Notas para el CD del Trío Arbós Integral de los Tríos con piano de Joaquín Turina

Publicadas en el libreto del CD Naxos 8.555870


En la abundante producción de Joaquín Turina, y junto a la música que podría denominarse concreta (la plagada de referencias al folklore español –andaluz fundamentalmente–) brilla con luz propia un buen puñado de obras abstractas, en las que, sin huir del empleo de fórmulas y giros melódicos y rítmicos nacionalistas, lo primordial para el compositor es su desarrollo dentro de los planteamientos formales de mayor raigambre.
Esas obras están dedicadas, en su mayor parte, a la música de cámara, en la que Joaquín Turina mezcló sabiamente sus más altas dosis de inspiración española con una técnica compositiva rigurosamente europea, con el mejor de los resultados, para ambos ingredientes, de tan peculiar simbiosis: en ella, el sabor localista pierde superficialidad folklórica y se engrandece al contacto de los nobles y severos procedimientos formales clásicos, mientras que el rigor academicista de estos últimos queda neutralizado por la espontaneidad y la frescura derivada del empleo de giros melódicos, armónicos y rítmicos que les insuflan una vitalidad y una energía nuevas. A diferencia de otros contemporáneos suyos, Joaquín Turina logró en su música de cámara una tan admirable como difícil síntesis de lo popular y lo culto que sólo puede darse en quien ha bebido por igual de ambas fuentes.
Así, la gran música de Turina está construida muy principalmente sobre esquemas formales que cualquier conocedor de la materia, aun de forma superficial, puede identificar sin grandes dificultades: Temas con variaciones, Fugas, Sonatas, Rondós, Lieder en secciones... Lo verdaderamente original de su música radica en que esas formas no son nunca "puras", en el sentido clásico, sino que todas ellas están imbuidas de un tratamiento melódico, armónico y rítmico, derivado de una muy particular asimilación por parte de su autor del folklore español, y, muy principalmente, del andaluz, y su posterior adaptación a las mismas.
De las 104 obras que integran el catálogo de Joaquín Turina, 16 están dedicadas a la música de cámara instrumental —es decir, compuestas para una agrupación de dos o más instrumentos—. Con todo, lo que resulta especialmente paradigmático no es tanto el número de dichas obras, que no es excesivo, sino que parece deducirse de las agrupaciones escogidas un propósito deliberado de servir con carácter prioritario a las combinaciones camerísticas más cercanas a la tradición clásica y romántica, lo que resulta de todo punto consecuente con la particular forma en que Turina hace suya la formación tradicional adquirida en la Schola Cantorum, además de resultar de por sí destacable, habida cuenta de que en la producción de los otros tres grandes compositores españoles de comienzos del siglo XX (Albéniz, Granados y Falla) la música de cámara para agrupaciones tradicionales brilla casi literalmente por su ausencia. Así, las 16 obras citadas incluyen tres cuartetos de cuerda (ya que como tal hay que considerar la archiconocida Oración del torero en la transcripción efectuada por su autor del original para cuarteto de laúdes), tres tríos con piano, un cuarteto con piano, un quinteto con piano, y cinco dúos para violín y piano. Por el contrario, son verdaderamente curiosas las tres obras camerísticas que restan hasta completar las 16 citadas, por lo poco representativas de las agrupaciones convencionales del género: se tratan de un sexteto para viola principal, piano y cuarteto de cuerda titulado Escena andaluza, una suite de nueve números, cada uno de los cuales está compuesto para una agrupación diferente, denominada Las Musas de Andalucía, y un Tema y Variaciones para arpa y piano.
A esas 16 composiciones hay que añadir, por el momento, dos más: una Sonata española para violín y piano, y el Trío en Fa que se incluye en el presente CD. Ambas son obras de juventud, compuestas en 1907 y 1904 respectivamente, y rechazadas posteriormente por su autor, quien sin duda consideró que su inmadurez y falta de personalidad no las hacían dignas de formar parte de su catálogo definitivo. Recordemos que, de toda su etapa de juventud y formación, sólo el Quinteto con piano llegó a formar parte de dicho catálogo, con el número 1 de opus. A partir de la op, 2, Sevilla (Suite pintoresca para piano) , la producción de Joaquín Turina se orienta de forma definitiva hacia un nacionalismo al que es muy ajena toda su música anterior.
Pero el rigor y la severidad con que los autores suelen tratar las imperfecciones de sus obras no deben ser obstáculo para que podamos disfrutar con su audición, si bien con la conciencia de que nos encontramos con composiciones que, bien por haber sido escritas en periodo de formación, bien por tratarse de intentos fallidos de hacer algo mejor, no pueden nunca gozar de la profundidad creativa de obras maduras y plenamente acabadas.
De esa última manera cabe calificar a los tres Tríos (el Trío en re, op. 35, el Trío nº 2, op. 76, y Círculo, op. 91) que constituyen la parcela más sólidamente cultivada, junto con los dúos para violín y piano, de la producción camerística de Joaquín Turina. El Trío en re fue compuesto entre 1925 y 1926, año en que fue galardonado en el Concurso Nacional de Música del Estado Español con diploma y 3.000 pesetas en metálico, y de él destaca, por su originalidad, el segundo movimiento, un tema seguido de cinco variaciones sobre otras tantas danzas características del folklore español.
El Trío nº 2, en si menor, fue compuesto entre 1932 y 1933. Inicialmente concebido como “Tres nocturnos”, destaca en él su primer movimiento, cuya amplia frase inicial, de románticas resonancias brahmsianas, hace que por un momento olvidemos que nos encontramos ante una música de corte nacionalista, lo que no tarda en hacer su aparición, en una conseguida síntesis entre ambas corrientes estéticas. Por su parte, Círculo, concluido en 1936, es una original sucesión de tres movimientos (“Amanecer”, “Mediodía” y “Crepúsculo”), en los que el ciclo solar sirve de apoyo a una música igualmente cíclica en el tratamiento de su material.
Pese a la excelente calidad de los tres Tríos comentados, lo verdaderamente destacable de esta grabación es, sin embargo, el Trío en Fa, recuperado del olvido de casi un siglo. Datado en Sevilla en 1904, y aunque su estreno “oficial” tuvo lugar el 31 de mayo de ese mismo año en la Sala Piazza de dicha ciudad, a cargo del violinista Fernando Palatín, el cellista Antonio Ochoa y el propio autor al piano, Turina no dio por terminada su composición hasta el 16 de noviembre de ese año, varios meses después del estreno. El Trío es rigurosamente contemporáneo del Quinteto con piano que, profundamente revisado en 1906, servirá de op. 1 al catálogo definitivo del compositor.
El Trío en Fa está estructurado en cuatro movimientos (I. Lento-Allegro; II. Andante; III. Allegro alla danza; y IV. Andante grandioso), y su tratamiento formal y estilístico bebe directamente de la tradición romántica y de la estética de César Franck, lo que es reconocible en el amplio empleo del cromatismo y de sorprendentes modulaciones, en las que es frecuente el procedimiento enarmónico. Incluso hay un tratamiento cíclico del material temático, al aparecer en el último movimiento referencias directas a los anteriores. Todo ello hace evidente, con casi cien años de perspectiva, lo meridianamente clara que se presentaba para Turina la elección entre la disyuntiva parisiense Schola-Conservatorio.
Es cierto que hay mucho de impersonal en la escritura de este Trío, y que es patente en el mismo una falta de orientación estética definida. Pero la música, que oscila entre lo grandioso y lo frívolo –Turina había disfrutado, sin duda, de innumerables veladas de “música de salón” – no es, en absoluto, tan desdeñable como su autor creyó verla, y el hecho de que en ella sean más frecuentes los aciertos que los errores (especialmente en el gracioso scherzo en compás de 5/4 que ocupa el tercer movimiento –una auténtica joya del género, pese a su bisoñez–) le confiere un merecido lugar en el por otra parte más que exiguo repertorio camerístico español de la época.

Madrid, noviembre de 2000