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Epílogo del misterio (Sobre un poema de José Bergamín)

Para Voz y Piano


Comentario
Texto


Comentario


La dificultad de musicar un texto sin que pierda la sensación buscada por su autor (cuando este sólo ha previsto que sus palabras van a ser leídas, y no cantadas) desaparece cuando ese texto lleva implícita una gran musicalidad. O al menos eso me pareció al escribir, en mayo de 1979, Epílogo del misterio sobre un poema de José Bergamín, cuya obra me sirvió también para componer muy poco después Requiescat (1980), para cuarteto vocal y piano a cuatro manos, habiéndome siempre impresionado su inmensa facilidad para tratar los temas más sobrecogedores con la más absoluta sencillez.
Escrita para voz de mezzosoprano y piano, la obra se divide en tres secciones, siendo la central la más extensa e importante, por incluir en ella el texto íntegro del poema de Bergamín, y las otras dos una "introducción" y "coda", respectivamente, sin texto alguno.
Epílogo del misterio fue escrita con el objeto de completar una de las caras del doble LP que la Confederación Española de Cajas de Ahorros editó en 1979 con motivo del V concurso de composición musical "Trofeo Arpa de Oro", en el que mi obra Crucifixus, para veinte instrumentos de cuerda y piano, había quedado finalista tras el concierto celebrado en el Teatro Real de Madrid, en enero de dicho año. La grabación fue efectuada por la mezzosoprano Esperanza Abad, acompañada al piano por el malogrado compositor Francisco Guerrero, y no fue estrenada en concierto hasta el 30 de abril de 1988, en la Fundación Juan March de Madrid, siendo interpretada en esa ocasión por María Aragón y Miguel Zanetti.
La partitura está dedicada a mis padres.

José Luis Turina



Texto


El misterio está en el aire,
en el aire y en el fuego,
en el fuego y en la luz,
en la luz y el pensamiento.

En la palabra y la idea,
en la voz y en el silencio,
en lo profundo del mar,
en los abismos del cielo.

El misterio está en su sitio,
y de par en par abierto
a la claridad del sol,
a la oscuridad del tiempo.

Tiempo que distiende el alma,
desvelándola de sueño,
y hace que en el corazón
del hombre tiemble el misterio.

(José Bergamín)