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Variaciones y Desavenencias sobre temas de Boccherini

Concierto para Clavicémbalo y Orquesta


La coexistencia en la música de hoy de elementos procedentes del pasado y el lenguaje actual constituye, a mi juicio, un fenómeno escasamente estudiado, máxime si se tiene en cuenta que dicha coexistencia afecta a a obras compuestas –al menos, en Espaņa- por nada menos que cuatro generaciones de compositores: las que van desde que Falla iniciase el "género" con El Retablo de Maese Pedro hasta el momento presente, pasando por la de Rodrigo, Ernesto y Rodolfo Halffter, y por la de Bernaola y Cristóbal Halffter, por citar sólo unos pocos de los muchos autores que se han sentido atraídos por esa curiosa e imperiosa necesidad de relacionar o hacer derivar su música de la música culta procedente del repertorio de siglos anteriores, quizá como lógica continuación de la escuela anterior (la de Albéniz, Granados, Turina...), cuya fuente de inspiración manaba de la música popular.
En lo que a mi música respcta, no sólo no he rehuido a la hora de componer mi propia vinculación con la tradición, sino que ello es la base de una buena parte de mi producción. En algunas obras, esa presencia del pasado se produce de forma implícita, sin que su "cita" sea algo necesario (como en mi Fantasía sobre Don Giovanni, para piano a cuatro manos, o en mi Cuarteto con piano). En otras, como en la que aquí nos ocupa, el situar al mismo plano mi música junto con la que le sirve de referencia es, por así decirlo, la esencia formal y conceptual de la composición; y quizá sea la forma del "tema variado" la que, por su propia tradición, mejor se amolde a esos propósitos.
Este concierto para Clavicémbalo y Orquesta titulado Variaciones y Desavenencias sobre Temas de Boccherini tuvo, en su origen, una serie de condicionantes que fueron determinando poco a poco su naturaleza: encargo del V Festival de Otoņo de la Comunidad de Madrid para ser estrenado en su concierto inaugural, había de ajustarse, por razones presupuestarias, a una plantilla instrumental escueta: además del solista, 2 flautas, 2 oboes, 2 fagotes, 2 trompas y cuerda reducida. Dicha plantilla no fue caprichosamente impuesta por la organización del festival, sino que era la misma de la obra que había de configurar la segunda parte del concierto: una selección de la zarzuela La Clementina, de Luigi Boccherini, cuya versión íntegra había sido estrenada en una de las anteriores ediciones del Festival de Otoņo de Madrid. Tampoco la música de Boccherini había sido elegida caprichosamente, puesto que el concierto formaba parte de los actos conmemorativos del bicentenario de la muerte de Carlos III, de cuya corte fue Boccherini principalísima figura... Así que, por un lado o por otro, mi obra tenía que relacionarse con todo ello.
La música de Boccherini, en forma de citas amplias, menos amplias y simples "guiņos" o sugerencias, salpica por doquier los dos movimientos de que constan estas Variaciones y Desavenencias. El primer movimiento recrea en su parte central un breve fragmento (irreconocible en la audición) del Quinteto en Mi mayor. Por su parte, el segundo movimiento adopta la forma clásica de "tema con variaciones". El tema procede del andante de una sonata para fortepiano, y es expuesto, instrumentado, a cargo de la orquesta. Siguen luego seis variaciones, en las que se desarrollan diversos materiales procedentes del tema, elaborados de tal forma que su origen pasa a ser irreconocible (salvo algún "guiņo", en el que aparece un elemento derivado de alguna otra obra), y que tras una breve cadenza del solista, dan paso a una "coda" en la que paulatinamente se van configurando elementos temáticos en los que, sobre la base del Fandango, el oyente podrá reconocer las notas iniciales del célebre Minueto y del Concierto para violoncello en Sib mayor, todo ello convenientemente "cocinado" y "servido" por medio de una estructura casi repetitiva, con la que se cierra la obra.
Este concierto fue estrenado en el Teatro Real de Madrid en septiembre de 1988, con Pablo Cano al clave, acompaņado por la orquesta Sinfónica de Madrid, bajo la dirección de José Ramón Encinar. La partitura está dedicada a mi hijo Luis.

José Luis Turina
Madrid, 1991