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Clémisos y Sustalos

(cuarto cuarteto de cuerda)


Escrito en el invierno de 2001, Clémisos y Sustalos es, por así decirlo, la parte española de un encargo cuádruple del Cuarteto de Tokyo, al que está dedicado, en coproducción con el Liceo de Cámara de Madrid, el Ciclo de Cámara del 82 Street Hall de Nueva York, la Ópera City de Tokyo y el festival Cittą di Castello de Italia, y el primero de los que a cargo de tan célebre agrupación fueron estrenados en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música de Madrid, dentro de la temporada 2001-2002 del Liceo de Cámara.
Se trata de una pieza de unos 18 minutos de duración, aproximadamente, que se estructura en dos movimientos, fuertemente contrastados, que son interpretados sin solución de continuidad, cada uno de ellos integrado a su vez por una sucesión de secciones yuxtapuestas más o menos extensas. El primero es una enérgica toccata, en la que se presenta un material siempre muy atomizado, constituido por la reiteración de pequeños diseños que, al ser repartidos entre los cuatro instrumentos de forma absolutamente equitativa, van configurando de forma progresiva organismos de mayor envergadura. La rápida sucesión de los diferentes elementos propociona de forma continua violentos contrastes que abarcan toda la gama tímbrica y dinámica del cuarteto. Toda la tensión acumulada durante este movimiento se resuelve con la llegada al segundo, que supone a su vez un marcado contraste con el anterior, tanto en el carácter como en el tratamiento del material: frente al uso continuo de elementos atomizados de aquél, éste se caracteriza por las frases largas, de amplio vuelo melódico, de sus diferentes secciones. Éstas se suceden en número de doce, y cada una de ellas se basa en un material serial dodecafónico, muy libremente tratado, que procede de diversas transformaciones de la serie principal de la Suite lírica de Alban Berg. En ese sentido, las doce secciones constituyen un conjunto de variaciones, cada una de las cuales concluye con una nota larga, siempre diferente, cuya sucesión final es la de la serie original del cuarteto de Berg.
Los títulos, tanto del cuarteto como de sus dos movimientos, proceden directamente del célebre cap. 68 de Rayuela, la novela de Julio Cortázar cuya lectura me acompañó durante toda la composición de esta obra. En dicho capítulo, integrado por un único párrafo de apenas doce líneas de extensión, Cortázar emplea un lenguaje denominado "glíglico", o lenguaje puramente musical, consistente en intercalar palabras absolutamente inventadas, carentes de significado y válidas sólo por su belleza puramente fonética, entre expresiones y locuciones convencionales que les confieren un sentido distinto para cada lector, de modo similar a como actúa la música para el oyente. Así, tras las palabras "clémisos" y "sustalos" cada uno puede entender los conceptos que el contexto en que Cortázar las sitúa le sugiera: "Apenas a él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes...".
Para los dos movimientos del cuarteto he escogido, respectivamente, las expresiones "Trimalciato de ergomanina" y "Fílulas de cariaconcia", dado que la relación de interdependencia entre ambas que se produce en el texto, que hace que las segundas afecten directamente a las primeras, relajando su grado de tensión ("... sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia..."), tiene una exacta correspondencia con el contenido musical de ambos movimientos, al neutralizar las variaciones líricas que constituyen el segundo el carácter agresivo de la toccata enérgica inicial. Como en Rayuela, estos títulos no significan, por tanto, nada: son sólo música, como lo es la que contienen, que cada oyente debe escuchar, entender y asimilar como la propia música le sugiera.
Clémisos y Sustalos, cuarto cuarteto de cuerda de mi catálogo, fue estrenado por el Tokyo String Quartet, al que está dedicada, en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música de Madrid, el 21 de noviembre de 2001.

José Luis Turina



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