20 años de juventud

(Libro conmemorativo del XX aniversario de la Joven Orquesta Nacional de España. Madrid, enero de 2004)


I. Antecedentes

La publicación el 28 de octubre de 1983 en el “Boletín Oficial del Estado” de la Orden del día 17 del mismo mes y año, de creación de la Joven Orquesta Nacional de España, supuso el punto de partida de una nueva forma de entender la formación musical en nuestro país, sumida durante largas décadas en una profunda y aparentemente irresoluble crisis que, si bien ampliamente advertida y denunciada por todos los sectores afectados, no parecía encontrar ni en éstos ni en la administración el camino adecuado para su solución correcta y definitiva.
Como es sabido, la prácticamente nula atención de los poderes públicos hacia la educación musical, tanto amateur como especializada, sostenida durante decenios, se puso en evidencia en la década de los ’80 con el impulso dado a la vida sinfónica española por medio de la construcción generalizada de auditorios y la consecuente creación de orquestas que garantizaran una actividad permanente y de calidad en los mismos, lo que obligó a importar masivamente instrumentistas extranjeros para paliar por esa vía la escandalosa ineficacia de nuestro sistema de enseñanza para formar profesionales con la necesaria cualificación.(1)
Dado que los problemas derivados de las escasas soluciones aportadas por el entonces Ministerio de Educación y Ciencia para poner fin a tal estado de cosas eran sufridos directamente por el Ministerio de Cultura, responsable directo de la mayor parte de la vida musical en el Estado anterior al de las autonomías generalizadas, no es de extrañar que se buscara en el ámbito propio de éste último una solución que, sin interferir en las competencias educativas del primero, sirviera para paliar en lo posible sus múltiples deficiencias.
En ese sentido, la Joven Orquesta Nacional de España fue un a modo de diplomático aviso por parte de los poderes públicos responsables de la cultura, que sirvió para indicar a los de la educación de hacia dónde tenía que apuntar lo que debía alcanzarse en las aulas. Y no fue hasta bastantes años después, ya bien entrada la década de los ´90, que el Ministerio de Educación y Ciencia no se decidió a “sanear” la enseñanza musical, regulándola conforme a criterios académicos que habían demostrado ser óptimos tras su aplicación en el resto del mundo, dando un gran impulso a la presencia de la música en la enseñanza general y clarificando el sentido de los centros, quedando a los conservatorios encomendada únicamente la enseñanza profesional.
Por todas esas razones, no es de extrañar que la creación de la Joven Orquesta Nacional de España despertase en los diferentes sectores culturales y educativos un enorme interés, plenamente satisfecho en la presentación pública, unos pocos meses después, del trabajo realizado durante sus primeros encuentros. Si algo estaba claro en aquellos años todavía oscuros, era que aquellos jóvenes que integraban la primera promoción de la orquesta estaban protagonizando una nueva manera de entender la música en nuestro país, a través de una experiencia profesionalizadora de una magnitud desconocida en la penuria musical del momento.
Durante los dos primeros años, la JONDE funcionó, dentro de la antigua Dirección General de Müsica y Teatro, por iniciativa de su responsable, José Manuel Garrido Guzmán, y con dependencia jurídica y de gestión del Organismo Autónomo Orquesta y Coro Nacionales de España, con la que compartió además sede administrativa a partir de la creación y puesta en funcionamiento del Auditorio Nacional en octubre de 1988, y con la finalidad de alcanzar los siguientes objetivos:
a) Fomentar la vocación artística del músico profesional;
b) estimular a los jóvenes españoles que demuestren inclinación por el cultivo de la música; y
c) promover la creación de orquestas similares en toda España potenciando las ya existentes mediante la formación y perfeccionamiento de los jóvenes músicos que profesionalmente formen parte de las mismas.
Con todo, la vinculación con la Orquesta Nacional de España resultó ser a la postre más teórica que práctica, deshaciéndose la dependencia entre ambas con la creación, el 30 de abril de 1985, del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, del que pasó a ser una Unidad de producción independiente. De este modo, la JONDE ha podido desarrollarse con un sentido más amplio que el de simple cantera de la ONE, al poder encauzar sus objetivos más hacia la formación cualificada de profesionales, que a la larga tanto han beneficiado a la Orquesta Nacional como al resto de las orquestas españolas y a muchas extranjeras.
Para su fortuna y la de todos cuantos podemos hoy disfrutarla, la JONDE contó desde el primer momento con un respaldo pleno por parte de las distintas administraciones que se han ido sucediendo. No sólo dispone de una partida presupuestaria suficiente para permitir una actividad de alta calidad así como una planificación de la misma a medio y largo plazo -lo que no es en absoluto frecuente en la mayor parte de las orquestas jóvenes, tanto nacionales como extranjeras-, sino que los diferentes responsables culturales se han mostrado sensibles en todo momento antes las innegables ventajas del proyecto y lo han apoyado sin reservas, facilitando siempre su actividad pedagógica y artística. Por otra parte, la dotación presupuestaria contempla la existencia de un equipo de gestión nada habitual en este tipo de orquestas: además del director artístico, la JONDE cuenta con los puestos de un gerente, un coordinador artístico, un archivero, un coordinador de producción, un cajero pagador, dos coordinadores de encuentros, un secretario académico y dos administrativos.
Gracias a todos esos medios económicos y humanos, la JONDE ha podido desarrollar su trabajo en la práctica totalidad de las Comunidades Autónomas, y el fruto del mismo, en forma de conciertos, la ha llevado por los principales auditorios españoles y una buena parte de los más importantes del extranjero, como el Théatre des Champs Elysées de París, la Filarmónica de San Petersburgo, el Carnegie Hall de Nueva York, el Royal Albert Hall de Londres, el Concertgebouw de Amsterdam, el Schauspielhaus am Gendarmenmarkt de Berlín y la Gran Sala de la Berliner Philarmoniker.


II. Primera época

En la corta, pero no por ello menos intensa historia de la JONDE cabe distinguir al menos dos etapas, correspondientes a dos maneras distintas, aunque no distantes, de entender su actividad. La primera abarca desde su creación hasta finales de 1995, es decir, todo el período en que su principal impulsor, Edmon Colomer, se encargó a partes iguales e indisociables de la dirección tanto artística como musical.
Durante esos doce años se sentaron las fases de funcionamiento de la orquesta que, con algunas variantes, se mantienen en la actualidad. Éstas pueden resumirse en los siguientes puntos:
- Selección rigurosa de candidatos
- Actividad concentrada en encuentros periódicos
- Gira de conciertos al término de cada encuentro
- Grabaciones
No debió ser fácil la selección de los integrantes que configuraron la primera promoción de la JONDE, dado que el mismo o parecido mal endémico que aquejaba a toda la vida musical sinfónica española era patente no sólo en el mundo profesional, sino en el de la generación que por aquel entonces cursaba los estudios superiores de música. En un primer momento la orquesta estuvo integrada por 49 miembros, teniendo que ser reforzadas algunas con la presencia de colaboradores esporádicos procedentes del mundo profesional. Veinte años después, y debido en gran parte a la racionalización de la oferta educativa de los conservatorios de música, ese problema ha quedado erradicado de forma definitiva, desbordando en la última convocatoria a pruebas de admisión todas las previsiones imaginables en cuanto al número de solicitudes presentadas para su realización.(2)
La fórmula denominada “Encuentro” se ha mostrado ideal para el desarrollo de la actividad pedagógica y artística de las jóvenes orquestas, y por ello no es de extrañar que se trate del modelo generalizado en este tipo de agrupaciones. En el caso de la JONDE se celebran regularmente coincidiendo con períodos vacacionales, debido a la condición de estudiantes que, en razón de su juventud, mantiene la mayor parte de sus integrantes: Navidad, Semana Santa y verano son, por lo tanto, las épocas más apropiadas para la celebración de los encuentros que, con una extensión variable de entre 15 y 21 días, generalmente, se articulan en torno a las siguientes fases:
- Primera fase, de una semana aproximada de duración, consistente en la preparación por secciones del repertorio (que con antelación ha sido remitido a los integrantes para su estudio) bajo la tutela de un equipo de profesores (normalmente uno por cada especialidad orquestal), contando para ello con los mejores especialistas españoles y extranjeros.
- Segunda fase, de algo menos de una semana, en la que el director asume los ensayos de conjunto del repertorio programado; y
- Tercera fase, consistente normalmente en una gira de conciertos cuyo número oscila en función de las circunstancias (el promedio es de tres o cuatro conciertos, aunque hay encuentros con uno sólo y otros con cinco o más). Por regla general, cada año se celebra una gira por el extranjero, dado que la Orquesta dispone en su presupuesto de un capítulo específico con esa finalidad.

Con todo, lo más llamativo de esta primera época (y lo que la diferencia por completo de la actual) es el hecho de que la dirección artística y musical recayera en una misma persona, cuyo impulso y solvencia fueron fundamentales para la consolidación de la orquesta, y a cuyo cargo corrió de forma prácticamente exclusiva la dirección de los numerosos encuentros y conciertos realizados en ese tiempo. Bajo sus directrices pedagógicas y artísticas, los integrantes de la JONDE pudieron trabajar con un profesorado internacional de una gran altura, así como con solistas tales como Mstislav Rostropovich, Agustín León Ara, Rafael Orozco, Christian Zazharias, John Williams, Deszö Ranki, Teresa Berganza, María Bayo o Simon Estes, entre otros.
También eran muy distintos a los actuales los criterios de admisión y permanencia en la orquesta de los integrantes, ya que una vez seleccionados llegaban a permanecer en la Orquesta hasta cinco años, en algunos casos, sin necesidad de superar periódicamente la prueba, como se hace hoy día con carácter anual. Y quedan para el recuerdo un gran número de grabaciones para RNE y TVE, así como una magnífica versión en disco de vinilo de “La Consagración de la Primavera” de Igor Stravinsky, 4 CDs con obras de Manuel de Falla y Roberto Gerhard, y la participación de la Orquesta en la simpática película Allegro, ma non troppo, de Fernando Colomo.
De esta primera época resulta destacable el intento por parte de la JONDE de consolidarse como un auténtico centro superior de práctica orquestal, para lo que se trabajó durante bastantes años en un proyecto educativo que dio como resultado la creación de una sede situada en un edificio rehabilitado por el INAEM en la C/Palafox, de Cuenca, para cuya gestión y sostenimiento se suscribió en su día el oportuno convenio entre el Ministerio de Educación y Ciencia, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, El Ayuntamiento y la Diputación de Cuenca.
A partir de su costosa rehabilitación, el edificio de la C/Palafox fue utilizado muchas veces como sede de trabajo de los encuentros, pero la falta de una residencia estable, así como un conflicto irresoluble de competencias educativas con el Ministerio de Educación y Ciencia (recuérdese que la fusión de éste con el de Cultura no tuvo lugar hasta 1996, y que aún así la JONDE depende de la Secretaría de Estado de Cultura, y no de la de Educación), forzaron progresivamente a abandonar el proyecto pedagógico inicial, primero, y a la utilización del edificio como sede de trabajo después. En la actualidad, un nuevo convenio ha permitido cederlo al Ayuntamiento y la Diputación de Cuenca, así como a la Junta de Comunidades de Castilla La-Mancha, para la realización en dicha sede de diversas actividades artísticas y pedagógicas, reservándose la JONDE el derecho a realizar un encuentro anual en sus instalaciones.
Aunque la Orquesta, dado su fuerte contenido formativo, basa la mayor parte de su trabajo en el repertorio sinfónico tradicional, no es menos destacable el impulso que desde la misma se da también a la creación contemporánea, programándola de forma habitual en los encuentros y potenciada especialmente, en esta primera época, con encargos a compositores españoles y tres ediciones de un concurso internacional de composición que en los años 1990 y 1991 (en 1992 quedó desierto) permitió alzarse con el primer premio, dotado con 1.000.000 de pesetas, al valenciano César Cano, con su obra sinfónica Prácticas de Pasión, y al colombiano Blas de Atehortúa, con su obra sinfónico-coral Cristóforo Colombo.


III. Segunda época

La que podemos considerar segunda época se inicia a finales de 1995, al cesar Edmon Colomer en la dirección artística y musical de la Orquesta y pasar la primera de ellas a Llorenç Caballero, que al haber sido integrante de la JONDE en la especialidad de Flauta entre los años 1986 y 1989, era perfecto conocedor de las particularidades de la misma y de los objetivos educativos y artísticos que debían alcanzarse. A partir de su toma de posesión, el puesto de director musical pasó a ser desempeñado por un director invitado diferente en cada encuentro. Si la fórmula anterior suponía una continuidad en el trabajo realizado de un encuentro a otro, la que a partir de este momento pasó a adoptarse implicaba una gran variedad en la forma de abordarlo. Naturalmente, lo que de ventaja puede suponer la una es posible que resulte un inconveniente en la otra, pero en cualquier caso corresponde a la dirección artística mantener una línea de coherencia en la actividad y en el repertorio trabajado durante los diferentes encuentros, de forma que la multiplicidad de directores invitados sirva a los integrantes para adquirir una experiencia más amplia acerca del variado panorama de la dirección de orquesta que habrán de encontrar en su futuro ejercicio profesional.
De este modo, desde la toma de posesión de Llorenç Caballero como director artístico hasta la actualidad, los diferentes miembros de la JONDE han podido conocer la labor de nada menos que 62 directores distintos, entre los que se encuentran nombres tan destacados en el panorama internacional como los de Carlo Maria Giulini, Víctor Pablo Pérez, Gunther Schuller, Antoni Ros Marbá, Salvador Mas, Salvador Brotons, Peter Maag, Paul Goodwin, Lutz Köhler, Gianandrea Noseda, Ernerst Martínez Izquierdo, Gustavo Medina, Josep Pons, Gunther Schuller, Alberto Zedda, Patrick Davin, Gloria Isabel Ramos o Arturo Tamayo, entre otros.
En esta segunda época se generaliza la práctica de las denominadas pruebas de atril, a través de las cuales se determina, en los primeros días de cada encuentro, el lugar que van a ocupar sus integrantes durante el mismo en las diferentes obras del repertorio programado, de acuerdo con su nivel técnico y musical y en función del mayor o menor grado de profundización que previamente hayan realizado del mismo, remitido con varias semanas de antelación para su estudio individualizado.
También se consolidan durante estos últimos años dos figuras que resultan ya indisociables de la JONDE. Por un lado la del director asistente, puesto que se ha venido cubriendo a través de una convocatoria pública abierta a jóvenes menores de 30 años, a partir de las cuales se realizan una o varias pruebas en las que se determina cuál de los candidatos habrá de ejercer dicho papel durante el plazo de una año. Para todos cuantos han ocupado ese puesto, la oportunidad de trabajar durante un año entero con la orquesta, tanto en ensayos parciales como de tutti, bajo la tutela de los diferentes directores invitados, ha supuesto la mejor de las experiencias en un momento crucial de su formación, y en muchos casos les ha abierto las puertas del mundo profesional con un bagaje práctico de auténtico lujo.
La otra figura renovada anualmente es la del compositor residente, reservada igualmente para jóvenes menores de 30 años que, una vez seleccionados, asisten a los encuentros, donde conviven con la orquesta, desarrollan sesiones de análisis de partituras y debates con los integrantes, y tienen la obligación de escribir, durante el año que dura su permanencia, dos obras –una sinfónica y otra camerísitica- que serán posteriormente estrenadas por la Orquesta. La relación tanto de directores asistentes como de compositores residentes, junto con sus biografías actualizadas, se encuentra en las páginas correspondientes al Directorio JONDE incluido en este libro.
Durante los años en que Llorenç Caballero fue director artístico, la JONDE realizó una serie de grabaciones discográficas en CD, entre las que destacan, por su trascendencia, las efectuadas durante el encuentro dirigido por Carlo María Giulini, lo que supuso todo un acontecimiento en la vida musical española en general y en la de la JONDE en particular. Dichos CDs, no editados comercialmente, incluyen la Primera Sinfonía de Brahms y la Cuarta Sinfonía de Schubert, y son prueba elocuente de hasta qué altas cotas de calidad puede llegarse con un trabajo hecho con entrega, dedicación y entusiasmo.
En febrero de 2001 Llorenç Caballero fue sustituido en su puesto por el autor de este artículo, que en esos momentos se encontraba prestando sus servicios como Asesor Técnico para la reforma de las enseñanzas de música en el marco de la LOGSE en la Consejería de Música y Artes Escénicas de la Subdirección General de Enseñanzas Artísticas del MECyD, por lo que el cambio de actividad (de una teórico-legislativa, de despacho, a otra práctica, de campaña) resultaba más de forma que de fondo. Durante estos casi tres años de gestión cabe decir que se ha seguido en lo sustancial la línea adoptada por Llorenç Caballero en cuanto a política de directores invitados, profesores, repertorio, etc., introduciéndose algunas variantes en el acercamiento a las mismas más acordes con los nuevos planteamientos pedagógicos.
En este sentido, cabe destacar aquí dos modificaciones sustanciales. En primer lugar, corregir la tendencia hacia una mayor juventud de los integrantes por una franja de edad más rigurosa, las de los 18 a los 23 años, por resultar ésta más adecuada a la nueva situación dentro del sistema de la enseñanza musical, en la que dichos años coinciden por definición con la realización de los estudios superiores, momento que lógicamente resulta el apropiado para acceder a la Orquesta. Ello, naturalmente, no cierra las puertas a las excepciones que puedan producirse, sobre todo en el caso de aquellas especialidades menos demandadas y en las que más dificultades existen para encontrar candidatos a las mismas.
La segunda no es otra que la de establecer vínculos con aquellas instituciones que, al igual que la JONDE, tienen a la música y a la juventud como factores determinantes de su propia razón de ser. Como resultado de ese criterio se han estrechado los lazos, hasta ahora inexistentes entre la Orquesta y Juventudes Musicales de España, a partir de la celebración conjunta, en septiembre de 2002, del encuentro preparatorio del concierto conmemorativo de su 50º aniversario, en el que la JONDE tuvo el honor de estrenar el concierto para dos pianos y orquesta Juventus, compuesto para dicha ocasión por Antón García Abril. Igual política se está siguiendo con el Instituto de la Juventud (INJUVE), del Ministerio de Asuntos Sociales, con el que se ha establecido un convenio de colaboración como resultado del cual un grupo de integrantes de la JONDE participa como residente en el Encuentro de Composición que anualmente se celebra en Mollina (Málaga), estrenando las obras seleccionadas durante el mismo, y cuyo ganador es designado compositor residente de la Orquesta durante el año siguiente.
De estos últimos años quedan, además de los correspondientes a las obras dirigidas por Carlo Maria Giulini antes comentados, 4 CDs más, dedicados a música sinfónica y de cámara de compositores españoles e iberoamericanos, entre los que destaca el dirigido por José Antonio Pascual Puy, director asistente de la JONDE durante el año 2001, dedicado íntegramente al compositor alicantino Rafael Rodríguez Albert con ocasión de su centenario, por cuanto supone la reposición y recuperación de algunas de sus obras sinfónicas, prácticamente olvidadas.


IV. Objetivos artísticos y pedagógicos

a) Criterios generales

Como cualquier orquesta de similares características, la JONDE no ha de perder nunca de vista que debe ocupar un espacio pre-profesional, dada la edad de sus integrantes y el nivel de estudios en el que se encuentran, y que dicho espacio debe atender al menos a su formación como instrumentistas en cuatro aspectos diferentes, pero complementarios:

- El aspecto técnico musical, en todo aquello que se refiere a mejorar el nivel de los instrumentistas no sólo en lo meramente técnico, sino también en cuanto a su formación musical integral. Por eso es muy importante que el trabajo no gire exclusivamente alrededor de la preparación práctica de un repertorio concreto determinado para cada encuentro, sino que se vea complementado por una información analítica, histórica y crítica sobre el mismo, a cargo de un profesorado cualificado (compositores -especialmente en el caso de que se trabajen obras contemporáneas de autores vivos, lo que por otra parte tiene un alto componente didáctico en cuanto a generar interés entre los jóvenes por la creación actual-, musicólogos, etc.).
- La práctica de la música de cámara, porque aunque en principio puede parecer que el objetivo de una joven orquesta es el cultivo del repertorio sinfónico, es necesaria una elevada dosis de práctica camerística para desarrollar, en instrumentistas que por su edad y su nivel instrumental no han podido hacerlo previamente, una conciencia correcta del propio papel dentro de un conjunto.
- El aspecto laboral, es decir, el de poner en contacto al joven instrumentista con aquellas situaciones laborales con las que pueda encontrarse en su vida profesional. Así, si la permanencia de los miembros en una joven orquesta oscila entre dos y tres años, debe planificarse la actividad de tal forma que en ese espacio de tiempo cada participante haya intervenido tanto en la preparación de conciertos sinfónicos convencionales (en agrupaciones de tamaño variable –desde gran orquesta a orquesta clásica-, incluyendo música de cámara y banda sinfónica en sus diferentes formaciones), como en la práctica de orquesta de foso (ópera y ballet), conciertos didácticos, grabaciones discográficas en estudio, grabaciones de bandas sonoras para cine y televisión, etc.

Con esos tres supuestos básicos como punto de partida es posible la determinación posterior de los restantes aspectos organizativos y de programación. En este sentido, es necesario seleccionar cuidadosamente al director musical y al profesorado de cada encuentro, según la especificidad del mismo, así como establecer un repertorio que no sólo sea adecuado al nivel técnico de los integrantes, sino que sea tanto formativo en lo musical como equilibrado en lo estilístico.

b) Repertorio sinfónico y camerístico
En todo caso, la determinación del repertorio programado para cada encuentro puede oscilar en función de las circunstancias que rodean a la gira de conciertos final. Si ésta viene determinada por la presencia de la Orquesta en un festival o cualesquiera otros eventos musicales de similares características, el repertorio es acordado con los organizadores de los mismos, estudiándose su conveniencia o no para la finalidad formativa de la agrupación. Por poner un ejemplo elocuente, el carácter de orquesta residente que en la actualidad mantiene la JONDE dentro de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, iniciado en el año 2002, condiciona en buena medida el repertorio que se trabajará durante el encuentro con vista al concierto en dicho Festival, sin que el carácter obligatoriamente religioso de las obras programadas constituya en modo alguno un factor negativo para el objetivo de fomación que se debe alcanzar a través del trabajo del mismo. Qué duda cabe que obras como La Asecención de Olivier Messiaen, el Stabat Mater de Rossini o la Octava Sinfonía de Bruckner tienen perfecta cabida dentro de la filosofía pedagógica de la JONDE, centrada no tanto en el repertorio como en la manera de plantearlo y de trabajarlo.
Cuando dichos condicionantes no existen, corresponde a la dirección artística, de común acuerdo con el director invitado para cada ocasión, establecer el repertorio, para lo cual se siguen los siguientes criterios acerca de las obras que deben programarse en un encuentro “ideal”:
- Una obra del gran repertorio sinfónico tradicional.
- Una concierto con solista.
- Una obra del repertorio sinfónico básico del siglo XX
- Una obra contemporánea, preferentemente de un compositor español vivo, que pueda asistir al encuentro y participar de forma activa en los ensayos y en el trabajo preparatorio.
Por su parte, el repertorio camerístico puede ser trabajado de forma paralela con el sinfónico, repartiendo el trabajo entre los integrantes a lo largo de los diferentes encuentros en los que participan, o bien ser objeto de encuentros específicos, de modo que el grado de profundización en dicho repertorio sea considerablemente mayor. En cualquier caso, y como se apuntó más arriba, es en el trabajo de la música de cámara, más que en el de la sinfónica, donde mejor pueden desarrollarse las capacidades propias de la escucha en la interpretación de conjunto.
De este modo, la práctica de la música de cámara se extiende en la JONDE desde el repertorio habitual para las agrupaciones clásicas (dúos, tríos, cuartetos, etc.) hasta el más contemporáneo para agrupaciones instrumentales muy diversas (desde grupos de percusión hasta ensembles de formación variable), requiriendo con frecuencia la envergadura o la dificultad de las obras programadas la presencia de un director, papel que es siempre encomendado al Director asistente. Al término de cada encuentro o de cada curso o cursillo de música de cámara tienen lugar uno o varios conciertos, que pueden tener carácter interno o público, ubicándose con frecuencia en la programación de ciclos o festivales.
Mención aparte merece el repertorio contemporáneo, en el que se procura integrar de forma especial obras de compositores españoles vivos, tanto jóvenes como consagrados, que puedan asistir a las sesiones de trabajo y participar de forma activa en su preparación.. Asimismo, y en relación con el estudio del repertorio contemporáneo, la JONDE ha colaborado estrachamente con el Centro para la Difusión de la Música Ccontemporánea, en la creación y puesta en funcionamiento de la Academia de Música Contemporánea, que a lo largo del año 2003, y bajo la dirección de Arturo Tamayo, ha protagonizado una serie de conciertos que han despertado una gran expectación, plenamente satisfecha por los resultados alcanzados.

c) Actividades complementarias
En torno a la actividad de preparación del repertorio sinfónico y camerístico establecido para cada encuentro deberán girar, como antes se ha apuntado, una serie de actividades complementarias de carácter formativo (análisis, conferencias o encuentros y debates con los compositores), a las que se suman de forma habitual otras más directamente relacionadas con la práctica instrumental, como sesiones de lutería y mantenimiento de los instrumentos, o con técnicas de relajación (yoga, técnica Alexander, shihatsu, etc.). Por último, con carácter esporádico se programan otras actividades de indudable utilidad, como la de Técnica básica de Dirección de orquesta, de carácter eminentemente práctico, o la de Medicina de la música y prevención del miedo escénico.

d) Actitud ética
Naturalmente, todas estas actividades formativas son sólo una parte, la que podríamos llamar técnica en un sentido amplio, de las capacidades con que una orquesta como la JONDE se propone contribuir al desarrollo musical de sus integrantes. Hay un aspecto más que a los que nos ocupamos de estas agrupaciones nos preocupa de forma principal, por cuanto incide directamente en la fluidez futura de la actividad profesional, tanto en la relación entre los propios intérpretes como entre éstos y su público y los diferentes sectores de la sociedad. Me estoy refiriendo al aspecto que podríamos llamar “ético” del instrumentista, sin el que es imposible dar un sentido completo, global, a su formación, pues ésta debe referirse tanto al intérprete como a la persona, en tanto componente de un entorno social que, en el caso de la música, es indisociable de la actividad profesional.
Las jóvenes orquestas, como núcleo formativo de máxima densidad, constituyen un marco ideal para desarrollar al máximo todas aquellas actitudes positivas que deben inspirar el trabajo musical de conjunto: desde el compañerismo y el sentido de cooperación con los demás, hasta la humildad, el respeto y la receptividad como principios básicos del comportamiento social y vehículos idóneos, por tanto, para alcanzar el alto grado de responsabilidad que debe suponérsele a todo miembro de una agrupación sinfónica o camerística. El integrante de una joven orquesta debe entender y aceptar las decisiones que sobre su participación en el conjunto adopten los responsables de su gestión, tanto musical y artística como puramente administrativa. Nada puede ser más negativo que favorecer la arrogancia con que muchos jóvenes acceden a estas orquestas, producto tanto de un talento indiscutible como de la ignorancia y de la inexperiencia, términos que en último extremo pueden considerarse sinónimos. Corresponde a la dirección artística y musical advertir dicha actitud y adoptar las medidas necesarias para corregirla, sin que ello origine tensiones innecesarias que puedan generar el ambiente irrespirable que se detecta en muchas agrupaciones profesionales.
Como ejemplo, todos los Encuentros de la JONDE comienzan con las denominadas pruebas de atril, como arriba se ha apuntado, en las que el director artístico y los profesores de las diferentes especialidades valoran el grado de dominio que del repertorio objeto del encuentro tienen los integrantes, a los que se ha remitido el correspondiente material, para su estudio, con varias semanas de antelación. En dichas pruebas se adjudican los diferentes papeles y, en el caso de la cuerda, la posición en los atriles, estando obligados todos los participantes en el encuentro a aceptar la decisión tomada al respecto por el tribunal. Para muchos esta prueba supone el momento más duro del encuentro, y el hecho de que el resultado sea a veces difícil de aceptar suministra un primer paso hacia la adquisición de un espíritu autocrítico y del respeto necesario a las decisiones adoptadas por los responsables de la dirección artística y musical.
Que ello se alcance es posible, en buena medida, gracias al tipo de convivencia estrecha en el que se enmarcan los encuentros. Debe tenerse en cuenta que durante un periodo que oscila entre quince y veinte días, tanto los integrantes de la orquesta como el equipo técnico y artístico, incluido en éste el director invitado y los profesores, desarrollan unas intensas jornadas de trabajo que comienzan a una hora temprana de la mañana y se prolongan, ya de forma lúdica, hasta bien entrada la noche. Para que un tipo de relación tan estrecha funcione correctamente es necesario que todas y cada una de las partes sepan asumir su papel en el conjunto tanto orquestal como humano, lo que obliga a dejar a un lado los divismos y arrogancias que, lamentablemente, son tan frecuentes en esta profesión, y que harían imposible la convivencia, tanto artística como social, durante un periodo de aislamiento tan intensivo como prolongado.


V. Relaciones con el entorno social y profesional

a) Becas
Como antes apuntábamos, la labor desarrollada por la JONDE despertó desde muy pronto un gran interés por parte de los diferentes sectores culturales y profesionales, que no dudaron en canalizar una parte de sus energías institucionales a favor del trabajo realizado. La rápida presencia de la JONDE en un buen número de festivales y certámenes musicales nacionales, primero, e internacionales, después, es prueba elocuente de ello, como lo es el apoyo económico prestado por diferentes instituciones privadas para que, en forma dotaciones para actividades y adquisición de material, o de becas y bolsas de estudios, los integrantes de la Orquesta pudieran ampliar y perfeccionar sus estudios superiores. De esta forma han actuado durante estos veinte años empresas como Unión de Explosivos Riotinto S.A., Hazen, Compañía Coca-Cola de España S.A., o instituciones como el Comité Conjunto Hispano-Americano y la Fundación Coca-Cola-España, con cuya generosa aportación fue posible la planificación de una importante gira por EEUU, la grabación de varios discos y la compra de instrumentos y material de trabajo.
En la actualidad, la Fundación Caja Madrid dedica una importante parte de su partida presupuestaria (120.000 euros) a bolsas de estudios, de las que pueden beneficiarse durante un máximo de dos años todos los integrantes que hayan completado al menos otros dos de permanencia en la Orquesta. Gracias a estas ayudas, son muchos los miembros de la JONDE que han podido realizar en los principales centros extranjeros tanto estudios de postgrado como los propios estudios superiores de su especialidad instrumental.

b) Intercambios y vínculos con otras orquestas
El desarrollo de la Unión Europea y a proliferación en sus diferentes países de jóvenes orquestas nacionales no tardó en hacer sentir la necesidad de crear una asociación que las agrupara con el fin de promover actividades y alcanzar objetivos comunes. Con este objetivo nace en 1993 la European Federation of National Youth Orchestras (EFNYO), de la que la JONDE es miembro fundador y con cuyos representantes se reúne en las Asambleas ordinarias y extraordinarias que se celebran un mínimo de dos veces al año.
Fruto de este vínculo con las jóvenes orquestas nacionales europeas es el desarrollo cada vez mayor de una política de intercambios que permite que tanto los jóvenes instrumentistas de las diferentes orquestas europeas participen activa y regularmente en los encuentros de la JONDE, como que los integrantes de ésta se desplacen para colaborar con aquéllas cuando así se solicita. A tal fin, la EFNYO dispone de una partida presupuestaria con la que se sufragan los gastos ocasionados por los viajes correspondientes.
En idéntica línea, pero en el ámbito exclusivo de nuestro país, y a partir de la creación generalizada de jóvenes orquestas autonómicas, está en vía de consolidación la Asociación Española de Jóvenes Orquestas (AEJO), lo que resulta aún más lógico desde el punto de vista de la JONDE, por cuanto gran parte de los instrumentistas que la integran pertenecen igualmente a la Joven Orquesta de su Comunidad Autónoma de procedencia.

c) Relaciones con el mundo profesional
La Joven orquesta Nacional de España forma parte también de la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas (AEOS), que aglutina a todas las orquestas profesionales españolas, tanto públicas como privadas. Por esa razón, su presencia en dicha asociación propicia que la JONDE sirva como bisagra ideal entre el periodo de formación superior y el mundo profesional. De hecho, son bastantes las orquestas españolas que de forma habitual se dirigen a la JONDE para solicitar información sobre integrantes o exintegrantes que en un momento dado puedan serles útiles para la ampliación esporádica de su plantilla, no siendo raros los casos en que éstos han acabado por integrarse en ellas con carácter definitivo.
Este objetivo de facilitar la inserción laboral es, como puede suponerse, uno de los que más interés despiertan entre los componentes de la orquesta, y en relación con el cual se vela en mayor medida por el desarrollo durante los encuentros de las capacidades no sólo técnicas y musicales, sino de actitud y responsabilidad ante el trabajo, que son escrupulosamente valoradas.

Por todo cuanto antecede, resulta evidente que las relaciones que una orquesta como la JONDE debe mantener con su entorno social deben ser eminentemente profesionalizadoras y, por tanto, culturales. Es decir: debe no sólo velar por el alto grado de formación de sus miembros, sino también devolver a la sociedad lo que ésta le entrega para su sostenimiento en forma de actividad artística acorde con su nivel cualitativo, tanto a través de conciertos y de su presencia en festivales y espectáculos de diferente índole, como de grabaciones y colaboración con los medios audiovisuales y las diversas instituciones musicales.
Se equivocan, por tanto, a mi modo de ver quienes se empeñan en hacer de estas orquestas, así como de otras similares, exclusivamente centros de alta formación, si les niegan la posibilidad de ir más allá. No corresponde a una orquesta como la JONDE el cumplimiento de ese objetivo, sino a los centros superiores de enseñanza musical, que son quienes lo tienen encomendado, por ley y por lógica. El trabajo parcial de una sinfonía, por poner un ejemplo, puede tener pleno sentido en la enseñanza de Orquesta del plan de estudios de grado medio o superior de los conservatorios, en razón del cumplimiento de los contenidos didácticos de la misma, pero en modo alguno en la JONDE, donde la sinfonía ha de trabajarse completa porque al final ha de ofrecerse completa, en función del carácter público, artístico y cultural, que debe tener su actividad.


Balance general

No sé si desde el cargo que tengo la fortuna de ocupar me resulta lícito hablar de que en la historia de la música de nuestro país hay un antes y un después de la JONDE. En cualquier caso, mi experiencia como docente, primero, y como asesor técnico de la Subdirección General de Enseñanzas Artísticas del Ministerio de educación en materia de reforma de las enseñanzas de música, me permiten abordar esta reflexión sobre la Joven Orquesta Nacional de España al hilo de sus primeros veinte años de historia con una perspectiva que, por afectar a varios frentes, resulta con toda seguridad más rica y objetiva.
Como docente, y a través de la experiencia acumulada en mis años de servicio en diferentes conservatorios españoles, puedo asegurar que los dos o tres años que, por término medio, suelen estar vinculados a la Orquesta los jóvenes instrumentistas que acceden a ella tras la superación de las pruebas de admisión, suponen un contacto con una serie de posibilidades formativas que no están en absoluto al alcance de los conservatorios profesionales o superiores: Ni la envergadura del repertorio trabajado, ni la posibilidad de contar con directores y profesores invitados procedentes de las mejores orquestas del mundo, son cosas que se den en el día a día de los centros, que lógicamente tienen, además de muchas limitaciones, otros objetivos que cumplir.
Como asesor del equipo ministerial encargado de la reforma de las enseñanzas de la música, nada puede satisfacerme más que recoger de primera mano los frutos de la misma, comprobando cómo en las sucesivas pruebas de admisión que se han ido celebrando en los últimos años el nivel técnico y musical de las últimas generaciones, formadas ya plenamente bajo las directrices académicas de los nuevos planes de estudios, es considerablemente superior al de sus predecesores y, en muchos casos, al que actualmente puede verse en el resto de Europa. Y que nadie deduzca un triunfalismo fácil de lo antedicho: en las últimas audiciones para cubrir las plazas de la Joven Orquesta Europea, España fue el segundo país en número de candidatos (97, después del Reino Unido, con 127, y por encima de Holanda, con 75), sino que de entre éstos 14 fueron seleccionados (lo que nos sitúa en el cuarto país más representado, después del Reino Unido –25-, Alemani –19- y Holanda –17-) y nada menos que 41 quedaron como reservas.
En resumen: la JONDE es no solo un campo de experiencia preprofesional para todos cuantos la integran, sino un observatorio privilegiado para medir el pulso musical de nuestro país, en lo que a las generaciones más jóvenes se refiere. Mi diagnóstico, si se me permite, es que goza de una salud envidiable. Lo que no es raro, teniendo sólo veinte años recién cumplidos, y constituye por otra parte el secreto de una vida que todos cuantos de una manera u otra formamos parte de ella (como miembros activos, desde su gestión o como simples espectadores de su actividad) queremos larga y fructífera, por el bien de nuestra música y el de nuestra sociedad.


José Luis Turina
Director artístico

Madrid, octubre de 2003

(1) Todos estos aspectos, así como los relativos al proceso de reforma de las enseñanzas musicales, son tratados con más detalle en el artículo La experiencia orquestal y los planes de estudios, de Elisa Roche, publicado en este mismo libro, al que remito al lector interesado en todo ello .
(2) Vid. el artículo de Elisa Roche antes citado.