El Poema de una Sanluqueña, op. 28, de Joaquín Turina

(Notas para el folleto del CD de la Orquesta Sinfónica de RTVE, dirigida por Luis Izquierdo)


Después de Sevilla, bien podría decirse que Sanlúcar de Barrameda es la "segunda patria chica" musical de Joaquín Turina, ya que, además de haber sido nombrado Hijo Adoptivo de dicha ciudad en 1922, bajo su sugestión fueron escritas dos obras bien significativas de su catálogo. Por un lado, la muy importante sonata pianística "Sanlúcar de Barrameda", op. 24, de 1921, que constituye una de las cimas del piano español de la primera mitad del siglo: si su tratamiento técnico, complejo y extremadamente virtuosista, la hacen heredera de la "Suite Iberia" de Albéniz, su rigor constructivo y la ambición de su envergadura la sitúan un paso por delante de aquélla, al intentar conciliar el exuberante tratamiento instrumental con los postulados formales de la escuela de César Franck, que Turina, tras su paso por la "Schola Cantorum", importó para España a su vuelta de París, en 1913. Por otro, este "Poema de una Sanluqueña", op. 28, compuesto en 1923, sólo dos años después que la sonata pianística, para la formación camerística violín-piano.
Curiosamente, ninguna de estas dos obras figura entre la música más divulgada de su autor, aunque el "Poema" goza de una relativa mayor difusión, sin duda debido al hecho del escaso número de obras españolas compuestas para violín y piano, frente a la hiperabundante producción pianística. Probablemente, Turina haya sido el autor que mayor atención prestara en España al dúo violín-piano, de entre los compositores de su generación: repasando su catálogo nos encontramos, además del "Poema", con las importantes "Sonata nº 1", op. 51, y "Sonata nº 2", op. 82 ("Sonata española"), las "Variaciones clásicas", op. 72, un número de la colección "Las Musas de Andalucía", op. 93 (concretamente el nº 2, titulado "Eutherpe: en plena fiesta"), y una de sus últimas obras: el "Homenaje a Navarra", op. 102. Resulta además significativa la existencia de una primeriza "Sonata española" que, aunque rigurosamente contemporánea de su "Quinteto", op. 1, fue desechada por su autor, sin duda por considerarla de estilo poco personal e indefinido.
"El Poema de una Sanluqueña", al igual que su paisana, la sonata "Sanlúcar de Barrameda", es una sólida obra en cuatro movimientos, a lo largo de los cuales circulan un par de ideas temáticas unificadoras. Ello es ya más que suficiente para detectar la fortísima influencia que para Turina supusieron los postulados cíclicos de César Franck, y muy concretamente la "Sinfonía en Re menor" y su "Sonata" para violín y piano, cuya forma global adoptara para la composición de estas dos obras. Como es de rigor, es en el primer movimiento, titulado "Ante el espejo", donde se exponen las dos ideas temáticas referias: a un sombrío y melancólico andante sigue un allegretto que sirve de tempo a la primera idea, de marcado carácter popular. El movimiento acaba con un segundo andante, en el que se expone la segunda idea, denominada "Himno a la Belleza". El segundo movimiento ("La Canción del Lunar") hace las veces de scherzo; su carácter y la fórmula que sirve de acompañamiento al violín solista nos recuerda una página bien conocida de Turina: los "Cantares", del "Poema en forma de canciones", op. 19. "Alucinaciones" es el sugestivo título del tercer movimiento. En él aparece de nuevo la idea temática popular, seguida del punto culminante de la obra, en que el "Himno a la Belleza" adquiere una gran solemnidad. La obra se cierra en el movimiento titulado "El Rosario en la Iglesia", de carácter contemplativo, donde se dan cita de nuevo ambas ideas temáticas. Hacia el final, el tema popular se transforma hondamente, hasta adquirir un carácter casi religioso, a lo que ayuda la evocación de sonidos de campanas presentes durante buena parte de este fragmento.
"Este poema –comentó Turina– está inspirado en la siguiente frase que oí decir a una muchacha de Sanlúcar: ‘Las sanluqueñas no se casan y los sanluqueños se casan con las forasteras’. A fuer de sanluqueño adoptivo quise romper una lanza en favor de mis paisanas, estas bellas andaluzas que viven en triste y perpetuo ensueño. No se trata de una obra descriptiva, sino de un ensayo que pudiera considerarse como un estado del alma; es decir, que pretendo expresar un aspecto emocional completamente sugestivo. Esto contrasta con mis obras anteriores, como "La Procesión del Rocío", por ejemplo, que son puramente descriptivas."
"El Poema de una Sanluqueña", dedicado "a las muchachas de Sanlúcar, se estrenó en el Teatro Victoria de Sanlúcar de Barrameda el 20 de julio de 1924, a cargo del violinista Manuel Romero y del propio autor al piano. A lo largo de 1925, Turina procedió a orquestar, para la Orquesta Bética de Sevilla, los dos primeros movimientos de la obra. Son desconocidos tanto los datos referentes a una posible interpretación de dicha instrumentación, como las causas por las que los dos últimos movimientos quedaron sin orquestar. En 1980 me cupo el honor de recibir una invitación de la Orquesta Bética para terminar el trabajo iniciado por Joaquín Turina, concluyendo la orquestación en enero de 1981, y estrenándose la versión completa en el claustro del monasterio de San Jerónimo de Buenavista de Sevilla el 18 de septiembre de 1982, dentro del II Festival Internacional de Música y Danza de Sevilla, dedicado ese año a Joaquín Turina en conmemoración del centenario de su nacimiento, y actuando como intérpretes el violinista Pedro León y la Orquesta Bética Filarmónica de Sevilla bajo la dirección de Luis Izquierdo.
Por tratarse de algo obvio, creo que poco hay que añadir sobre la dificultad que entraña el completar un trabajo iniciado por otro, sobre todo cuando el mismo contiene, como en ese caso, grandes dosis de imaginación y contenido artístico en las que no tienen por qué coincidir quien inicia el trabajo y quien lo termina. Una tarea así debe abordarse con ilusión y entusiasmo, pero también con humildad y modestia; y, armado con esos cuatro elementos, quise realizar la instrumentación que Turina podría haber hecho: adopté la plantilla de los dos números existentes; estudié cuidadosamente la orquestación de los fragmentos "comunes" a los distintos movimientos (los postulados cíclicos de César Franck fueron de una gran ayuda en esta ocasión); y no tuve inconveniente en travestir mi propia forma de hacer con los distintos ropajes tímbricos característicos de la música orquestal de Joaquín Turina: los pasajes de celesta y juego de timbres, así como las armonías paralelas repartidas entre los primeros atriles de violines y violas, son sólo una muestra de ello, así como de cariño y respeto hacia una música y un autor queridos y admirados.

José Luis Turina
noviembre de 1991