista dramático es interesante ese contrasentido visual de ver a un hombre cantar como una mujer. Allí es donde he querido poner el énfasis de mi trabajo, componer para una voz imposible".

Recursos vocales. El propio Flavio Oliver, encargado de la versión que se escuchará esta tarde, destaca el profundo conocimiento que Turina tiene de la voz: "Al comprender los mecanismos vocales de cada cantante logra sacar sus mejores recursos. El papel de los Sonetos está hecho a medida para mi voz, lo que no quita el que conlleve muchas dificultades y a la vez que sea de una brillantez increíble". Destaca Oliver la preocupación de Turina respecto a las cuestiones dramáticas: "El cantante dispone de muchísimas indicaciones para saber cómo abordar el papel, tanto en lo vocal como en lo que respecta a la interpretación".
La obra que se estrena esta tarde en el Auditorio Nacional está estructurada a partir de cuatro sonetos, cantados en su idioma original. A este respecto, Turina reconoce que la selección de los versos fue muy complicada: "Me basé en la edición bilingüe de Agustín García Calvo. Todos, como literatura, son maravillosos, pero no todos se prestaban para su puesta en música por igual. Los seleccionados son de contenido lírico-amoroso y burlesco". Para un músico, al menos en su caso, el proceso de escoger el texto es la parte que más trabajo le cuesta: "Una vez realizada la elección, la música tiene que estar al servicio de esos textos, que te dan resueltas muchas cosas: formales, armónicas, de carácter, de contrastes", señala.
José Luis Turna no se considera un músico radicalmente vanguardista, "y a los cincuenta años, menos; no tengo ningún reparo en utilizar procedimientos estilísticos más tradicionales, pero no aislados sino puestos al servicio, confrontados, con otras fórmulas más actuales y vanguardistas. Todo con una misma intención: crear un conflicto dramático".



Turina y Shakespeare
Por Enrique Franco
(Crítica publicada en el diario El País. Madrid, 26 de abril de 2003)

Un estreno de José Luis Turina supone siempre un acontecimiento. Se trata de uno de los grandes de la generación nacida en los cincuenta y desde sus primeras obras demostró que tiene mucho que decir y, además, lo dice excelentemente. Sus Sonetos de Shakespeare, escritos con el apoyo de la Sinfónica madrileña, rondaban en la mente de un autor de gran historial en las relaciones entre pentagramas y versos, y ahora hemos conocido los resultados del empeño, tan importante y difícil, como supone el diálogo con el gran británico, después de haberlo sostenido con Cervantes y, hace tiempo, con Valle-Inclán.
Dilucidar la melódica, la estructura y el ambiente musical idóneo para cuatro sonetos es, más que un reto, una estupenda aventura, y Turina, que apenas tuvo aire de discípulo pero que luce desde muy joven su talante maestro, ha logrado una obra hermosa y exigente incitado en parte por la voz y el arte de un sopranista sorprendente, el bresciano Flavio Oliver, y en algo por el conocimiento directo de estas altas rimas de amor y su traslación castellana de Agustín García Calvo.
Un ejemplo de ética, estética y originalidad profunda que el público ovacionó insistentemente después de la magnífica creación de Oliver, la Sinfónica y el siempre seguro Miguel Ángel Gómez Martínez.



Ensayo y estreno
Por Antonio Iglesias
(Crítica publicada en el diario ABC. Madrid, 26 de abril de 2003)

Aunque fuera de muy espaciada manera, el crítico debiera asistir a alguno de los ensayos que son base medular del concierto, por múltiples razones, la más interesante, aquella de constatar un trabajo capital para la más saludable interpretación de las partituras. Acabo de hacerlo el jueves a mediodía, y mi resultado me gratificó en extremo, a la cabeza de todo ello el de descubrir una de las obras más interesantes de nuestro haber musical contemporáneo: los "Cuatro sonetos de William Shakespeare", escritos por José Luis Turina, atendiendo al encargo por el Centenario de la Orquesta Sinfónica de Madrid, en riguroso estreno.
Estreno importante. Desde la iniciación sombría que abre el primero de los "Sonetos", porque ya ahí no vacila el compositor en plantearse climas de sesgo romántico, muy pronto abandonados en pro de utilizar una factura actual que usa de la gran orquesta con el añadido de tres percusionistas, piano, celesta y arpa. El necesario contraste llegará con entera plenitud por el carácter risueño, aumentada vivacidad y soltura sinfónica, cuando el segundo de los sonetos shakespearianos, al que se unirán los tercero y cuarto ininterrumpidos, sobre los que flota un cierto, muy tenue, halo estrausiano -del mejor Richard Strauss- con una libertad enorme aunque bien gobernada. Hay desarrollos muy interesantes, gérmenes fundamentales -uno de cinco o seis notas, repetitivo, quizá en demasía cuando las trompetas- y poesía, mucha ternura también frente a lo árido. Turina utiliza como solista un contratenor (sopranista parece inconveniente), timbre antipático para quien escribe, en retirada por suerte perfectamente sustituido por la voz femenina. El papel lo vive el español Flavio Oliver, entregado en la expresión y con una técnica completísima y segura.
Y si los "Cuatro sonetos de William Shakespeare", de Turina, me merecen la máxima atención, tanto por el valor "per se" como para poder estimarlos como magnífica llamada para nuestra mejor contemporaneidad, la labor orquestal minuciosa, conocedora desde la bien desentrañada partitura, la batuta granadina y europea de Gómez Martínez, la estimé como de una máxima categoría en el saber ahondar en una página de nuestros días. Con la "Sinfonía alpina", de Strauss, a buen seguro que, por la tarde, ya en el concierto, redondearía un merecido triunfo.



Escalera de color para José Luis Turina
Por José Luis López López
(Crítica publicada en la revista de Internet Mundoclásico. 15 de mayo de 2003)

[…]
Esta primera parte del concierto se coronó con Cuatro sonetos de Shakespeare, de J. L. Turina. Ya la misma selección y ordenamiento de estos concretos sonetos shakespearianos significa un considerable acierto: se comienza con el XL (Take all my loves…, "Ten todos mis amores…"), de carácter profundamente lírico, para continuar con el CXXX (My mistress, eyes are nothing like the sun…, "Los ojos de mi amada brillan mucho menos que el sol"), ambivalente en su mezcla de burlesca ironía y de final lleno de ternura. El tercer y cuarto sonetos elegidos es una "fusión" del CXXIX y del XXVI, llena de contrastes dulces y violentos, especie de síntesis contradictoria e imposible. La música con la que Turina sirve estos textos incomparables ha evolucionado desde un planteamiento camerístico con voz de sopranista, pasando por un tratamiento orquestal, igualmente para acompañar a un sopranista, hasta llegar a esta versión, igualmente orquestal, pero para voz de soprano, para lo cual "han sido necesarias -dice el autor- las adaptaciones pertinentes". La variedad de los sonetos está dirigida a una diversidad de la musicalización, en la que se perciben, muy bien ensamblados, un conjunto de climas sonoros y estilísticos que recogen múltiples influencias estéticas del siglo XX, en una especie de homenaje antológico a la historial de la "respiración musical de nuestro tiempo".
[…]


Vídeo


Flavio Oliver (sopranista) y Orquesta de Radio Televisión Española (Dir.: Adrian Leaper)

Madrid, Teatro Monumental, 17 de mayo de 2008




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(Partitura completa y particellas sin marcas de agua disponibles en www.asesores-musicales.com )

Partitura de los Cuatro sonetos de Shakespeare

Reducción para voz y piano de los Cuatro sonetos de Shakespeare