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Exequias (In memoriam Fernando Zóbel)

Para Coro gregoriano, Coro mixto y Orquesta


A comienzos de 1984, tras recibir del entonces director de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, Pablo López de Osaba, el encargo de componer una obra para ser estrenada en la 24ª edición de dicho festival, estuve barajando varios temas, algunos muy atrayentes, sin llegar a decidirme definitivamente por ninguno de ellos. Por entonces conocí la triste noticia de la muerte de Fernanzo Zóbel, y a los pocos días asistí a su entierro, en el cementerio de San Isidro de Cuenca.
Este último hecho provocó que mis no muy claros proyectos con respecto a la obra-encargo de la Semana de Música Religiosa fueran abandonados –o quizá pospuestos- y sustituidos por un homenaje a la memoria de Zóbel, idea que me cautivó desde el principio por la gran cantidad de coincidencias que se daban en ella: la relación entre Cuenca y Zóbel, así como entre Zóbel y la música, y mi propia relación musical con Cuenca y con Zóbel...
Conocía a Fernando Zóbel en el mes de julio de 1982, en el estreno de mi ópera Ligazón, celebrado en la Iglesia de San Pablo de Cuenca. A lo largo de ese mismo mes se celebró en el conservatorio de música conquense, del que por entonces yo era profesor y secretario, el I Curso Internacional de Música para Jóvenes Intérpretes. Zóbel asistía casi a diario a las clases de música de cámara que impartía Luis Rego, abiertas a todos cuantos quisieran oírlas. Gran amante de la música (la flauta era su instrumento predilecto, que incluso tocaba), tomaba apuntes y bocetos en una libreta que me llamó la atención por sus reducidas dimensiones. Durante aquellos días lo traté con frecuencia, aunque siempre dentro de un entorno multitudinario y jocoso, formado por alumnos del curso, que invitaba poco a mantener con él una conversación interesante, cosa que no conseguí ni entonces ni después. Posteriormente le vi muy contadas veces, siempre en Cuenca y siempre en algún acto musical.
Sería inútil por mi parte tratar de glosar aquí la figura de Fernando Zóbel. Tan sólo deseo dejar constancia de mi admiración hacia él, al artista y a la persona. Y me emociona decir, precisamente en estas notas, que una de las impresiones más fuertes que he recibido en mi vida fue la de la llegada del féretro que contenía sus restos mortales a la Catedral de Cuenca. El sobrecogedor silencio con que fueron recibidos en la Plaza Mayor, abarrotada de gente absolutamente dispar; el funeral; la marcha a pie hasta el cementerio de San Isidro...
Precisamente durante esa marcha surgió el germen de Exequias. La idea primitiva, puramente instrumental, quería ser una "Procesión al cementerio", pero poco a poco fue desarrollándose, enriqueciéndose con la introducción de material tomado de la liturgia gregoriana, que me llevó a la composición de una "Misa de Requiem" basada en la liturgia actual (Introitus, Graduale, Alleluia, Tractus, Offertorium y Communio), a la que decidí añadir un número más: Processio ad coemeterium. La estructura del requiem antiguo (recordemos los célebres de Mozart, Verdi, Berlioz), más lúgubre y tremendista, no se ajustaba tan bien a mis propósitos como la del actual, más esperanzadora (baste resaltar una gran diferencia entre una y otra: la sustitución del Dies irae por el Alleluia). Decidí asimismo no emplear el término "Requiem" como título de la obra, por evitar odiosas comparaciones, y utilizar la plabra "Exequias" en su lugar.
Exequias (In memoriam Fernando Zóbel) fue escrita entre Cuenca y Madrid, entre los meses de septiembre y diciembre de 1984. Además de un coro gregoriano y un coro mixo de cámara, empleo en ella la siguiente plantilla instrumental: flautas en do y en sol, clarinete bajo, fagot, dos trompas, dos trompetas, dos trombones, piano, percusión y un reducido grupo de cuerda. Dada la extensa duración de la obra (alrededor de 45 minutos) y la densidad de su escritura, procuré desde el principio distribuir el material a mi disposición para conseguir suficientes contrastes en la instrumentación de los diversos números. Sólo en el último, Processio ad coemeterium, empleo la plantilla orquestal completa. Cada número instrumental o coral-instrumental va precedido del canto gregoriano propio de la misa de difuntos.
Exequias fue estrenada el 3 de abril de 1985 en la Iglesia de San Miguel de Cuenca, en interpretación del coro Schola Gregoriana Hispana, el coro "Villa de Madrid" dirigido por José María Barquín, y la Orquesta Sinfónica de Madrid, todos ellos dirigidos por José Ramón Encinar. En 2014 fue llevada al CD por el sello Verso, en una grabación interpretada por la Orquesta de Córdoba y el Coro Ziryab dirigidos por José Luis Temes.

He aquí, por último, el plan formal de Exequias, con los textos correspondientes a cada sección:

I. Introitus

a) Coro gregoriano:

Requiem aeternam dona eis, Domine,
et lux perpetua luceat eis.


b) Número coral-instrumental. Ricercare a 11 partes (cuerdas) sobre un tema derivado del canto gregoriano, En el centro de la pieza, el coro, apoyado por el clarinete bajo, el fagot y las dos trompas, responde con la segunda parte de la antífona:

Te decet hymnus, Deus in Sion,
et tibi reddetur votum in Ierusalem.


Posteriormente, el ricercare es sometido a retrogradación, diluyéndose lentamente.


II. Graduale

a) Coro gregoriano:

Si ambulem in medio umbrae mortis
non timebo mala,
quoniam tu mecum es, Domine.


b) Número instrumental. El carácter misterioso del texto es evocado por medio de los timbres de la flauta en sol, el clarinete bajo y diversos instrumentos de percusión (exclusivamente membranas sin afinar: tom-toms, bongóes, bombo, pandero, tambores y tumbadoras). El diálogo establecido entre los dos instrumentos de madera, acompañados por la percusión, adquiere carácter de scherzo en la sección central.


III. Alleluia

a) Coro gregoriano:

Alleluia.
Laetatus sum in his quae dicta sunt mihi:
in domus Domini ibimus.


b) Número básicamente coral, con algunos apoyos de maderas y metales, así como del piano y de la percusión. El texto del coro mixto es el mismo que el empleado por el coro gregoriano. Aparece claramente el elemento tonal, armonizando las primeras notas del Alleluia gregoriano. En la primera sección se alternan cuatro solistas y el coro. La segunda consiste básicamente en la superposición de cuatro alleluias gregorianos: las voces, partiendo del unísono, se van dividiendo lentamente hasta alcanzar un divisi a veinte partes, de escritura puramente melismática. Una tercera sección cierra este número, recordando la primera y afianzando el clima tonal.


IV. Tractus

a) Coro gregoriano:

De profundis clamavi ad te, Domine.
Domine, exaudi vocem meam.


b) Sigue a continuación un número instrumental, el más largo de toda la obra, a cargo de clarinete bajo, fagot, trompas, trompetas, trombones, piano y percusión. Rememorando el texto gregoriano, los instrumentos parten de sus sonidos más graves hasta alcanzar los más agudos. El dramatismo es roto por un nuevo scherzo, básicamente a cargo del piano, que enseguida resuelve en la vuelta a los sonidos graves. Una brevísima coda por sonidos muy agudos pone término a la pieza.


V. Offertorium

a) Coro gregoriano:

Miserere mihi, Domine,
secundum magnam misericordiam tuam.
Dele Domine iniquitatem meam.


b) Número coral-instrumental. Se trata de un coral figurado a la manera clásica en cuanto a forma. Cada uno de los versículos

Illumina oculos meos
nequando obdormiam in morte,
nequando dicat inimicus meus
praevalui adversus eum.


está separado de los demás por un fragmento más o menos extenso de música a cargo de la cuerda, siempre en matiz fortissimo. Los fragmentos de cuerda están escritos en un lenguaje absolutamente serial, mientras que los del coro consisten en una armonización plenamente tonal de la armonía gregoriano. El coro es acompañado de un soporte sonoro a cargo de la flauta en sol, el clarinete bajo, el fagot y la marimba.


VI. Communio

a) Coro gregoriano:

Lux aeterna luceat eis, Domine,
cum sanctis tuis in aeternum,
quia pius es.

Levabo oculos meos in montes,
unde veniet auxilium mihi?

Lux aeterna luceat eis, Domine,
cum sanctis tuis in aeternum,
quia pius es.


b) Cadencia para flauta sola, basada en la célula final del canto gregoriano "quia pius es". Sin solución de continuidad, enlaza directamente con el último número:


VII. Processio ad coemeterium

a) Se emplea en este número la plantilla instrumental completa, así como lo dos coros. El texto latino

Sitivit anima mea ad Deum vivum
quando veniam, et aparebo ante faciem Domini?


sirve como cantus firmus, a un desarrollo de cuerdas y maderas, en el que poco a poco se va llegando al "climax", punto álgido de la procesión:

Quaemadmodum desiderat cervus fontes aquarum,
ita desiderat anima mea ad te, Deus.


La retrogradación de la primera sección, hasta llegar a un pianissimo apenas perceptible, señala el fin de la marcha procesional, así como el de la obra.


José Luis Turina

Enlace YouTube:

I. Introitus
II. Graduale
III. Alleluia
IV. Tractus
V. Offertorium
VI. Communio
VII. Processio ad coemeterium