José Luis Turina, músico de estirpe

por Martín Llade

Publicada en el nº 6 de la revista Excelentia (Madrid, noviembre de 2019)


Pregunta.- Apellidarse Turina no es cosa baladí, porque remite a uno de los compositores más importantes de nuestro país. ¿Le impuso respeto esa circunstancia cuando decidió dedicarse a la composición?
Respuesta.- Siendo condiscípulos de Carmelo Bernaola en el curso “Manuel de Falla” de Granada allá por el año 1978, Benet Casablancas me dijo un día: “¡Qué valor tienes! ¡Apellidarte Turina y querer dedicarte a la composición! Si yo me llamase Benito Beethoven sería cualquier cosa menos músico…”. Pues no sé si fue valor o inconsciencia, pero en ese momento yo ya había abandonado definitivamente mi intención de ser violinista –que es lo que me habría gustado y por lo que me inicié en el aprendizaje de la música a una edad tan tardía como los 17 años-, y el mundo de la composición se me abría con una perspectiva amplia y en la que me sentía bastante seguro. Luego todo consistió, en los años posteriores, en conseguir una técnica sólida que me permitiera desarrollar mi propia personalidad creativa, que 40 años después se mueve aún en un terreno en el que hay muchas oscilaciones y en el que me encuentro muy a gusto.

P.- Usted nació tres años después de la muerte de su abuelo. ¿Qué imagen le ha quedado de él a través de su familia?
R.- De la familia no te puedes fiar, porque hay siempre un componente de subjetividad inevitable que hace que la imagen que te llegue de alguien a quien no conociste resulte deformada o poco ajustada a la realidad. Como afortunadamente esa imagen está complementada por el hecho de haber podido estudiar con algunos alumnos directos de mi abuelo, creo que eso hace que esté más definida y me permite asegurar que, aparte de un gran músico, se trataba de una gran persona: muy cordial y generoso, con excelentes dotes para la docencia y para la gestión –su paso por la Comisaría de la Música en la década de 1940, ya al final de su vida, fue muy fructífero para la vida musical española de ese momento–, y con un gran sentido del humor que se puede comprobar perfectamente en sus escritos.

P.- ¿Cree que Turina, a pesar de su fama, es bien conocido por el público? ¿O acaso la fama de obras como la Sinfonía sevillana, las Danzas fantásticas o La oración del torero han eclipsado otros aspectos de su producción?
R.- No hay ningún compositor que se libre de eso, si ha tenido la suerte de “atinar” con dos o tres obras maestras –y ésas lo son, qué duda cabe–. Y en estos casos el resto de la producción –que en el caso de mi abuelo es bastante amplia, ya que se extiende a 104 obras catalogadas– siempre queda ligeramente a la sombra. Para mí su mejor grupo de obras es el camerístico, que le hace brillar con luz propia en el panorama de la composición española de ese periodo, ya que ni Albéniz ni Falla prestaron atención a ese género, y sólo Granados se le acercó un poco con un par de obras. Por el contrario, mi abuelo escribió nada menos que 16 obras de cámara, integradas por tres cuartetos de cuerda (ya que como tal hay que considerar La oración del torero, en su transcripción efectuada por su autor del original para cuarteto de laúdes), tres tríos con piano, un cuarteto con piano, un quinteto con piano, y cinco dúos para violín y piano. Y son verdaderamente curiosas las tres obras que restan hasta completar las 16 citadas, por lo poco representativas de las agrupaciones convencionales del género: un sexteto para viola principal, piano y cuarteto de cuerda titulado Escena andaluza; una suite de nueve números, cada uno de los cuales está compuesto para una agrupación diferente a partir de la voz, el piano y el cuarteto de cuerda, denominada Las Musas de Andalucía; y un Tema y Variaciones para arpa y piano. Como puede comprobarse, en todas ellas brillan por su ausencia los instrumentos de viento, y por esa razón –entre otras- uno de mis últimos trabajos ha sido instrumentar para quinteto de viento –un compositor tiene que hacer de todo– cuatro importantes obras suyas: la suite Sevilla, op. 2, La oración del torero, la primera serie de las Danzas gitanas y la segunda serie de las Mujeres españolas. Esos arreglos están dedicados al Azahar Ensemble, formado en 2010 en el seno de la JONDE, y grabados en un CD de muy reciente publicación titulado “Turina X Turina”.

P.- Su obra es ingente y también su discografía. ¿Cómo lograr alternar la composición con sus labores como director?
R.- El trabajo como director artístico de la JONDE es de una gran intensidad, ya que aparte de los encuentros y giras de la orquesta se realiza una intensa labor de gestión y preparación de todo ello durante todo el año en la sede administrativa de la Orquesta, en el Auditorio Nacional de Música de Madrid. Ello me ha obligado durante todos estos años a bajar el gas de mi ritmo creativo, que de ese modo he podido mantener aplicando mucha cautela a la hora de aceptar determinados encargos. Siempre digo en broma que me he convertido en un compositor formato A4, para poder trabajar a salto de mata en autobuses, aeropuertos, cafeterías, parques… es decir, espacios en los que me veo obligado a pasar mucho tiempo y en los que es imposible desplegar una partitura de gran formato.

P.- En su catálogo como compositor hay constantes referencias al arte y la literatura españoles a través de su historia, desde el músico Alonso Mudarra hasta Isaac Albéniz, los poetas Lope de Vega, Góngora, Bergamín, Quevedo, Luis Cernuda, el pintor Fernando Zóbel o el cineasta Segundo de Chomón. ¿Tiene en mente alguna figura en la actualidad sobre la que trabajar en una nueva obra?
R.- A todos esos nombres habría que añadir los de Santa Teresa, Gabriel Celaya, García Lorca, Valle-Inclán, Rosalía de Castro, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Gerardo Diego, y muy especialmente los de Agustín García Calvo y Justo Navarro, con los que he tenido la oportunidad de colaborar directamente en mis obras Musica ex lingua y D.Q. (Don Quijote en Barcelona). No tengo actualmente prevista ninguna obra vocal o instrumental a partir de referencias similares, sean literarias, musicales o pictóricas, pero naturalmente no lo descarto.

P.- Una de sus obras más aplaudidas es D.Q. (Don Quijote en Barcelona), que estrenó en colaboración con la Fura dels Baus. ¿Qué recuerdos le trae a la memoria aquel proyecto?
R.- D.Q. fue una obra aplaudida, pero también abucheada a partes iguales. En ese sentido constituyó una experiencia única, que no se da habitualmente en las salas de conciertos, en los que la relación con el público es muy diferente. El estreno y las representaciones de D.Q. me han dejado recuerdos agridulces en ese sentido, pero hay que tener en cuenta que aunque en una ópera el músico se lleva la parte del león –y yo fui el que menos mal parado salió, todo hay que decirlo–, se ponen en juego tantos componentes que al final es difícil saber qué es lo que se juzga en una crítica, o en la reacción de un público que asiste muy prejuiciado, como fue el caso dado el gran despliegue mediático de los días previos y las expectativas un tanto desmedidas que se habían generado a raíz de algunas declaraciones muy provocativas de La Fura dels Baus (muy en su línea, por otra parte). Pero en todo caso, y junto con el espectáculo escénico-musical La raya en el agua, de unos años antes, la composición y el proceso de ensayos y preparación de D.Q. han sido mis dos mejores experiencias como compositor.

P.- ¿Son quijotes actualmente los compositores españoles?
R.- ¡Por supuesto! Baste con decir que en las circunstancias actuales de superficialidad y frivolidad de la programación, dudo mucho que me decidiera profesionalmente por la composición si tuviera que empezar ahora.

P.- Pronto este periodo que inició con la JONDE en 2001 llegará a su fin. ¿Qué sentimientos le produce la idea de jubilarse como director artístico tras casi dos décadas al frente de esta orquesta?
R.- Supongo que como toda persona que se jubila en plenas facultades de un trabajo que le apasiona tendré sentimientos encontrados, pero como hace tiempo que los padezco lo único que voy a hacer va a ser cambiar unos por otros. Los últimos años están siendo especialmente duros por un exceso de burocracia que complica enormemente una gestión que, en el caso de instituciones dedicadas a una actividad artística, debería ser muy ágil y flexible. En ese sentido me sentiré muy aliviado; pero en lo que respecta al disfrute de trabajar con gente joven, entusiasta y de mucho talento, estoy seguro de que es algo que voy a echar de menos.

P.- ¿Podría citarnos algún concierto memorable de estos años como director artístico de la JONDE?
R.- Ha habido tantos que me cuesta trabajo recordar uno que destaque sobre muchos otros, pero podría citar el que dimos en Madrid en la primera edición del Día de la Música del CNDM, con cuatro sinfonías de Beethoven dirigidas por Jesús López Cobos en 2013; o el dirigido por Antoni Ros Marbá en 2010, con Christophe Coin como solista del Concierto en Do de Haydn; o la Noche transfigurada de Schoenberg dirigida por Gunther Pichler en el Festival de Granada de 2014; o los Gurrelieder dirigidos por Josep Pons en el Auditori de Barcelona, en un encuentro celebrado conjuntamente con la Jove Orquestra Nacional de Catalunya; o… Hay tantos que me cuesta mucho destacar uno sobre otro.

P.- En un periodo tan dilatado les ha tocado afrontar de lleno la crisis. ¿En qué medida les afectó y cuál es su percepción respecto a este momento en que usted pondrá punto final a su labor aquí?
R.- La crisis económica afectó directamente a la línea de flotación de la JONDE, ya que en cuestión de unos pocos años llegamos a perder un tercio del presupuesto de que disponíamos antes. Y eso, en el caso de una institución pública, pasó a significar una reducción drástica de la actividad. Había habido años en que la JONDE llegó a realizar hasta siete encuentros, entre sinfónicos y de cámara. En el momento actual, y más con las nuevas exigencias administrativas, es difícil sobrepasar el número de dos encuentros sinfónicos y otros dos de cámara anuales, y no parece que la cosa tenga visos de mejorar en el futuro próximo.

P.- ¿Qué ha de hacer un joven músico que desee ingresar en la JONDE? ¿Qué requisitos se le exigen?
R.- Para empezar, tiene que ser mayor de edad y no tener más de 24 años, y haber terminado los estudios de grado medio de su instrumento, lo que garantiza que todos los integrantes de la JONDE están realizando algún curso del grado superior o lo han terminado ya. Y como es lógico, superar una audición muy rigurosa –derivada en gran parte del elevadísimo número de solicitudes para realizarla, que en las últimas convocatorias ha rebasado ya el número de 1.200- en la que se deben demostrar las capacidades técnicas y musicales de los candidatos. Los seleccionados en esas pruebas pasan a formar parte de la Bolsa de Instrumentas de la orquesta, que actualmente está por encima de los 250 integrantes. Estos son llamados por orden de lista para completar la plantilla que se necesita para cada Encuentro, que en función del repertorio puede oscilar entre los 60 músicos de una orquesta clásica a los 110 o más que se requieren para interpretar una gran obra de Bruckner o Mahler.

P.- ¿Qué lugar ocupa la música contemporánea dentro del repertorio de la JONDE?
R.- Uno muy destacado, y no lo es tanto porque yo pueda tener mucho interés en ello dada mi condición de compositor, sino porque creo sinceramente que debe formar parte de la formación integral de cualquier instrumentista. Eso llevó a la creación en 2003, dentro de la JONDE, de una Academia de Música Contemporánea en la que se trabajaban de forma muy especializada las obras más representativas de ese repertorio, y luego, una vez cumplido su cometido inicial, a su disolución al normalizarse la música contemporánea en la programación habitual de la orquesta. La pregunta se contesta, por otra parte, con algunos datos estadísticos incuestionables: entre 1984 (año de presentación de la JONDE) y 2018 (último del que tenemos datos), la orquesta ha interpretado 1.524 obras, entre sinfónicas y de cámara, de las que 550 corresponden a autores vivos o recientemente fallecidos, con 65 estrenos de los que 62 eran de compositores españoles. Para que quede más claro –en porcentajes–, un 36% del repertorio programado durante esos 34 años ha sido contemporáneo, y de éste casi un 12% ha estado constituido por estrenos absolutos. Los números hablan por sí mismos y no creo que nadie pueda poner en duda la dedicación de la JONDE hacia la creación contemporánea.

P.- ¿Qué relación tiene la JONDE con otras orquestas de similares características del extranjero? ¿Han realizado intercambios?
R.- El nivel de los jóvenes músicos españoles ha crecido tanto en los últimos años (de hecho, España es desde hace bastante tiempo el país más representado –con cerca de un 20% de la plantilla– en las dos principales orquestas jóvenes europeas, la EUYO (Joven Orquesta de la Unión Europea) y la GMJO (Joven Orquesta Gustav Mahler), y eso lleva a que las jóvenes orquestas nacionales de los diferentes países nos pidan de forma habitual que les enviemos músicos para colaborar en sus proyectos, de la misma forma que los suyos participan en los nuestros. En ese sentido, la JONDE participa activamente en dos grandes programas de intercambios internacionales: por un lado, con Europa a través del programa MusXchange de la EFNYO (Federación Europea de Jóvenes Orquestas Nacionales), sostenido con fondos de la Unión Europea y en el que participan por término medio unos 50 jóvenes músicos españoles cada año; y por otro, con Iberoamérica a través del programa Iberorquestas Juveniles de la SEGIB (Secretaría General Iberoamericana), en el que un promedio anual de unos 35 miembros de la JONDE colaboran como instrumentistas y como docentes con los sistemas orquestales infantiles y juveniles de los países adscritos a dicho programa, entrando de ese modo en contacto con una realidad muy distinta, en lo musical y en lo social, de la que vuelven completamente transformados.

P.- Háblenos de los encuentros que celebra anualmente la Joven Orquesta Nacional de España.
R.- Los encuentros son el núcleo de la actividad de la JONDE, y cuando no se celebran toda la gestión consiste en prepararlos, lo que no resulta nada fácil teniendo en cuenta la muy distinta procedencia de los participantes, el hecho de no disponer de una sede fija (el Auditorio Nacional de Música de Madrid es sede sólo administrativa) y, por qué no decirlo, de cierta desconfianza de programadores y festivales hacia las orquestas jóvenes, cuando en muchas ocasiones éstas pueden llegar a ofrecer conciertos de una calidad idéntica –si no superior– a la de las orquestas profesionales, y más en los últimos años, en que el nivel de los jóvenes instrumentistas ha subido espectacularmente, como ya apunté más arriba. Se celebran en número de cuatro o cinco anuales (al menos dos de ellos tienen carácter sinfónico), y siguen un modelo común a todas las orquestas jóvenes, con independencia de su nacionalidad o de la Comunidad Autónoma a la que pertenecen: una primera fase de ensayos parciales y seccionales, tutelada por profesores de las diferentes secciones instrumentales; una segunda, en la que el director invitado –la JONDE no tiene director musical fijo, por lo que para cada encuentro se invita a un director diferente, con el que se acuerda el repertorio y asimismo el profesorado al que se le encomienda su preparación– se encarga de pulir en ensayos de conjunto lo que previamente trabajaron los profesores por separado; y finalmente una gira de conciertos, que puede ser más o menos larga en función de las posibilidades de tocar en diferentes teatros, auditorios, festivales, etc. Al menos uno de los encuentros –normalmente el de verano– tiene una gira de dos o tres conciertos en algún país extranjero, actuando con mucha frecuencia, casi bianual, en el Festival Young.Euro.Classic de Berlín, el más importante de los dedicados a orquestas jóvenes.

P.- Para finalizar, ¿qué hará el día después de jubilarse como director artístico de la JONDE?
R.- Pues teniendo en cuenta que yo soy profesionalmente bipolar, y que me jubilaré solamente de una de mis ocupaciones, mi intención es entregarme plenamente a la otra, dedicando todo el tiempo disponible a la composición y, dentro de ella, a la difusión de mi música, que he dejado bastante de lado durante todos estos años en los que la dirección artística de la JONDE ha absorbido casi la totalidad de mi trabajo.