El papel de las jóvenes orquestas en la formación global de los instrumentistas

(Lección magistral dictada en el acto de apertura del curso 2002-2003 del Conservatorio Profesional de Música de Cuenca, el 4 de octubre de 2002)


Sr. Director, pofesores y alumnos del Conservatorio Profesional de Música de Cuenca, y amigos todos:
Al honor de dirigirme a ustedes con motivo de someter a su criterio una serie de reflexiones en voz alta sobre un aspecto de gran actualidad con el que me encuentro especialmente vinculado en este punto de mi actividad profesional, se une la satisfacción íntima y personal de hacerlo en el contexto de la inauguración del curso académico de un centro al que también lo estuve, y mucho, en el inicio de la misma, hace ya más de 20 años. Como profesor de diversas enseñanzas (armonía, contrapunto, composición, formas musicales e historia de la música), y como secretario, primero, y director académico, después, tuve la ocasión de vivir en el edificio de la calle Palafox muchos buenos e importantes momentos que influyeron de forma decisiva en mi desarrollo posterior como profesional de la enseñanza, a la que he dedicado el cincuenta por ciento de mi actividad, compartida en igual porcentaje con la composición.
Veinte años después, como diría Alejandro Dumas, las circunstancias me han llevado de nuevo a la calle Palafox de Cuenca, pero esta vez como director de una de las más acertadas y trascendentes iniciativas de nuestra administración: la Joven Orquesta Nacional de España, de cuya gestión artística tengo el honor de hacerme cargo desde febrero de 2001. En los meses transcurridos desde entonces creo haber acumulado la experiencia necesaria para poder poder basar esta intervención en el papel que en la formación global de los instrumentistas desempeñan las jóvenes orquestas en general, aunque por razones obvias me referiré con mayor frecuencia a la Joven Orquesta Nacional de España, más conocida como la JONDE, en particular.
La Joven Orquesta Nacional de España se creó en 1983, por iniciativa del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM), con el fin de favorecer la existencia de un espacio que ocupara un lugar intermedio entre la última etapa de la formación musical y la vida profesional. El hecho de que la iniciativa partiera del Ministerio de Cultura, y no del de Educación –recuérdese que hasta 1996 no se crea un departamento ministerial unificado de Educación, Cultura y Deporte- es prueba elocuente de que en el ánimo de sus promotores el carácter pedagógico de una joven orquesta de las características de la JONDE, sin duda por el carácter de medio/largo plazo de sus objetivos, no resultaba prioritario frente al más inmediato de servir de cantera para el “despegue” de la actividad sinfónica de nuestro país, que como es sabido da comienzo a mediados de la década de los ’80 con la creación generalizada tanto de una importante red de auditorios como de las agrupaciones sinfónicas necesarias para dotarlos de una vida musical activa y continuada.
De este modo, la penuria orquestal que había caracterizado hasta entonces a la vida musical española comienza a ceder frente a la aparición de nuevas orquestas que, de forma progresiva y continuada, han ido enriqueciendo el panorama sinfónico español a lo largo de los últimos quince años. Y siguiendo el ejemplo de la JONDE, las diferentes Comunidades Autónomas han procedido a crear sus propias canteras de instrumentistas en forma de jóvenes orquestas que proporcionan a sus integrantes un excelente complemento formativo al suministrado por la enseñanza académica oficial. La Jove Orquestra Nacional de Catalunya (JONC), la Orquesta Joven de Andalucía (OJA) o la Joven Orquesta del Principado de Asturias (JOSPA), por citar sólo unas pocas, coexisten de este modo con otras jóvenes orquestas vinculadas estrechamente a orquestas sinfónicas profesionales, como es el caso de la Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia o la Orquesta-Escuela de la Orquesta Sinfónica de Madrid, modalidad que favorece de forma más directa la rápida integración de los jóvenes intérpretes en el mundo profesional.
Todas las jóvenes orquestas españolas, al igual que las extranjeras, siguen un planteamiento de trabajo similar, que varía cuantitativamente en función de las mayores o menores posibilidades presupuestarias de cada una de ellas. La actividad se aglutina en torno a lo que se denominan encuentros, que en el caso de la JONDE tienen lugar cuatro ó cinco veces al año, siempre en períodos que supongan para sus integrantes la menor distorsión posible en relación con la actividad académica que, por su edad, se les supone: las vacaciones de Navidad, Semana Santa y verano son, por consiguiente, las más aptas para la realización de dichos encuentros, cuya duración oscila entre las dos y las tres semanas. Cada uno de éstos consta a su vez de tres fases claramente diferenciadas: en la primera, el repertorio propuesto es trabajado en secciones instrumentales separadas, tuteladas por profesores, tanto nacionales como extranjeros, de cada una de ellas. En la segunda fase, el director invitado para cada encuentro se encarga de llevar a cabo los ensayos de conjunto. En la tercera y última fase tiene lugar la gira de conciertos que, en el caso de la JONDE, se desarrolla en distintos teatros y auditorios españoles, y al menos una vez al año comprende una serie de conciertos por el extranjero, procurando participar en los más importantes festivales y certámenes internacionales.
De este modo, a lo largo de sus casi veinte años de trayectoria la JONDE ha podido mostrar el fruto de su trabajo en sus giras tanto por la práctica totalidad del territorio español como por Bélgica, Rusia, Ucrania, Francia, Estados Unidos, Italia, Reino Unido, Portugal, Luxemburgo, Alemania, Holanda y Austria, actuando en salas de conciertos como el Teatro de los Campo Elíseos de París, la Filarmónica de San Petersburgo, el Carnegie Hall de Nueva York, el Royal Albert Hall de Londres, el Concertgebouw de Amsterdam o el Konzerthaus de Berlín, así como en los festivales internacionales de Santander, Granada, Canarias y BBC Proms, en los ciclos “Orquestas del Mundo” de Ibermúsica (Madrid), Expo ’92, Madrid-Capital Europea de la Cultura, Xacobeo ’93, Expo Lisboa ’98, Musikfestpiele Saarbrücken (Alemania), Robeco Zomerconzerten (Amsterdam), Expo Hannover 2000, Semana de Música Religiosa de Cuenca, o los Festivales de Schleswig-Holstein y Young.Euro.Classic de Berlin, de donde acaba de regresar en el momento de redactar estas líneas.
Como es lógico, y excepción hecha del director asistente y del compositor residente, los integrantes de la JONDE pertenecen a las distintas especialidades instrumentales propias de la orquesta sinfónica: 16 instrumentistas en la sección de viento-madera (4.4.4.4), 14 en la de viento-metal (5.4.4.1), 5 en la de percusión y 60 en la de cuerda (16.14.12.10.8), además de dos arpistas y un pianista, a cuyo cargo corren tanto las partes de piano como las de celesta y, en su caso, órgano o sintetizador.
Para su ingreso en la Orquesta, los candidatos deben superar la prueba de admisión que a tal efecto se convoca anualmente, y que garantiza al poseedor de la plaza su posesión por un año, renovable por dos más siempre que no se rebase la edad máxima establecida (23 años), y en todo caso siendo necesaria nuevamente la superación de la prueba de admisión con carácter anual. Dicha prueba consta de tres ejercicios: el primero, de carácter eliminatorio, consiste en la interpretación de una obra de repertorio; el segundo se basa en la interpretación de los pasajes de orquesta que determine el tribunal de la relación hecha pública con antelación; el tercer ejercicio, por último, se centra en la lectura a primera vista de un fragmento procedente del repertorio orquestal o camerístico del instrumento. Una vez finalizada la prueba, los candidatos seleccionados son ordenados por orden de puntuación, adjudicándose las plazas vacantes a los mejor situados y quedando en su caso los restantes en calidad de reservas. La Joven Orquesta Nacional de España se propone favorecer la formación global de sus integrantes, situados ya por edad y nivel técnico y musical en una franja cercana a la finalización de sus estudios, a través de la consecución de los siguientes objetivos y de las prácticas y actividades necesarias para ello:
- En primer lugar, proporcionar a sus integrantes un mejor y más profundo conocimiento del repertorio sinfónico, a través de la programación de obras que, en función de la envergadura del conjunto, que en ocasiones ha llegado a alcanzar hasta los 110 instrumentistas, permiten abarcar desde el barroco y el clasicismo hasta las más complejas de los periodos romántico, postromántico y contemporáneo. Con el fin de dar una ocupación equitativa, durante los diferentes encuentros, a la mayor parte de sus miembros, en la programación de la JONDE, al igual que en la de orquestas similares, no es difícil encontrar títulos que, por una simple razón cuantitativa, tanto de número de efectivos como de metros cuadrados en lo referente a los espacios necesarios para su preparación, son de presencia muy difícil, por no decir imposible, en la programación de la mayor parte de los centros de enseñanza. A lo largo del presente año, la JONDE ha puesto en sus atriles desde Don Juan, de Richard Strauss, a Petrouchka, de Stravinsky, pasando por el ampliamente didáctico Bolero de Ravel o la nada habitual Ascensión, de Olivier Messiaen, trabajada precisamente en las instalaciones del Edificio Palafox, bajo la dirección de Josep Pons, con destino al concierto ofrecido por la orquesta en la última edición de la Semana de Música Religiosa.
- En segundo lugar, y en un auténtico ejercicio de humildad sinfónica, considerar que igualmente importante, si no más, es la profundización en el repertorio camerístico, por cuanto es propiamente en éste donde el instrumentista puede desarrollar con mayor eficacia el hábito de la escucha y el aprendizaje del correcto desempeño y valoración del propio papel dentro del conjunto. En ese sentido, la JONDE presta una atención similar a ambos tipos de repertorio, dedicando a la música de cámara una generosa parte de su actividad, contando para ello con la presencia de un profesorado de gran experiencia y prestigio en tan difícil campo de la interpretación.
- Tanto en lo que se refiere al repertorio sinfónico como al camerístico, y con el fin de alcanzar un grado mayor de especialización con respecto al que se supone que cada integrante ha adquirido en su centro educativo de procedencia, la JONDE presta una atención especial a la creación contemporánea, programándose de forma habitual en los diferentes encuentros obras tanto básicas del siglo XX como de reciente factura. En este último supuesto se da prioridad a los compositores españoles, a quienes se invita a convivir durante unos días con la orquesta, analizando la obra programada de la que son autores y supervisando los diferentes ensayos parciales y de conjunto. El mayor acercamiento que de ello se deriva entre los compositores y los futuros profesionales de la interpretación redunda en una más correcta valoración de la figura de aquéllos por parte de éstos, derivada del contacto directo y estrecho entre unos y otros. En los últimos encuentros, la orquesta ha tenido el honor de contar con la presencia activa y entusiasta de ángel Oliver, Jordi Cervelló, Carles Guinovart, Joan Guinjoan, Josep Soler, Agustín Bertomeu, Alejandro Civilotti, Agustín Charles y Antón García Abril. Además, debe recordarse que desde hace unos años la orquesta cuenta con la figura de un compositor residente, quien durante un año es un integrante más de la agrupación, asistiendo a los encuentros, en los que desarrolla sesiones de análisis del repertorio programado, y comprometiéndose bajo contrato a la composición de dos obras, una sinfónica y otra camerística, que en su momento son trabajadas y estrenadas por la JONDE. Durante el año 2002 dicho puesto ha sido ocupado por el compositor Gabriel Erkoreka, y en 2003 lo será por el joven compositor Roberto López, ganador del Concurso del Campo de Composición del Instituto de la Juventud, al que a partir de este año queda vinculada la figura del compositor residente.
- Por otra parte, y dado el carácter preprofesional de las jóvenes orquestas, se pretende que durante los dos años que, por término medio, abarca la permanencia en la orquesta de sus integrantes, éstos pasen por tantas “situaciones de atril” como sea posible, diversificando para ello en la medida de lo posible el contenido de los encuentros y adaptándolos a las diversas circunstancias que posteriormente puedan encontrarse en la vida profesional: desde la orquesta convencional, “de temporada” (tanto sinfónica como clásica y de cámara), a la orquesta de foso (ópera, zarzuela, ballet), sin olvidar la grabación en estudio. Recientes ejemplos de la dedicación de la JONDE a estas dos últimas modalidades han sido la producción de El Trovador de Verdi que realizó el Palacio de Festivales de Cantabria en septiembre del pasado año, y la grabación de un CD conmemorativo del centenario del nacimiento del compositor alicantino Rafael Rodríguez Albert, que acaba de ser presentado en la edición del Festival Internacional de Música Contemporánea de Alicante todavía en curso.
- A partir de esas premisas básicas que actúan, en cuanto al repertorio trabajado, como columna vertebral de la actividad de conjunto, la Joven Orquesta Nacional de España pretende proporcionar a sus integrantes una formación global que abarque desde los aspectos más vinculados a la técnica instrumental, a través de su perfeccionamiento, como a la comprensión analítica e histórica de las obras trabajadas, junto con otras capacidades musicales prácticas, entre las que ocupa un lugar preferente la referente a la lectura a vista, por constituir ésta una importantísima herramienta para el correcto desarrollo de la futura actividad profesional. Creo que éste es un aspecto para con el que la enseñanza instrumental no ha acabado de encontrar un espacio definido en su programación didáctica, a juzgar por la considerable carencia del mismo que puede detectarse en las pruebas de admisión a las diferentes especialidades, en las que constituye un ejercicio claramente diferenciado y que en numerosas ocasiones resulta fundamental para determinar de forma precisa el orden de puntuación de la relación de admitidos, cuando en éstos no se aprecian grandes diferencias técnicas o musicales en la interpretación de la obra de repertorio, lo que es muy frecuente en las especialidades de viento-madera y de viento-metal, y no así en las de cuerda-arco, en las que la diferencia de niveles de los candidatos es mucho mayor. Para desarrollar esta capacidad son frecuentes en los encuentros, como actividad complementaria, las sesiones de lectura de obras sinfónicas y camerísticas tanto de repertorio como nuevas, a través de las cuales los integrantes adquieren fluidez en la lectura, así como desarrollan los reflejos necesarios para sortear los diferentes problemas que se derivan de la aplicación inmediata de los variados problemas que plantea la escritura musical.
- Por su parte, las sesiones de análisis antes aludidas pretenden proporcionar una información que, sin profundizar innecesariamente en aspectos técnicos, lo que sería más adecuado para compositores que para intérpretes, les suministre las claves necesarias para la comprensión global de las diferentes obras: rasgos armónicos y formales generales, intenciones del compositor y grado de alcance de las mismas, aspectos relativos a la instrumentación y la orquestación que revistan un interés especial... todo ello es encomendado a los propios autores, cuando ello es posible, o al compositor residente, así como a especialistas en la figura y la obra de un autor cuyas características y peculiaridades así lo hagan aconsejable.
- En uno de los últimos encuentros, la JONDE puso en marcha, con carácter de actividad complementaria, pero extraordinariamente acogida por sus integrantes, unas clases de Técnica Básica de Dirección de Orquesta, que fueron impartidas con gran acierto por el catedrático de Dirección del Conservatorio Superior de Música de Zaragoza, Juan José Olives. Dichas clases, para las que se contó con un grupo de cámara formado para la ocasión por los propios miembros de la Orquesta, proporcionaron al grupo de alumnos activos que con carácter voluntario quisieron recibirlas, un conocimiento básico de los diferentes aspectos de la técnica de la dirección (anacrusas, calderones, dinámicas, carácter...) que sin duda les permitirá valorar de forma más sólida y consciente los distintos problemas que de ella se derivan, así como juzgar con mayor criterio el papel de los innumerables directores con que habrán de trabajar en su futura actividad profesional.
- Junto a todas estas actividades, imprescindibles para el desarrollo de las destrezas y capacidades musicales, la JONDE cuida de forma muy especial las relativas al conocimiento práctico del cuerpo, verdadera herramienta primaria de trabajo para todo instrumentista, y fuente inagotable de conflictos y problemas que son a veces de muy difícil solución si no se abordan de una forma razonada y consciente. En todos los encuentros se dedica un buen número de horas de atención, tanto colectiva como individualizada, a disciplinas como la Técnica Alexander y el Yoga, y muy recientemente se ha realizado un cursillo de Medicina de la Música y Prevención del Miedo Escénico que ha constituido un rotundo éxito de participación, no obstante su carácter voluntario, y en el que se han abordado contenidos centrados tanto en aspectos fisiológicos como psicológicos de muy variada índole.
En resumidas cuentas, es claramente apreciable una enorme diferencia entre la dedicación a la preparación de las obras programadas (entre 10 y 15 días, contando para ello con un equipo de profesores de cada especialidad, así como con sesiones de análisis e información y con el envío del material de orquesta con un mes de antelación) y la que se le dedica a lo mismo en el mundo profesional (apenas unas horas, sin información previa y prácticamente a primera vista). En ese sentido, el trabajo realizado de esa forma en los 2 ó 3 años de permanencia de los integrantes en la orquesta es muy importante para la adquisición de una comprensión global de la estructura de la obra musical y del acercamiento a la misma en términos generales, que sea aplicable posteriormente a cualquier obra que se aborde, aunque por razones de la dinámica marcada por la actividad profesional no pueda ser trabajada con la misma intensidad y profundización.
Naturalmente, todas estas actividades formativas son sólo una parte, la que podríamos llamar técnica en un sentido amplio, de las capacidades con que las jóvenes orquestas se proponen contribuir al desarrollo musical de sus integrantes. Hay un aspecto más que a los que nos ocupamos de estas agrupaciones nos preocupa de forma principal, por cuanto incide directamente en la fluidez futura de la actividad profesional, tanto en la relación entre los propios intérpretes como entre éstos y su público y los diferentes sectores de la sociedad. Me estoy refiriendo al aspecto que podríamos llamar “ético” del instrumentista, sin el que es imposible dar un sentido completo, global, a su formación, pues ésta debe referirse tanto al intérprete como a la persona, en tanto componente de un entorno social que, en el caso de la música, es indisociable de la actividad profesional.
Las jóvenes orquestas, como núcleo formativo de máxima densidad, como puede deducirse de todo cuanto se ha dicho hasta ahora, constituyen un marco ideal para desarrollar al máximo todas aquellas actitudes positivas que deben inspirar el trabajo musical de conjunto: desde el compañerismo y el sentido de cooperación con los demás, hasta la humildad, el respeto y la receptividad como principios básicos del comportamiento social y vehículos idóneos, por tanto, para alcanzar el alto grado de responsabilidad que debe suponérsele a todo miembro de una agrupación sinfónica o camerística. El integrante de una joven orquesta debe entender y aceptar las decisiones que sobre su participación en el conjunto adopten los responsables de su gestión, tanto musical y artística como puramente administrativa. Nada puede ser más negativo que favorecer la arrogancia con que muchos jóvenes acceden a estas orquestas, producto tanto de un talento indiscutible como de la ignorancia y de la inexperiencia, términos que en último extremo pueden considerarse sinónimos. Corresponde a la dirección artística y musical advertir dicha actitud y adoptar las medidas necesarias para corregirla, sin que ello origine tensiones innecesarias que puedan generar el ambiente irrespirable que se detecta en muchas agrupaciones profesionales.
Como ejemplo, todos los encuentros de la JONDE comienzan con las denominadas “pruebas de atril”, en las que el director artístico y los profesores de las diferentes especialidades valoran el grado de dominio que del repertorio objeto del encuentro tienen los integrantes, a los que se ha remitido el correspondiente material, para su estudio, con varias semanas de antelación. En dichas pruebas se adjudican los diferentes papeles y, en el caso de la cuerda, la posición en los atriles, estando obligados todos los participantes en el encuentro a aceptar la decisión tomada al respecto por el tribunal. Para muchos esta prueba supone el momento más duro del encuentro, y el hecho de que el resultado sea a veces sea difícil de aceptar suministra un primer paso hacia la adquisición de un espíritu autocrítico y del respeto necesario a las decisiones adoptadas por los responsables de la dirección artística y musical.
Que ello se alcance es posible, en buena medida, gracias al tipo de convivencia estrecha en el que se enmarcan los encuentros. Debe tenerse en cuenta que durante un periodo que oscila entre quince y veinte días, según las características de los distintos encuentros, tanto los integrantes de la orquesta como el equipo técnico y artístico, incluido en éste el director musical y los profesores, desarrollan unas intensas jornadas de trabajo que comienzan a una hora temprana de la mañana y se prolongan, ya de forma lúdica, hasta bien entrada la noche. Para que un tipo de relación tan estrecha funcione correctamente es necesario que todas y cada una de las partes sepan asumir su papel en el conjunto, lo que obliga a dejar a un lado los divismos y arrogancias que, lamentablemente, son tan frecuentes en esta profesión, y que harían imposible la vida, tanto artística como social, durante un periodo de aislamiento tan intensivo como prolongado.
La Joven Orquesta Nacional de España, al igual que todas las restantes orquestas jóvenes dependientes de las Consejerías de Educación o de Cultura de las distintas Comunidades Autónomas, juega un papel decidido en la formación global de sus integrantes, como se ha visto en los apartados anteriores. Pero a diferencia de las agrupaciones sinfónicas que se forman en los conservatorios profesionales y superiores para atender la enseñanza de Orquesta, y cuyo objetivo primordial es el de posibilitar que se alcancen los contenidos reglamentariamente establecidos para dicha enseñanza, las Jóvenes Orquestas tienen un papel que cumplir en respuesta a la inversión presupuestaria que el Estado, en el caso de la JONDE, o las Comunidades Autónomas, en el de las restantes, hacen para que sea posible su funcionamiento. Este papel no es otro que el de devolver a la sociedad que las mantiene el fruto de la inversión realizada, en forma de una actividad concertística en la que se muestre el resultado del trabajo realizado y que justifique su continuidad.
Por esa razón, las Jóvenes Orquestas no deben ser consideradas centros educativos, como muy a menudo se quiere dar a entender, sino verdaderas agrupaciones sinfónicas en las que la actividad externa, cara al público, es tan importante como la formativa, de puertas adentro. La colaboración con instituciones culturales públicas y privadas encargadas de la organización de conciertos, como patronatos, fundaciones o festivales es, pues, obligada para este tipo de orquestas, como lo es que en cada encuentro se prepare un repertorio de obras completas -y no de fragmentos de las mismas escogidos con fines didácticos, como bien podría plantearse para la enseñanza de Orquesta en un conservatorio- que permitan configurar el concierto o gira de conciertos con el que se muestra al público el fruto del trabajo realizado durante cada encuentro.
Y cómo no, las Jóvenes Orquestas deben servir, dado alto nivel de cualificación técnica y musical que proporcionan a sus miembros, como verdaderas plataformas de lanzamiento para los mismos, facilitándoles en la medida de lo posible su inserción en el mundo profesional. Para una orquesta como la JONDE no es ni difícil ni incómodo servir de base de datos a la que recurren de forma sistemática y cada vez más frecuente las orquestas profesionales, como medio de reclutar los instrumentistas que les son necesarios para su funcionamiento, sobre todo cuando se producen vacantes imprevistas o se precisan aumentos para abordar determinadas obras programadas en sus temporadas respectivas, en lo que constituye un primer pero muy sólido paso en la vida profesional.
Por añadidura, la Joven Orquesta Nacional de España es miembro nato de la Federación Europea de Jóvenes Orquestas Nacionales, con cuyos directivos se reúne dos veces por año y con las que mantiene una activa política de intercambio de instrumentistas, que viene a completar y enriquecer la que se lleva a cabo con el resto de las jóvenes orquestas españolas, cuyos miembros son invitados de forma regular a participar en los encuentros de la JONDE.
Después de todo lo antedicho, creo que no cabrá duda alguna del decisivo papel que desempeñan la orquestas jóvenes en contribuir a redondear la formación global de los instrumentistas que las integran. Corresponde a ellos saber aprovechar al máximo durante su periodo de permanencia la magnífica oportunidad que se les brinda al acceder a las mismas, a la sociedad saber valorar las múltiples ventajas que su existencia supone para el disfrute de una vida musical de calidad, y a los responsables políticos actuales y futuros mantener la sensibilidad demostrada por las sucesivas administraciones que hasta ahora se han sucedido para garantizar su perdurabilidad.
Sólo con esos ingredientes las jóvenes orquestas pueden alcanzar el múltiple objetivo que las inspira, y con el que a modo de resumen termino mi intervención: servir de transición “de lujo” al mundo profesional de una serie de instrumentistas cuidadosamente seleccionados en función de sus cualidades técnicas y musicales, suministrándoles para ello los mejores medios humanos e infraestructurales, con el fin de proporcionarles, además de un mayor perfeccionamiento como instrumentistas, una apertura intelectual y musical acorde con el alto nivel de exigencia cualitativa de la cultura actual.
Muchas gracias.

José Luis Turina
Madrid, 2002