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Fernando Zóbel (1924-1984)



Exequias (In memoriam Fernando Zóbel)

Para Coro gregoriano, Coro mixto y Orquesta


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Comentario


A comienzos de 1984, tras recibir del entonces director de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, Pablo López de Osaba, el encargo de componer una obra para ser estrenada en la 24ª edición de dicho festival, estuve barajando varios temas, algunos muy atrayentes, sin llegar a decidirme definitivamente por ninguno de ellos. Por entonces conocí la triste noticia de la muerte de Fernanzo Zóbel, y a los pocos días asistí a su entierro, en el cementerio de San Isidro de Cuenca.
Este último hecho provocó que mis no muy claros proyectos con respecto a la obra-encargo de la Semana de Música Religiosa fueran abandonados –o quizá pospuestos- y sustituidos por un homenaje a la memoria de Zóbel, idea que me cautivó desde el principio por la gran cantidad de coincidencias que se daban en ella: la relación entre Cuenca y Zóbel, así como entre Zóbel y la música, y mi propia relación musical con Cuenca y con Zóbel...
Conocía a Fernando Zóbel en el mes de julio de 1982, en el estreno de mi ópera Ligazón, celebrado en la Iglesia de San Pablo de Cuenca. A lo largo de ese mismo mes se celebró en el conservatorio de música conquense, del que por entonces yo era profesor y secretario, el I Curso Internacional de Música para Jóvenes Intérpretes. Zóbel asistía casi a diario a las clases de música de cámara que impartía Luis Rego, abiertas a todos cuantos quisieran oírlas. Gran amante de la música (la flauta era su instrumento predilecto, que incluso tocaba), tomaba apuntes y bocetos en una libreta que me llamó la atención por sus reducidas dimensiones. Durante aquellos días lo traté con frecuencia, aunque siempre dentro de un entorno multitudinario y jocoso, formado por alumnos del curso, que invitaba poco a mantener con él una conversación interesante, cosa que no conseguí ni entonces ni después. Posteriormente le vi muy contadas veces, siempre en Cuenca y siempre en algún acto musical.
Sería inútil por mi parte tratar de glosar aquí la figura de Fernando Zóbel. Tan sólo deseo dejar constancia de mi admiración hacia él, al artista y a la persona. Y me emociona decir, precisamente en estas notas, que una de las impresiones más fuertes que he recibido en mi vida fue la de la llegada del féretro que contenía sus restos mortales a la Catedral de Cuenca. El sobrecogedor silencio con que fueron recibidos en la Plaza Mayor, abarrotada de gente absolutamente dispar; el funeral; la marcha a pie hasta el cementerio de San Isidro...
Precisamente durante esa marcha surgió el germen de Exequias. La idea primitiva, puramente instrumental, quería ser una "Procesión al cementerio", pero poco a poco fue desarrollándose, enriqueciéndose con la introducción de material tomado de la liturgia gregoriana, que me llevó a la composición de una "Misa de Requiem" basada en la liturgia actual (Introitus, Graduale, Alleluia, Tractus, Offertorium y Communio), a la que decidí añadir un número más: Processio ad coemeterium. La estructura del requiem antiguo (recordemos los célebres de Mozart, Verdi, Berlioz), más lúgubre y tremendista, no se ajustaba tan bien a mis propósitos como la del actual, más esperanzadora (baste resaltar una gran diferencia entre una y otra: la sustitución del Dies irae por el Alleluia). Decidí asimismo no emplear el término "Requiem" como título de la obra, por evitar odiosas comparaciones, y utilizar la plabra "Exequias" en su lugar.

Cartel de Grau Santos para la XXIV Semana de Música Religiosa de Cuenca

Exequias (In memoriam Fernando Zóbel) fue escrita entre Cuenca y Madrid, entre los meses de septiembre y diciembre de 1984. Además de un coro gregoriano y un coro mixo de cámara, empleo en ella la siguiente plantilla instrumental: flautas en do y en sol, clarinete bajo, fagot, dos trompas, dos trompetas, dos trombones, piano, percusión y un reducido grupo de cuerda. Dada la extensa duración de la obra (alrededor de 45 minutos) y la densidad de su escritura, procuré desde el principio distribuir el material a mi disposición para conseguir suficientes contrastes en la instrumentación de los diversos números. Sólo en el último, Processio ad cœmeterium, empleo la plantilla orquestal completa. Cada número instrumental o coral-instrumental va precedido del canto gregoriano propio de la misa de difuntos.

Programa del estreno de Exequias (in memoriam Fernando Zóbel)

Exequias fue estrenada el 3 de abril de 1985 en la Iglesia de San Miguel de Cuenca, en interpretación del coro Schola Gregoriana Hispana, el coro "Villa de Madrid" dirigido por José María Barquín, y la Orquesta Sinfónica de Madrid, todos ellos dirigidos por José Ramón Encinar.


Saludando tras el estreno de Exequias (In memoriam Fernando Zóbel). Cuenca, antigua iglesia de San Miguel, 3 de abril de 1985

Con José Ramón Encinar, director del estreno.

En 2014 fue llevada al CD por el Coro Ziryab y la Orquesta de Córdoba bajo la dirección de José Luis Temes. Cuatro movimientos de dicha grabación (I. Introitus; II. Graduale; III. Alleluia; y V. Offertorium) sirvieron de base para el tercer número del Proyecto Luz (Sinfonismo español iluminado) de José Luis Temes, que bajo el título Exequias para Fernando Zóbel fue presentado en 2018, y llevado en 2019 al DVD del primer volumen (Luz I-IV) de dicho proyecto.

Con Javier Sáenz-López, José Luis Temes, Javier Monteverde y el Coro Ziryab,
al final de la grabación de Exequias (Córdoba, mayo de 2013)

Portada del CD de la Orquesta de Córdoba y el Coro Ziryab dirigidos por José Luis Temes (2014)

Portada del DVD Proyecto Luz (2019)
(Ver trailer al final de esta página)


He aquí, por último, el plan formal de Exequias, con los textos correspondientes a cada sección:


I. Introitus

a) Coro gregoriano:
Requiem aeternam dona eis, Domine,
et lux perpetua luceat eis.
Dales, Señor, el descanso eterno,
y que la luz eterna los ilumine.


b) Número coral-instrumental. Ricercare a 11 partes (cuerdas) sobre un tema derivado del canto gregoriano. En el centro de la pieza, el coro, apoyado por el clarinete bajo, el fagot y las dos trompas, responde con la segunda parte de la antífona:

Te decet hymnus, Deus in Sion,
et tibi reddetur votum in Ierusalem.
Qui audis orationem,
ad te omnis caro veniet
propter iniquitatem.
Te cantarán himnos, Dios, en Sión,
y se te ofrecerán votos en Jerusalén.
Tú que escuchas las plegarias,
a ti acuden todos los mortales
a causa de su maldad.


Posteriormente, el ricercare es sometido a retrogradación, diluyéndose lentamente.


Grabación: Orquesta de Córdoba y Coro Ziryab (Dir.: José Luis Temes)

I. Introito

Primera página del Introitus de Exequias (In memoriam Fernando Zóbel)


II. Graduale

a) Coro gregoriano:

Si ambulem in medio umbrae mortis
non timebo mala,
quoniam tu mecum es, Domine.
Aunque camine en medio de la sombra de la muerte
no temeré mal alguno,
porque Tú estás conmigo.


b) Número instrumental. El carácter misterioso del texto es evocado por medio de los timbres de la flauta en sol, el clarinete bajo y diversos instrumentos de percusión (exclusivamente membranas sin afinar: tom-toms, bongóes, bombo, pandero, tambores y tumbadoras). El diálogo establecido entre los dos instrumentos de madera, acompañados por la percusión, adquiere carácter de scherzo en la sección central.


II. Graduale

Primera página del Graduale de Exequias (In memoriam Fernando Zóbel)


III. Alleluia

a) Coro gregoriano:
Alleluia.
Laetatus sum in his quae dicta sunt mihi:
In domus Domini ibimus.
Aleluya.
Me alegré cuando me dijeron:
Iremos a la casa del Señor.


b) Número básicamente coral, con algunos apoyos de maderas y metales, así como del piano y de la percusión. El texto del coro mixto es el mismo que el empleado por el coro gregoriano. Aparece claramente el elemento tonal, armonizando las primeras notas del Alleluia gregoriano. En la primera sección se alternan cuatro solistas y el coro. La segunda consiste básicamente en la superposición de cuatro alleluias gregorianos: las voces, partiendo del unísono, se van dividiendo lentamente hasta alcanzar un divisi a veinte partes, de escritura puramente melismática. Una tercera sección cierra este número, recordando la primera y afianzando el clima tonal.


III. Alleluia

Primera página del Alleluia de Exequias (In memoriam Fernando Zóbel)


IV. Tractus

a) Coro gregoriano:

De profundis clamavi ad te, Domine.
Domine, exaudi vocem meam.
Desde lo más profundo te llamo, Señor.
Señor, escucha mi voz.


b) Sigue a continuación un número instrumental, el más largo de toda la obra, a cargo de clarinete bajo, fagot, trompas, trompetas, trombones, piano y percusión. Rememorando el texto gregoriano, los instrumentos parten de sus sonidos más graves hasta alcanzar los más agudos. El dramatismo es roto por un nuevo scherzo, básicamente a cargo del piano, que enseguida resuelve en la vuelta a los sonidos graves. Una brevísima coda por sonidos muy agudos pone término a la pieza.


IV. Tractus

Primera página del Tractus de Exequias (In memoriam Fernando Zóbel)


V. Offertorium

a) Coro gregoriano:

Miserere mihi, Domine,
secundum magnam misericordiam tuam.
Dele Domine iniquitatem meam.
Ten piedad de mí, Señor,
conforme a tu gran misericordia.
Señor, perdona mis culpas.


b) Número coral-instrumental. Se trata de un coral figurado a la manera clásica en cuanto a forma. Cada uno de los versículos

Illumina oculos meos
nequando obdormiam in morte,
nequando dicat inimicus meus
praevalui adversus eum.
Ilumina mis ojos
para que no me duerma en la muerte,
que mi enemigo no puede decir:
lo he dominado.


está separado de los demás por un fragmento más o menos extenso de música a cargo de la cuerda, siempre en matiz fortissimo. Los fragmentos de cuerda están escritos en un lenguaje absolutamente serial, mientras que los del coro consisten en una armonización plenamente tonal de la armonía gregoriano. El coro es acompañado de un soporte sonoro a cargo de la flauta en sol, el clarinete bajo, el fagot y la marimba.


V. Offertorium

Primera página del Offertorium de Exequias (In memoriam Fernando Zóbel)


VI. Communio

a) Coro gregoriano:

Lux aeterna luceat eis, Domine,
cum sanctis tuis in aeternum,
quia pius es.

Levabo oculos meos in montes,
unde veniet auxilium mihi?

Lux aeterna luceat eis, Domine,
cum sanctis tuis in aeternum,
quia pius es.
Brille ante sus ojos la luz perpetua
junto a los Santos y para toda la eternidad,
por tu misericordia.

Dirijo la mirada hacia los montes.
¿de dónde me llegará ayuda?

Brille ante sus ojos la luz perpetua
junto a los Santos y para toda la eternidad,
por tu misericordia.


b) Cadencia para flauta sola, basada en la célula final del canto gregoriano "quia pius es". Sin solución de continuidad, enlaza directamente con el último número:


VII. Processio ad cœmeterium

a) Se emplea en este número la plantilla instrumental completa, así como lo dos coros. El texto latino

Sitivit anima mea ad Deum vivum
quando veniam, et aparebo ante faciem Domini?
Mi alma tiene sed de Dios vivo.
¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?


sirve como cantus firmus, a un desarrollo de cuerdas y maderas, en el que poco a poco se va llegando al "climax", punto álgido de la procesión:

Quaemadmodum desiderat cervus fontes aquarum,
ita desiderat anima mea ad te, Deus.
Como el ciervo desea las corrientes de agua,
así te desea mi alma, Señor.


La retrogradación de la primera sección, hasta llegar a un pianissimo apenas perceptible, señala el fin de la marcha procesional, así como el de la obra.

VI. Communio
VII. Processio ad cœmeterium

Primera página de la Processio ad cœmeterium de Exequias (In memoriam Fernando Zóbel)


Enlace YouTube:

I. Introitus
II. Graduale
III. Alleluia
IV. Tractus
V. Offertorium
VI. Communio
VII. Processio ad coemeterium


Vídeo


Proyecto Luz (Sinfonismo español iluminado). Trailer de Luz III: Exequias para Fernando Zóbel


Orquesta de Córdoba y Coro Ziryab (dir.: Javier Sáenz-López). Dir.: José Luis Temes
Grabación realizada por Cezanne Producciones. Ingeniero de sonido: Javier Monteverde
Logotipo y diseño gráfico: Clara Deguines-Guillem
Cámaras y realización de vídeo: Julia R. de Haro y Marta Berzal (4 en Raya Producciones)
Idea, guión y dirección de vídeo: José Luis Temes

LUZ III fue patrocinado por la Fundación Impulsa (Junta de Castilla-La Mancha), con la colaboración de la Fundación Juan March



Críticas



El miércoles se estrena "Exequias", de José Luis Turina
Por Fernando Ruiz-Coca
(Artículo publicado en el diario Ya. Madrid, 2 de abril de 1985)


Dentro de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, el próximo miércoles se estrena la obra de José Luis Turina "Exequias", compuesta en memoria del pintor Fernando Zóbel, por la Orquesta Sinfónica Arbós, bajo la dirección de José Ramón Encinar, en la antigua iglesia de San Miguel.

No es fácil llevar dignamente un apellido como el de Joaquín Turina, que su nieto, José Luis, está revalidando, si bien por caminos muy diferentes, como es lógico, a los de su abuelo. En ambos se da testimonio de su tiempo. En la medida en que la situación cultural difiere entre uno y otro, sus obras, por las que conocemos su personalidad, definen las de ambos.
Nació en Madrid el joven Turina en 1952. Sus estudios universitarios y musicales -fueron sus maestros en composición García Abril, Bernaola y Rodolfo Halffter, de lo que se deduce la variedad de las incitaciones recibidas, luego ampliadas en Roma con Franco Donatoni- no se limitaron al campo de la creación. Así estudió también con Calés, Sopeña, Gallego, García Asensio, Genoveva Gálvez, Kriales y Carra. Es pues, un compositor con amplísimos horizontes técnicos y estéticos, lo que no quiere decir que haya acabado en el eclecticismo. Hay en sus obras, siempre seriamente construidas, un doble aspecto: la concienzuda estructuración y una cálida y prójima expresividad, una cosa en función de la otra, lo que, sin perder calidad, las hace fácilmente asequibles.
Ya son treinta y seis las partituras compuestas, la mayoría de carácter camerístico, aunque no falten las incursiones a la ópera, como en "Ligazón", que utiliza textos de Valle Inclán, estrenada en Cuenca hace tres años; o "Sin orden ni concierto", un cuento radiofónico para adultos, con el que la SER participó en el famoso "Prix Italia", en 1983. Tampoco la creación orquestal le es ajena: recordemos "Punto de encuentro", premiado por la Orquesta de Valencia; o "Pentimento", que, encargado por la Orquesta Nacional, lo estrenó el pasado año, bajo la dirección de López Cobos. Su "Crucifixus", página de fuerza impresionante, quedó finalista en el concurso Arpa de Oro, de las Cajas de Ahorro.
Como su abuelo, la docencia ocupa parte de su tiempo. Ha sido profesor de composición y director del Conservatorio de Cuenca de 1981 a 1984. Hoy lo es de armonía en el de Madrid. Ahora, para YA, comenta sus "Exequias en memoria de Fernando Zóbel".


Antecrítica
Por José Luis Turina

"Exequias (In memoriam Fernando Zóbel)" fue compuesta en Cuenca, entre los meses de septiembre a diciembre de 1984, obedeciendo a un encargo de la Semana de Música Religiosa y con el fin de ser estrenada en abril de 1985, durante la XXIV edición de la misma.
Fueron muchas las coincidencias que se dieron para que el encargo se fuera configurando poco a poco y adquiriese su forma definitiva. Por un lado, mi vinculación a la ciudad de Cuenca, en la que residí de 1981 a 1985, en virtud de mi ocupación como profesor, secretario y posteriormente director de su Conservatorio de Música. Por otro, el haber trabado allí amistad con Fernando Zóbel; el haber conocido la noticia de su muerte poco después de recibir el encargo; el haber asistido a la impresionante ceremonia de su entierro en el cementerio conquense de San Isidro… Todo ello me fue llevando hacia una obra en la que se reunieran, de alguna forma, dichas casualidades. El resultado ha sido una misa de réquiem dedicada a la memoria de Fernando Zóbel, con el título de "Exequias".
Estéticamente hablando, "Exequias" es una consecuencia lógica de la evolución de mi pensamiento musical. Básicamente atonal, está salpicada con frecuencia con fragmentos tonales e incluso modales derivados del empleo de las citas gregorianas que preceden a cada uno de los siete números y que sirven como nexo de unión entre cada uno de ellos. La plantilla (coro gregoriano, coro mixto de cámara y orquesta de cámara -madera, metales, percusión, piano y cuerdas-) no se presenta en su totalidad hasta el último número de la obra, con el fin de conseguir cierta variedad tímbrica, imprescindible dadas las dimensiones de la partitura (alrededor de cuarenta y cinco minutos).
Creo que "Exequias" es una obra que puede llegar fácilmente al público, incluso al no muy acostumbrado a la música actual. La tensión da paso muchas veces a una relajación de carácter muy lúdico, lo que puede facilitar enormemente el seguir el discurso musical sin demasiados problemas. En cualquier caso, se trata de mi más sentido homenaje a una de las más importantes figuras del arte actual.



Exequias (in memoriam Fernando Zóbel)
Por Carlos Gómez Amat
(Crítica leída en el programa De Música (S.E.R.). Madrid, 4 de abril de 1985)

Hablábamos ayer de la expectación suscitada por la nueva obra de José Luis Turina, encargo de la actual Semana. Hoy podemos afirmar que tal expectación era plenamente justificada, pues Exequias, estrenada en San Miguel, es una de las obras más considerables en el catálogo del compositor. En una lúcida nota del programa de mano, ejemplar en lo que se refiere a la explicación de motivos y realizaciones, Turina refiere génesis y desarrollo de esta especie de Requiem que ha escrito en memoria del gran pintor Fernando Zóbel, que tanto amaba a Cuenca y que reposa en su cementerio.
Podemos referirnos, pues, a un primer motivo de carácter romántico, ya que el músico confiesa su impresión emocional en el entierro de su admirado amigo. De ahí parte la obra, que termina precisamente con lo que, en lengua latina, se titula Procesión al cementerio. Todo lo demás puede tener carácter litúrgico, aunque no esté pensado para la celebración, sino para el concierto. La obra es larga; dura más de cincuenta minutos, pero su hábil división y su continua variedad son causa de que no llegue a pesar en ningún momento.
Nos admira en Exequias, no sólo la bella calidad de la música y el despliegue técnico, armónico y contrapuntístico, sino el planteamiento histórico, de calidad estética, con el que se produce una especie de síntesis artístico-religiosa, desde el conmovedor primitivismo del gregoriano hasta el lenguaje actual absolutamente libre, pasando por lo tonal, lo atonal y lo serial. José Luis Turina nos ofrece así una música de madurez, un arte nacido del conocimiento y de la reflexión, aplicados a las propias emociones. El autor fue ovacionado y aclamado junto a sus intérpretes.
Fue una gran versión. José Ramón Encinar es un especialista en lo contemporáneo, siempre analítico y seguro. Ha comprendido la obra y ha desentrañado su secreto. Muy bien la Schola Gregoriana Hispana que dirige Francisco Javier Lara, gregorianista prestigioso que procede de la escuela de Silos. El Coro Villa de Madrid, que dirige José María Barquín, es una agrupación de mérito. Suena y funciona perfectamente el grupo de cámara de la orquesta Arbós, con elementos jóvenes.
Hemos hablado de variedad en la nueva página de Turina. Esa variedad nos lleva a preferir los momentos en que actúa el coro con el grupo instrumental, y desde luego ese final en el que todos se unen en acertadísima amalgama expresiva.
[...]



Triunfal estreno de "Exequias", de José Luis Turina
Por Fernando Ruiz-Coca
(Crítica publicada en el diario Ya. Madrid, 5 de abril de 1985)


Dentro de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, el próximo miércoles se estrena la obra de José Luis Turina "Exequias", compuesta en memoria del pintor Fernando Zóbel, por la Orquesta Sinfónica Arbós, bajo la dirección de José Ramón Encinar, en la antigua iglesia de San Miguel.

Un año más, estos conciertos conquenses están manteniendo el alto interés que les han dado fama internacional, como lo prueban los varios musicólogos y críticos extranjeros -entre ellos, Longchamps, de "Le Monde", de París- que acuden a escucharlos como el justo contrapunto sonoro de las celebraciones de estos días santos.
El mayor interés estaba en el estreno mundial de "Exequias", de José Luis Turina (Madrid, 1952), nieto del famoso compositor de este apellido al que hace honor, compuestas en memoria del pintor Fernando Zóbel, fundador del Museo de Arte Abstracto de esta ciudad. Se trata de una misa de réquiem sobre textos latinos litúrgicos, de tres cuartos de hora de duración. El éxito ha sido muy grande, unánime y merecido. El joven Turina, que tiene entre sus maestros a García Abril, Bernaola y Rodolfo Halffter, posee una técnica compositiva concretísima, que le sirve de base sólida para, no deteniéndose en ella, hacer lo que, en definitiva, importa: música de fuerte y convincente comunicatividad. Resumiendo, podríamos decir que construye con un estructuralismo altamente expresivo.
Cada parte de la misa comienza con el canto gregoriano, que luego glosa, comenta y desarrolla en la orquesta y el coro, perfectamente ensamblados. Así, en el "Graduale" profundo y misterioso, en el que la percusión le sitúa en la herencia, muy personalmente asimilada, de Bartok; en el "Alleluia", que sustituye al habitual "Dies irae", el unísomo gregoriano se despliega en una riquísima polifonía de veinte partes reales. El "Tractus", "de profundis clamavi", en una admirable forma cerrada, comenzando en la región grave, se va elevando hasta los agudos, con un sentido descriptivo de la oración. Es inteligentísima y eficaz en el "Offertorium" la superposición funcional del sistema serial estricto, como fondo para la armonización tonal que del gregoriano canta el coro. En la "Communio" encontramos un melancólico solo de flauta, para enlazar con el último fragmento, "Processio ad coemeterium", en una tensión creciente que conduce a un clima sobrecogedor, que se va dividiendo hacia el final de la obra.
Confirma Turina en esta partitura unos saberes que le permiten en todo momento decir lo que quiere, queriendo decir mucho, situándose así entre las figuras más atractivas de su generación.
Todo ello fue expuesto con claridad y vigor por José Ramón Encinar, un maestro que, a sus treinta y un años, se revela en cada uno de sus conciertos como la más prometedora batuta juvenil española. La Schola Gregoriana Hispana, preparad por Francisco Javier Lara; el coro Villa de Madrid, que dirige José María Barquín, y un grupo de cámara de la orquesta Arbós, fueron los afortunados intérpretes de la dificilísima obra.
[…]



"Exequias", de José Luis Turina, relevante estreno absoluto
Por Leopoldo Hontañón
(Crítica publicada en el diario ABC. Madrid, 5 de abril de 1985)


He aquí uno de los conciertos en los que más deplora la servidumbre de la tasación del espacio: el celebrado la tarde del miércoles santo en la antigua iglesia de San Miguel. Tendría que comentar, con más extensión de la telegráfica que voy a utilizar, muchas cosas. Su atención -con presencia del joven autor de la obra del encargo y director también joven, ambos españoles- al Año Internacional de la Juventud; la idéntica atención al Europeo de la Música con la programación de "Las siete palabras de Cristo en la Cruz", de Heinrich Schutz, en el cuarto centenario de su nacimiento; el recuerdo, a través de la obra estrenada, a quien estrechamente estuvo ligado al acontecer cultural de Cuenca, Fernando Zóbel; los estupendos conciertos previos que habían protagonizado, el lunes y el martes, los magníficos grupos Coro Gulbenkian, dirigido por Fernando Eldoro, y The Tallis Scholars, y, naturalmente, la propia obra-encargo y su traducción, son las principales. Pero sólo es posible, y ello estrechando al máximo los juicios, escribir sobre el concierto en concreto.
La asistencia de José Luis Turina (1952) al entierro de Fernando Zóbel; la impresión vivísima que le causaron el silencio sobrecogedor con que fueron recibidos sus restos en la Plaza Mayor conquense y la posterior marcha a pie hasta el cementerio de San Isidro, fueron las razones que le indujeron a convertir el encargo de la XXIV Semana en un homenaje a la memoria del pintor. "Durante esa marcha -dice el compositor- surgió el germen de Exequias. La idea primitiva, puramente instrumental, quería ser una Procesión al cementerio, pero poco a poco fue desarrollándose, enriqueciéndose con la introducción de material tomado de la liturgia gregoriana, que me llevó a la composición de una Misa de réquiem basada en la liturgia actual, a la que decidí añadir un número más: Processio ad coemeterium".
Hasta aquí el autor. Por mi parte, debo decir en seguida que "Exequias" -escrita para coro gregoriano y coro mixto de cámara, con conjunto, además de flautas, clarinete bajo, fagot, trompas, trompetas, trombones, piano, percusión y un reducido grupo de cuerda- me ha parecido una de las más importantes páginas españolas que se hayan podido componer por autores de edad pareja, o inferior, a la que actualmente tiene Turina. Perfecta en su planteamiento formal, absolutamente nada pesante, en ninguno de los amplios minutos -cuarenta y cinco- de su curso, son otras dos, sin embargo, las notas que me parece que la caracterizan con más nitidez: su riquísima variabilidad expresiva y la meridiana claridad explicativa del pensamiento y de la ideación creadores. Notas ambas que hallan base y fundamento en tres dicotomías contrastantes -aparte, naturalmente, de la que enfrenta al gregoriano con lo actual-, tan adecuadas teleológicamente al encargo, como espléndidamente trabajadas: pesar-esperanza, para el clima general de la obra; tonalismo-atonalismo (en el sentido amplio de este último término), como procedimiento expresivo-estructural, al paso que coadyuvante en la consecución del binomio caracterológico anterior; y camerismo-"tutti" orquestal. Cabría desarrollar ampliamente este esbozo de análisis. Podrían señalarse sutiles pasajes del agridulce clima perseguido; repasarse las sucesivas formaciones instrumentales, tan inteligentemente dispuestas, o las hábiles simultaneidades de lo tonal y lo no tonal; relacionarse, mudando todo lo que hay que mudar, claro, el tratamiento paracamerístico de grupos separados -la plantilla completa se utiliza únicamente en la "processio" final-, con sistemas empleados en nuestra mejor vanguardia del 51 (pienso en "Heterofonías" o en "Impulsos", de Bernaola)… Quede simplemente apuntado todo ello.
La versión que nos proporcionó del estreno José Ramón Encinar (1954) se me antoja modélica. Me parece que supo no sólo prestar unidad al todo, lo que resulta complicado por la diversificación prosódica e intencional de sus episodios, sino subrayar también los múltiples detalles internos que destacan progresivamente el texto. Le respondieron de magnífica manera la Schola Gregoriana Hispana, el Coro Villa de Madrid y el Grupo de Cámara de la Orquesta Arbós.
[…]



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Partitura general de Exequias (In memoriam Fernando Zóbel)

Partitura de Coro y reducción de Exequias (In memoriam Fernando Zóbel)